En la foto, personal médico en el Hospital Ryder de Humacao demuestra cómo utilizan la caja protectora que manufacturó MECCE Industrial. (Suministrada)

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Otros dos creativos puertorriqueños se suman al esfuerzo internacional para reforzar la armadura de los profesionales de la salud que, aunque son la primera línea de defensa contra el coronavirus, también son los más propensos a contraer su enfermedad.

Para el ingeniero mecánico y presidente de MECCE Industrial, Miguel Soto, este esfuerzo, que ya se ha convertido en una labor a tiempo completo, comenzó con un pedido a través de las redes sociales. Lo etiquetaron en una publicación de Facebook pidiéndole que produjera lo que sería una especie de escudo contra estornudos.

Soto consultó a varios de sus amigos galenos y, junto al maquinista Jesús Delgado, se las ingenio para producir el primer prototipo en menos de 12 horas.

Ese prototipo fue evolucionando, cambiando sus dimensiones y perdiendo peso innecesario hasta llegar a la caja que ahora protege a profesionales de la salud en salas de emergencia en Yauco, Bayamón, Humacao y Fajardo.

“Cuando el médico o el enfermero le está recolectando las muestras nasales (al paciente) para saber si tiene o no tiene el virus, (este último) le puede estornudar en la cara. Cuando le estornuda, ya ese profesional de la salud podría enfermarse”, explicó el ingeniero boricua sobre el problema que necesitaba resolver.

Transparente a vuelta redonda, la caja de plástico denso y resistente a impactos se coloca sobre la cabeza de la persona, esté de pie o encamada. Con solo dos limitados huecos para sus brazos, el profesional de la salud podría hacer su trabajo confiado en que la densa placa de plástico que lo separa del paciente también contendrá cualquier secreción de fluidos.

Hasta ahora, Soto y Delgado han fabricado 20 de estas cajas y esperan generar otras diez diariamente para salas de emergencia en toda la isla.

Además, ya están a solo días de entregarle a galenos en Yauco sus primeras máscaras reusables y equipadas con un sistema de filtración y circulación de aire.

“Las máscaras tienen una forma mecánica de independizar la inhalación de la exhalación, además de que cubre la cara completa de la persona, así que eliminas la necesidad de usar mascarilla y goggles (gafas protectoras)”, explicó Soto sobre la nueva generación de máscaras de esnórquel en las que basó su diseño.

Al equipar su toma de aire con un filtro reemplazable y un abanico de bajo consumo energético, Soto ha logrado crear una presión positiva dentro de la máscara, “o sea, que nada del exterior va a interactuar con la cara del médico”.

Completando el sistema, una válvula de seguridad impide que el aire exterior, que quizás esté contaminado, intente entrar por la salida. De esa forma, la máscara debería aislar las vías respiratorias del usuario completamente del ambiente exterior.

Por diseño, el corazón de su sistema de ventilación debe ser un pequeño abanico axial de aquellos comúnmente utilizado para enfriar las unidades centrales de procesamiento en las computadoras.

“Los médicos están usualmente de 12 a 14 horas en el hospital. Entonces, tengo que conseguir un motor, cuya (corriente) sea baja, y una batería, cuya (carga eléctrica) sea mayor, para que la batería me dure las 14 horas”, indicó Soto sobre el cálculo que le permitió implementar una batería recargable de 12 voltios, parecida a la de un teléfono inteligente, para potenciar el sistema completo.

“Usamos una batería recargable porque, en el momento en que el médico termine su turno o decida irse a almorzar, conecta su batería con el mismo cargador del teléfono y la recarga”, añadió el ingeniero sobre las primera máscaras que debe entregar a galenos de Yauco esta semana.

Al volver al trabajo, el galeno solo debe reinsertar la batería en el motor del abanico que cuelga de su cintura como una riñonera, cambiar los filtros si es necesario, ajustarse la máscara y encender el aparato.

En todo este proceso de diseño y manufactura rápida, Soto cuenta con el apoyo de validación de JC Automation, cuyo equipo somete todos sus inventos a rigurosas pruebas para validar, por ejemplo, la potencia del sistema de ventilación y el sello hermético de la máscara que diseñó para los galenos.

Asimismo, el egresado de la Universidad Politécnica de Puerto Rico ausculta cómo convertir las máquinas de presión positiva continua de la apnea del sueño en respiradores artificiales para pacientes de COVID-19.


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