Elizabeth Warren, precandidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos. (AP)

Washington, D.C. - El futuro de la campaña presidencial de la senadora Elizabeth Warren estaba en serias dudas luego de terminar en una débil tercera posición en las primarias demócratas en su estado, Massachusetts, ayer, martes.

El decepcionante resultado en el estado que representa y un rendimiento claramente desfavorable en otras elecciones del Super Tuesday supusieron un sorprendente colapso para la que fuera la favorita de los progresistas, conocida por tener un plan para casi todo.

Además de los pobres resultados en las cuatro primeras fechas de las primarias, donde no logró estar más arriba de la tercera posición, Warren cayó en el conteo de delegados. Los resultados del martes podrían acelerar su salida de la carrera por la nominación demócrata a la presidencia de Estados Unidos.

En Massachusetts, Warren acabó por detrás del exvicepresidente Joe Biden, quien ganó las primarias en el estado, y del senador de Vermont, el también progresista Bernie Sanders, que el fin de semana pasado congregó a más de 10,000 personas en un mitin en Boston Common, a millas de la casa de Warren cerca de la Universidad de Harvard.

Warren parecía decidida a mantenerse en la carrera, al menos por ahora. Hablando a sus seguidores en Detroit antes de las primarias de la próxima semana en Michigan, se presentó como “la mujer que va a derrotar a Donald Trump”. La senadora animó a sus seguidores a no tener en cuenta los resultados y a votar por la persona que creen que hará un mejor uso de la presidencia, diciendo: “La predicción ha sido algo horrible y los expertos se han equivocado una y otra vez”.

“No se obtiene aquello por lo que no se lucha. Estoy en la pelea”, agregó.

La campaña de Warren presentaba todos los indicios tempranos para el éxito: números robustos en las encuestas, una impresionante recaudación de fondos y una organización a nivel nacional. Sin embargo, se vio arrinconada por Sanders, quien tiene una inamovible base de seguidores entre los progresistas a los que ella tiene que convencer. Antes del Super Tuesday, el equipo de Warren dijo que apostaba por una Convención Demócrata disputada y ella parecía dispuesta a llegar a la reunión con una notable desventaja en el conteo de delegados.

Sus resultados en las primarias amenazaban con sacar de la carrera a su última gran aspirante. La senadora por Minnesota Amy Klobuchar se retiró el lunes, junto a Pete Buttigieg, el exalcalde de South Bend, Indiana, para respaldar la renacida candidatura de Biden. Este fue un giro inesperado en un partido que utilizó los votos y la energía de las mujeres para retomar el control de la Cámara de Representantes, fundamentalmente con candidatas, hace apenas dos años.

La campaña de Warren comenzó con la enorme promesa de que podría mantener ese impulso a la carrera por la Casa Blanca. El verano pasado, reunió a decenas de miles de partidarios en Washington Square Park, Manhattan, una escena que se repitió en lugares como el estado de Washington y Minnesota.

Warren, de 70 años, pareció acertar al plantear la idea de que los aspirantes demócratas más moderados, incluido Biden, no eran lo suficientemente ambiciosos como para anular las políticas de Trump y dependían demasiado de los asesores políticos y de las variables encuestas.

Pero Warren no ha sido capaz de consolidar el respaldo del ala más liberal del Partido Demócrata frente al otro progresista en la contienda, Sanders. Ambos respaldan la atención médica universal patrocinada por el gobierno, la gratuidad de las matrículas universitarias y una agresiva lucha contra el cambio climático, y renuncian a grandes actos de recaudación de fondos en favor de las pequeñas donaciones a través de internet.


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