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El Latino Leadership brinda apoyo a los damnificados por el huracán

ORLANDO, Florida – Son tantos los boricuas que se han asomado por la puerta de la organización Latino Leadership que su presidenta, Marytza Sanz, decidió no enviar a Puerto Rico los alimentos y artículos que había recolectado y, en su lugar, entregarlos a las familias puertorriqueñas que están llegando a esta ciudad sin nada.

Hoy había un entra y sale de gente. Buscaban información sobre cómo conseguir vivienda, cupones de alimentos o ayuda para comprar los medicamentos que alguna farmacia quiso facturar a un costo oneroso.

Y allí llegó Marielys Feliciano, natural de Manatí y cuya llegada a Orlando, el pasado jueves, fue casi milagrosa, según contó. Cuando fue a tomar el vuelo que la traería a esta ciudad, le indicaron que abordaría si surgía cupo, que posiblemente tendría que esperar varias semanas y que tendría que pagar cientos de dólares.

“Les dije que sí que pagaría, aunque sólo tenía tres dólares en la cartera. Me viré y le dije a uno de mis hijos que nos montaríamos en ese vuelo”, contó. De alguna forma, en poco tiempo, la llamaron, no le cobraron ni un centavo y llegó a Florida. “Aún tengo los tres dólares. Míralos”, dijo Marielis mientras se abanicaba con los tres billetes sorprendida por desconocer quién pagó su viaje.

Tiene cuatro hijos. Una es asmática y diabética. Otra padece del corazón. También llegó con su madre, paciente de cáncer y vive temporeramente en la casa de una amiga hondureña.

Fue a buscar un vale para conseguir víveres en un banco de alimentos, explicó Marytza Sanz, presidente de Latino Leadership. Llenó el documento, se lo entregó y Marielys se fue. Un minuto más tarde arribó otra familia. Seguido, entró por la puerta otra más. Todos boricuas que huyeron de la caótica situación que vive la Isla.

Aunque el gobierno de la Florida ha anunciado su apoyo incondicional a Puerto Rico y ha despachado ayuda, Sanz no ve que las autoridades hayan dado una atención prioritaria a lo que está ocurriendo. “Es como cuando te avisan que viene una tormenta, no te preparas y de momento tienes la tormenta encima. Veo frialdad ante la gran necesidad que hay”, dijo Sanz quien es de Bayamón y hace 32 años vive en la Florida Central.

Si bien la prioridad es atender la urgente necesidad de los boricuas que llegan, Sanz cree que es importante aprovechar la ocasión para que cada puertorriqueño que decida quedarse en Florida se inscriba como elector.

“Es un momento par aponernos a pensar. La política es la que dirige asuntos importantes de nuestra vida cotidiana y ahora nos hemos dado cuenta que seamos del partido que sea, todos le han fallado a la comunidad puertorriqueña. No sé si es por ser hispanos o es porque están cansados de tantos desastres que han ocurrido. Además, espero que lo ocurrido en Las Vegas no haga que nos olviden y nos entierren. Lo que ha pasado en la Isla no está resuelto”, declaró.

Interrumpe otra familia que entra buscando ayuda y Sanz detiene todo para abrazarlos y entregarle varios documentos. Al lado, en una esquina del salón, está Ana Méndez. Es su primer día como voluntaria y no ha cesado de atender llamadas telefónicas. “Son gente que llama de Puerto Rico que dice que se quieren mudar para acá y piden ayuda. “El gobierno de Florida no está dando ayuda al momento para alojamiento, pero si tienes Plan 8 podrías transferirlo acá”, le dice Ana a su interlocutor.

Termina la llamada y entra otra. Se repite el diálogo. “Noto a la gente muy ansiosa”, dijo a El Nuevo Día cuando pudo tomarse una breve pausa.

La oficina está repleta de cajas de latas de habichuelas. Huele a adobo de tantos empaques que hay colocados uno encima de otro; se asoman otros de agua potable y empaques con pañales desechables. Es un laberinto entre los cuales caminan los voluntarios de Latino Leadership. Y por allí también se desplaza Marytza Sanz. “Me preocupa cuando la gente llega sin orientarse. Si no tienen un lugar donde quedarse, es mejor que no se arriesguen a venir”, comenta.

Sale al encuentro de otra familia boricua que llega. Los orienta, les entrega vales para alimentos y culmina el breve encuentro con un abrazo, de esos fuertes apretones boricuas que tanto se extrañan en estas tierras.


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