La doctora Gabrielle Beger preparándose para tomar una muestra nasal de Lawrence McGee como parte del equipo de médicos de la Universidad de Washington. (AP)

Después de dos meses y más de 10,000 muertes que han convertido a los albergues de ancianos de Estados Unidos en uno de los lugares más terroríficos para estar durante la crisis del coronavirus, la mayoría de ellos todavía no tiene acceso a suficientes pruebas para ayudar a controlar los brotes entre sus residentes débiles y mayores.

Ni el gobierno federal ni el estado con mayor número de muertes en albergues, Nueva York, han emitido un mandato para que se hagan pruebas a todos los residentes y personal. Un grupo del sector informó que solo una tercera parte de los 15,000 albergues del país tiene acceso rápido a pruebas que puedan ayudar a aislar a los enfermos y contener la propagación. Y los albergues que sí logran acceder a pruebas con frecuencia dependen de la suerte y contactos.

"Sólo sé que en la medida que los estados no logren hacer pruebas universales a todos los residentes y empleados, tendremos este tipo de historias durante mucho tiempo", dijo Brian Lee, del grupo defensor Families for Better Care. "Una vez que llega, no hay forma de frenarlo y para cuando estás al tanto con las pruebas, demasiadas personas lo tienen. Y los cuerpos siguen acumulándose".

Esto se volvió evidente en uno de los brotes más grandes en albergues del país. Después de que una institución en el barrio neoyorquino de Brooklyn reportó 55 muertes por coronavirus la semana pasada, su director general reconoció que el informe se basaba por completo en los síntomas y suposiciones de que los muertos tenían COVID-19 porque no tenían la capacidad de hacer pruebas a sus residentes o empleados.

Mark Parkinson, director general de la Asociación Estadounidense de Atención Médica, que representa las instalaciones de cuidado a largo plazo, indicó que "sólo un muy pequeño porcentaje" de residentes y empleados han sido analizados porque los gobierno estatales y federales no hay hecho de los albergues de ancianos una prioridad.

"Nos sentimos ignorados", dijo Parkinson. "Sin duda ahora que el énfasis se ha desviado de los hospitales hacia dónde realmente se lleva a cabo la batalla en los albergues de ancianos, deberíamos estar en el primer nivel de prioridad".

Los funcionarios de salud pública argumentan desde hace mucho que las medidas actuales, como el control de la temperatura, no son suficientes. No pueden evitar que empleados con el virus que no muestran síntomas entren por la puerta principal y tampoco detectan a portadores asintomáticos entre sus residentes. Lo que se necesita son pruebas rigurosas y frecuentes, "supervisión centinela" lo llama Deborah Birx, la encargada del virus en la Casa Blanca, para encontrar a estos portadores escondidos, aislaros y detener la propagación.

Estados Unidos actualmente hace unas 150,000 pruebas diarias, para un total de 4.5 millones de resultados reportados, según datos compilados por el Proyecto de Rastreo COVID. Los expertos en salud pública dicen que deben hacerse muchas más. "Probablemente necesitemos millones de pruebas al día", dijo el doctor Ashish Jha, director del Instituto de Salud Global de Harvard.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos federal le dijo a The Associated Press que "hay bastantes pruebas y capacidad para todas" las categorías prioritarias y que todos deberían ser analizados. La agencia también apuntó a una de las sesiones informativas del presidente Donald Trump de esta semana en la que enfatizó la participación del estado para coordinar las pruebas.

Aunque el gobierno federal prometió esta semana comenzar a monitorear y públicamente dar a conocer las infecciones y muertes en albergues de ancianos, que podría ayudar a identificar zonas problemáticas, ese trabajo sólo iniciaba.

Mientras tanto, el propio conteo de la AP tomado de reportes de medios y departamentos estatales de salud coloca el total en 10,217 muertes por brotes en albergues e instalaciones de cuidados a largo plazo a nivel nacional. Aproximadamente una tercera parte de los fallecimientos han sido en Nueva York.


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