Franklin D. Roosevelt pronunciando un discurso por la radio. (AP)

Washington — Woodrow Wilson se concentró en el fin de la Primera Guerra Mundial y no tanto en una gripe que recorría el mundo, y terminó contagiándose.

George W. Bush se subió a una pila de escombros tras los ataques del 11 de septiembre y, megáfono en mano, prometió que los responsables "sabrán pronto de nosotros".

Barack Obama llevaba pocos meses en la Casa Blanca cuando surgió un brote del virus H1N1, que pronto sería declarado una pandemia, como el coronavirus actual.

La mayoría de los presidentes de Estados Unidos han confrontado una o más crisis, ya sea un desastre natural, una guerra, una declinación económica, una amenaza a la salud pública o un acto de terrorismo.

Lo que importa es cómo responden a esas crisis, según los historiadores.

"Lo mejor que puede hacer un presidente en uno de esos momentos es calmar a la nación", dijo Julian Zelizer, historiador presidencial de la Universidad de Princeton.

Eso es lo que hizo Franklin D. Roosvelt durante sus 12 extraordinarios años en el cargo, guiando a la nación durante la depresión de los años 30, marcada por un altísimo desempleo, una severa sequía en el centro del país y la lucha contra los nazis y los japoneses en la Segunda Guerra Mundial.

Durante el brote de gripe bajo la presidencia de Wilson, que mató a unos 50 millones de personas en todo el mundo, incluidos 675,000 estadounidenses, el mandatario no se involucró personalmente en el tema como lo está haciendo ahora Donald Trump con el coronavirus.

Esos asuntos quedaban en manos de profesionales del campo de la salud a nivel estatal y local.

"Wilson jamás emitió una declaración pública sobre el asunto", dijo John M. Barri, autor de "The Great Influenza" (La gran gripe). "Se concentró exclusivamente en la guerra".

Tan enfocado estaba Wilson en las conversaciones de paz en que participó en París una vez concluido el conflicto que él mismo contrajo la gripe. Pero se recuperó.

Trump, por su parte, parece empecinado en ser el rostro público de la lucha contra un brote que es el problema más serio que enfrenta su campaña de reelección. Trump, quien no tiene conocimientos científicos ni médicos, encabeza los informes diarios que da la Casa Blanca sobre el trabajo de una fuerza de tareas cuya dirección encomendó al vicepresidente.

Trump se presenta como "un presidente en tiempos de guerra" que combate a "un enemigo invisible" responsable de cientos de muertes y de miles de infecciones en Estados Unidos --cifras que seguirán subiendo a medida que se propaga el virus--, y que ha trastornado la vida de todos.

Se les ha pedido a millones de personas que permanezcan en sus casas por tiempo indefinido, privándose de los simples placeres como ir a restaurantes, centros comerciales y al cine.

El manejo de la crisis de Trump genera distintos tipos de reacciones. Sus partidarios lo aprueban, sus detractores lo cuestionan, incluidos alcaldes y gobernadores que quieren que Trump use su autoridad para ayudarlos a conseguir equipo de protección y otros materiales para médicos y enfermeras.

Inicialmente Trump trató de minimizar la gravedad de la situación y dijo que tenía todo bajo control. Posteriormente, no obstante, cambió de actitud e intensificó sus esfuerzos.

Pero el daño estaba hecho, de acuerdo con Steve Morrison, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CEEI), quien dice que se percibe una falta de confianza en el público debido al manejo inicial de Trump.

"La falta de confianza es problemática cuando se lidia con algo tan catastrófico", dijo Morrison, vicepresidente y director del Centro de Políticas Mundiales hacia la Salud del CEEI.

Obama llevaba pocos meses en el cargo en el 2009 cuando circularon los primeros informes sobre la gripe H1N1 en abril. Ese mes designó un equipo abocado a combatir el brote y declaró una emergencia nacional.

"Es obviamente una situación muy seria y todos deben saber que el gobierno en su totalidad está tomando todas las precauciones y haciendo todos los preparativos", dijo Obama en una conferencia de prensa ese mes.

Agregó que los funcionarios de salud pública habían recomendado que las escuelas con casos confirmados considerasen la posibilidad de cerrar temporalmente y que había pedido al Congreso 1,500 millones de dólares para vigilar el comportamiento del virus y almacenar medicinas y equipos.

"Todo el mundo debe saber que este gobierno está preparado para hacer lo que sea necesario para controlar el impacto de este virus", dijo Obama.

Howard Markel, director del Centro para la Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan, dijo que Obama estuvo "muy involucrado" en la lucha contra el H1N1, aunque sin tanta visibilidad como Trump. Los informes diarios sobre el estado de cosas los dio el director del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades en Atlanta.

"Dio un paso al costado y permitió que los expertos tuviesen el control", dijo Markel sobre Obama. "No tenía que estar en el estrado, pero tu sabías que estaba allí".

En Estados Unidos se informó de casi 12,500 muertes por el H1N1 entre abril del 2009 y abril del 2010, en que la Organización Mundial de la Salud dio por concluida la pandemia.

Obama empleó casi 1,000 millones de dólares y envió a personal militar a África para ayudar a controlar un brote de ébola en el 2014.

Bush estaba medio recién llegado a la presidencia cuando terroristas secuestraron aviones y los estrellaron contra las Torres Gemelas, el Pentágono y un terreno de cultivo en Pensilvania el 11 de septiembre del 2001.

Días después, Bush se subió a escombros de las torres y pronunció un discurso memorable.

"¡Los escucho!", dijo con un megáfono ante el clamor de personal de emergencias. "¡El resto del mundo los escucha! Y quienes derribaron estos edificios nos van a escuchar pronto".

Pocas semanas después, Bush autorizó ataques aéreos contra instalaciones del Talibán y contra centros de entrenamiento de al-Qaida en Afganistán. Todavía hoy Estados Unidos mantiene una presencia militar en Afganistán.


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