Luis Alberto Ferré Rangel. (Vanessa Serra Díaz)

Posiblemente usted recuerda dónde pasó o qué hizo el año pasado durante el Día de Acción de Gracias. Y mientras compartíamos con seres queridos y amistades, sin máscaras ni distanciamiento físico, los primeros casos de COVID-19 se daban por reportados en Wuhan, China.

Desde entonces y mientras lee estas líneas, más de mil personas han fallecido en Puerto Rico a causa de la pandemia. Hasta ahora, es el segundo evento de mayor mortandad pública, después del huracán María, en los últimos 50 años. Y lo que es peor, este ha sido un evento de muerte en cámara lenta y - excepto para amistades y familiares - anónimo. La gran mayoría de ellos han fallecido solos y en hospitales. Para los que se quedaron, un duelo a medias, en el mejor de los casos.

Contrario a un desastre “natural”, estas muertes no fueron provocadas por árboles caídos, ríos desbordados o viviendas que se vinieron abajo. No sucedieron por contacto con la naturaleza salvaje, sino por el contacto humano.

Es muy fácil culpar a la pandemia como si fuera un ente que cobra vida propia o culpar al gobierno por no tener la preparación y las estrategias adecuadas. También es muy fácil referirnos a las “condiciones de salud preexistentes” sin cuestionarnos por qué aparecieron en primer lugar.

Esas razones y muchas otras han causado las muertes, pero sobre todo, ha sido nuestra conducta individual y colectiva. Por eso es tan difícil asumirlas, porque no podemos responsabilizar una causa completamente exógena o externa. No hay palabras para describirlo porque nadie está hablando de esto como un “desastre natural” y definitivamente nadie lo ha llamado un desastre humano o social, que es lo que verdaderamente es.

Entonces, ¿qué muertes valen más? ¿Las del huracán María o las de la pandemia?

Las vacunas llegarán a Puerto Rico el año que viene. Y como la comida, el agua y la gasolina, antes de un huracán, se formará el desmadre. Habrá acaparamiento, habrá abuso, y habrá gente que la necesita y no la podrá adquirir y gente que no la necesita y la adquiere. Y ahí es que llegamos a las verdaderas “condiciones preexistentes”.

Las vacunas puede que nos hagan inmunes a este virus (por el momento), pero no nos inmunizarán de las demás condiciones de fondo que harán que otros sucumban cuando llegue el próximo virus, el próximo huracán o el próximo terremoto.

¿Que cuáles son esas condiciones? Escoja usted: pobreza, desigualdad social, inequidad, racismo, egoísmo, egocentrismo, cortoplacismo, educación pública en crisis, falta de acceso a servicios de salud, desempleo, subempleo, crimen, corrupción, clientelismo y no pare de contar…

Sume que tenemos una población, en su mayoría, de edad avanzada, en parte, debido a la emigración por la precariedad económica. Una población con poco acceso a alimentos saludables de precios asequibles, con una alta incidencia de cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares y afecciones respiratorias, como el asma, y con alrededor de 200,000 personas sin plan médico. Y añada los niveles de violencia que dejan cientos de asesinatos cada año y tantas otras agresiones contra mujeres, niños y viejos.

Mientras todo ello sucede, continúan las vistas de transición en el gobierno local, cierran las calles aledañas a La Placita y el presidente de la nación que le dio paso a la democracia moderna rehúsa ceder el mando ante su derrota electoral.

Si estamos en tiempos de transición, que sean para que la mascarilla que nos ha estado cubriendo la boca y la nariz, no nos tape los ojos. Andamos en tiempos en que los tenemos que tener bien abiertos.

Hoy iniciamos, en vídeo o podcast, el programa En Puerto Rico con Luis Alberto Ferré Rangel, donde hablamos en profundidad con personalidades de la política, el deporte, la música y la filantropía, puertorriqueños de aquí y de allá. Estrenamos este espacio en ELNUEVODIA.COM con la entrevista a Richard Carrión, presidente de la Junta de Directores de Popular Inc.