Corey Prince, el director de Wisconsin de Outreach Team, ayuda a la gente a registrarse para votar el martes, 1 de septiembre de 2020, en una reunión de la comunidad cerca de donde Jacob Blake fue baleado en Kenosha, Wisconsin. (The New York Times)

Por John Eligon

Kenosha, WisconsinGerald Holmes, un operador de montacargas de Kenosha, se sentía tan apasionado por la importancia de las elecciones de hace cuatro años que condujo a las urnas a la gente que no tenía transporte. Sin embargo, este año, Holmes dice que ni siquiera planea votar.

El resultado en 2016, cuando Wisconsin ayudó a consolidar la victoria del presidente Donald Trump a pesar de que perdió el voto popular y de que había reportes sobre interferencia rusa, dejó a Holmes, de 54 años, profundamente desanimado.

“¿De qué sirve salir a votar?”, preguntó. “Eso no va a cambiar nada”.

Conforme se han organizado manifestaciones en todo el país este verano por la muerte de George Floyd y el trato de la policía a los ciudadanos negros, los activistas y los líderes demócratas han suplicado a los manifestantes que inviertan su energía en las elecciones de noviembre.

El martes, una fiesta de barrio en honor a Jacob Blake, un residente negro de Kenosha que quedó paralizado después de que un policía blanco le disparó en la espalda, incluyó cabinas de registro de votantes cerca de donde ocurrió el tiroteo. Además, Joe Biden, el candidato demócrata a la presidencia, tenía previsto visitar Kenosha el jueves, dos días después de que Trump apareció en la ciudad tras los disturbios por el tiroteo.

Sin embargo, personas como Holmes reflejan los desafíos que los demócratas enfrentan al tratar de convertir en votos la ira de la gente por la violencia policial. En entrevistas con más de una decena de residentes negros en el área de Kenosha, muchos dijeron que estaban indignados por el tiroteo de Blake, pero algunos dijeron que habían quedado desanimados y que no confiaban en el sistema político. El tiroteo fue una prueba más, dijeron algunos residentes, de que, tras décadas de promesas de políticos, se ha hecho poco por aliviar las grandes desigualdades raciales o detener los abusos de la policía, lo cual ha hecho que vean poco valor en una elección más.

“Digamos que salí a votar y voté por Biden”, dijo Michael Lindsey, un amigo de Blake que protestó durante varias noches después del tiroteo. “Eso no va a cambiar la brutalidad policiaca. Tampoco cambiará la forma en que la policía trata a los afroamericanos en comparación con los caucásicos”.

Lindsey, de 29 años, que vive a las afueras de Kenosha, dijo que nunca había votado en una elección presidencial y que tampoco lo haría este año, por mucho que desprecie a Trump y esté harto de sentir que tiene que vivir con miedo a la policía porque es negro.

Muchos factores han afectado la votación. La alta tasa de encarcelamiento de ciudadanos negros en el estado, una de las más altas del país, priva a muchos afroestadounidenses de su derecho al voto. La ley de identificación de votantes de Wisconsin y otras normas estrictas, como la reducción del periodo de votación anticipada y la ampliación de los requisitos de residencia en comparación con 2016, también presentan grandes obstáculos.

Además, hay otros desafíos. Algunos residentes dijeron que se sentían desanimados por el apoyo previo de Biden a una legislación estricta contra el delito que devastó a muchas familias negras. Algunos dijeron que les costaba trabajo saber si él sería mejor que Trump en las cuestiones del racismo en la policía.

“La gente se siente desinteresada”, dijo Corey Prince, organizador comunitario. “Se sienten privados de sus derechos. Se sienten disuadidos de votar”.

Esto representa un problema para los demócratas, que vieron cómo Trump resultó victorioso en el estado por menos de 23,000 votos hace cuatro años; la participación entre la población negra del estado, que en su gran mayoría vota por demócratas, se redujo en casi 20 puntos porcentuales con respecto a la elección presidencial previa. Sin embargo, hace dos años, la participación de los votantes negros aumentó durante las elecciones de mitad de periodo, lo que ayudó a los demócratas a desbancar a Scott Walker, el gobernador titular republicano.

Los líderes de la comunidad están subrayando la importancia no solo de la elección presidencial, sino también de las contiendas locales, dijo Diamond Hartwell, nativo de Kenosha y activista de derechos humanos. Sin embargo, durante los esfuerzos de comunicación con los votantes, dijo que a menudo escuchaba esta frase: “No importa quién gobierne”.

Afirmó que los activistas estaban aumentando sus esfuerzos por educar a la gente sobre la importancia de votar y cómo hacerlo en medio de la serie de normas para registrarse y obtener una identificación adecuada, reglas que muchos en la izquierda dicen que suprimen la participación de los grupos minoritarios.

Durante la fiesta de barrio esta semana cerca de la intersección donde Blake fue baleado, James Hall, presidente interino de la Liga Urbana de Racine y Kenosha, supervisó una mesa para registrar a los votantes. Hall dijo que los residentes negros de mayor edad eran los más decididos a votar, pero que era difícil convencer a los más jóvenes, especialmente los que están en sus 20 y 30 años. Ni siquiera la ira y la frustración inmediatas por el tiroteo en Kenosha garantizan que más gente vaya a votar, comentó.

“Este descontento les dará energía, pero ¿eso se traducirá en votos?”, preguntó Hall. “Lo dudo”.

Casi el 12 por ciento de los 100,000 residentes de Kenosha son negros. La tasa de encarcelamiento de afroestadounidenses en Kenosha es aproximadamente un 80 por ciento más alta que en Milwaukee, que tiene la tercera tasa más alta entre las grandes áreas metropolitanas, según la investigación de Marc V. Levine, director fundador del Centro de Desarrollo Económico de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. Es doce veces más probable que se encarcele a los residentes negros de Kenosha que a sus vecinos blancos.

Es generalizado el escepticismo en torno a los antecedentes en materia de justicia penal de Biden y su compañera de fórmula, la senadora Kamala Harris de California, señaló Hall. “Tienen un historial de aprobación de proyectos de ley o de trabajo con el sistema para encarcelar a nuestra gente”, dijo. “Nuestra gente lo sabe, y eso los vuelve poco atractivos. No han aportado nada a la plataforma para decir: ‘Oigan, sabemos que cometimos errores en el pasado, pero esto es lo que vamos a hacer para solucionarlos’”.

Biden y Harris han expresado su arrepentimiento por algunas de sus posturas pasadas sobre cuestiones de justicia penal y han descrito esas decisiones como productos de la política de la época. Desde entonces, ambos han expresado su apoyo a las medidas que, según ellos, reducirán el encarcelamiento, como la despenalización de la marihuana, promover el tratamiento de rehabilitación como pena para los delitos de drogas no violentos y el fin de las sentencias mínimas obligatorias.

Reunidos en la entrada de una casa de tablones de madera en el barrio de Kenosha una tarde reciente, un grupo de hombres habló de su escepticismo sobre la votación de este otoño.

Mike Davis, de 42 años, dijo que la actual agitación en torno a la policía aumentó su deseo de ver a Trump fuera de la presidencia. Pero luego piensa en lo ocurrido en 2016.

“Está perdiendo en las encuestas, todo el mundo dice que no lo va a lograr, pero de alguna manera lo logró la vez pasada”, dijo Davis. “Y siento que lo va a lograr de nuevo. Será una pérdida de tiempo”.

Ideas como esa no deben pronunciarse en voz alta, dijo su amigo, Jamaal Crawford.

“Si crees eso, no lo difundas, porque provocarás que otros no voten”, comentó Crawford, de 37 años.

Crawford dijo que creía que era importante votar y que no quería que otros se sintieran disuadidos.

Votó por última vez hace muchos años porque, durante aproximadamente los últimos diez años, ha estado encarcelado o bajo alguna forma de supervisión estatal, dijo. En Wisconsin, las personas con antecedentes penales pueden votar si han cumplido sus sentencias y ya no están en libertad condicional o vigilada.

Crawford, un cocinero que fue despedido a causa de la pandemia, dijo que podría inscribirse ahora, aunque no estaba seguro de si quería pasar por el proceso. Aun así, dijo, es un momento fundamental dados los desafíos de la violencia policiaca.

“Algunas personas simplemente están cansadas”, dijo. “Piensan que es una pérdida de tiempo. No obstante, aunque lo sea, debemos seguir perdiendo el tiempo hasta que deje de ser una pérdida de tiempo”.