La enfermera Kathe Olmstead prepara una inyección que es parte de una posible vacuna contra el COVID-19. (ELNUEVODIA.COM)

Washington — Asesores científicos expresaron el jueves su preocupación ante reguladores federales de que permitir el uso de emergencia de una vacuna contra el COVID-19 pueda socavar la confianza pública en las inoculaciones y dificulte descubrir qué tan bien funcionan en realidad.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus iniciales en inglés) podría tener que decidir hacia fin de año si permite el uso de las primeras vacunas contra el coronavirus. Ante el creciente temor del público de que la política se imponga a la ciencia, la agencia tomó la inusual medida de reunir a más de una decena de científicos independientes para revisar si sus estándares son lo suficientemente altos para evaluar las vacunas.

Los panelistas respaldaron de manera general los lineamientos para vacunas que la FDA emitió recientemente, a pesar de las objeciones de la Casa Blanca. Esas directrices definen los criterios exactos de seguridad y efectividad que se requerirán en caso de que las compañías soliciten un permiso especial para el uso de sus vacunas antes de que se completen los estudios finales a gran escala.

Aunque hubo desacuerdo en algunos detalles, los asesores señalaron que es fundamental que se completen dichas pruebas, en especial porque una vacuna de aplicación anticipada sigue siendo, por definición, experimental, y podría haber poca evidencia sobre qué tan bien protege a algunas de las personas de mayor riesgo, incluyendo ancianos y minorías.

“Sólo hay una oportunidad de hacer esto”, comentó Sheldon Toubman, abogado de Connecticut y representante de los consumidores en el panel. “Si lo hacemos mal, estamos acabados”.

El doctor de la FDA Doran Fink estuvo de acuerdo en que el proceso de la agencia será un acto de equilibrio entre recabar los datos más sólidos posibles que indiquen si las vacunas son seguras y efectivas al menos para algunos estadounidenses y “ser capaces de tener un impacto en la pandemia en el periodo más razonable posible”.

Las prolongadas deliberaciones también fueron una oportunidad para que la FDA dejara entrever el proceso sumamente técnico que utiliza para la evaluación de vacunas y tratar de asegurarle al público que la ciencia, y no la presión del gobierno de Trump, será la que termine por tomar las decisiones. Dicha confianza será fundamental en las labores para vacunar a millones de estadounidenses. Una encuesta reciente realizada por The Associated Press reveló que únicamente el 46% de los entrevistados quiere recibir una vacuna contra el COVID-19 y otro 29% no está seguro.