La marejada que, en marzo,  afectó a Ocean Park, en San Juan (arriba), es una de las consecuencias del calentamiento global. (GFR Media) (horizontal-x3)
La marejada que, en marzo, afectó a Ocean Park, en San Juan (arriba), es una de las consecuencias del calentamiento global. (GFR Media)

Un explosivo informe dado a conocer ayer por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dice que, si las emisiones de gases invernadero continúan a los niveles actuales, dentro de 20 años las temperaturas de la tierra serán 2.7 grados Fahrenheit mayores que durante la era preindustrial.

Se trata de un dramático incremento que puede tener consecuencias catastróficas, además de en el resto del planeta, en Puerto Rico, cuya población vive mayoritariamente en municipios costeros, queda en ruta de huracanes y es muy vulnerable a los efectos de sequías.

El informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), dado a conocer ayer en Incheon, Corea del Sur, dice que evitar un aumento tan dramático en las temperaturas requerirá modificaciones en la economía mundial, las maneras de generar energía y hasta de transportarse, en escalas jamás antes vistas en la historia.

De no hacerse las modificaciones, en el 2040, según el informe, el planeta estará enfrentando una intensificación de las sequías catastróficas que vienen produciéndose hace unos años, mayores y más fuertes olas de calor, la desaparición masiva de arrecifes de coral y la continuación de la intensificación y frecuencia que han alcanzado desastres naturales como huracanes y fuegos forestales los pasados años.

El informe destaca que, a raíz de estos desenlaces, se esperan masivas hambrunas y aumentos dramáticos de la pobreza en diferentes regiones del mundo.

El informe básicamente actualiza lo que habían sido sus proyecciones sobre este problema y le imprime un sentido de urgencia a las acciones que recomienda tomar, al plantear que los efectos más dramáticos serán antes, y más fuertes, de lo que previamente se había pensado.

“Este informe da a los funcionarios a cargo de políticas públicas y acciones gubernamentales la información que necesitan para enfrentar el cambio climático, mientras consideran sus contextos locales y las necesidades de su gente. Los próximos años probablemente serán los más importantes en nuestra historia”, dijo Debra Roberts, copresidenta del Grupo de Trabajo II del IPCC.

En medio de este inquietante panorama, la situación de Puerto Rico no es muy distinta a la de una víctima inocente en una balacera. Como toda isla pequeña, Puerto Rico no puede hacer mucho para reducir la emisión de los gases invernadero responsables de los aumentos en las temperaturas a nivel global, pero, por su condición de isla tropical pequeña, está expuesta a algunas de las consecuencias más severas del fenómeno, como son el aumento en el nivel del mar y la intensificación y frecuencia de los huracanes.

Los más afectados

“Somos lo que llamo yo el canario en la mina. Somos los primeros que nos afectamos por los aumentos en la temperatura, aumento en los eventos extremos como sequías de las que ya tuvimos en 2014 y en 2015 (que causó un racionamiento de agua) y los eventos de precipitación extrema, que los tenemos ahora más frecuentemente, como las lluvias récord en la zona metropolitana que tuvimos el 18 de julio de 2013”, dijo Ernesto Díaz, director de la Oficina de Manejo de la Zona Costera del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), que dirige el Consejo de Cambio Climático de Puerto Rico.

Díaz recordó, además, que la temporada de huracanes de 2017 -que nos trajo a María- fue la más fuerte jamás registrada y que diversos estudios vinculan el aumento en la frecuencia e intensidad de las tormentas con el incremento en las temperaturas en la superficie del mar, una de las consecuencias del cambio climático. Los huracanes derivan su fuerza de la temperatura en la superficie del mar y, a mayor temperatura, mayor su intensidad.

Vamos a tener más frecuencia de huracanes categoría 4 y 5, debido a que las temperaturas oceánicas continúan aumentando. La gente de los informes del tiempo en la televisión hablan de que la temperatura en la superficie del mar es el combustible de los huracanes y esa es la realidad”, agregó Díaz.

“Los huracanes van a venir y las inundaciones. Son fenómenos naturales. Pero la situación se empeora por el calentamiento global, que hace que el nivel del mar aumente. A partir del calentamiento global, lo que antes hacía daño y causaba problemas, ahora se incrementa el impacto”, dijo la profesora Maritza Barreto, oceanógrafa y geógrafa del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR), que ha estudiado la erosión en las costas de la isla.

El informe del IPCC fue solicitado en el 2015 por los países que firmaron entonces el Acuerdo de París, el tratado en el que prácticamente todas las naciones del mundo se comprometieron a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a partir del 2020.

Pero Estados Unidos, que en este momento es el segundo mayor emisor de gases invernadero del mundo, después de China, anunció en junio del año pasado que se retiraba del acuerdo.

Mientras, la administración de Donald Trump, quien ha dicho que la ciencia de cambio climático es “una farsa” promovida por China, ha eliminado la mayoría de las restricciones impuestas por su antecesor, Barack Obama, sobre la altamente contaminante industria del carbón y sobre los niveles de emisión que se le exigían a la industria automotriz.

El gobierno de Estados Unidos recibió el informe del IPCC, pero no emitió ninguna reacción sobre sus hallazgos.

El año pasado, el gobernador Ricardo Rosselló Nevares se distanció de la postura asumida por Trump en cuanto al Acuerdo de París. Pero ayer ninguna instancia oficial del gobierno de Puerto Rico reaccionó al informe del IPCC.

Los autores del informe, 91 científicos de 40 países, dicen que para prevenir el aumento en la temperatura, la contaminación por gases de efecto invernadero debe reducirse, para el 2030, en un 45% del nivel en que estaba en 2010 y en 100% para el 2050. Esto se lograría, según los autores del informe, imponiendo gravámenes sobre las emisiones de dióxido de carbono, el contaminante que emiten las plantas de carbón.

Guerra al carbón

China y los países de la Unión Europea ya fijaron impuestos sobre el dióxido de carbono.

El informe, además, pide que se reduzca el uso de carbón para la generación de electricidad del 40% que es hoy a entre 1% y 7% para el 2050. La generación de electricidad mediante tecnologías renovables debería aumentar del 20% que es hoy hasta el 67% para el 2040.

La aportación de Puerto Rico a la contaminación por gases invernadero es demasiado pequeña para ser significativa. Pero, en momentos en que el planeta entiende cada vez más la importancia de recurrir a las energías renovables, aquí apenas el 2% de la energía se genera de estas fuentes. El 98% se produce quemando petróleo, gas natural y carbón.

Mientras está en marcha la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y se espera la inyección de fondos federales para rehacer el sistema eléctrico tras el huracán María, hay esfuerzos aquí y en Washington D.C. para incrementar la dependencia de gas natural, y el énfasis en las renovables ha quedado en palabras.

Díaz cree que aunque la aportación de Puerto Rico a la contaminación mundial sea minúscula, esforzarse en reducir la dependencia de combustibles fósiles aumenta la influencia de la isla para exigir que se hagan los cambios que le evitarían tantos problemas. Mencionó como ejemplo a Hawái, que tiene menos de la mitad de la población de Puerto Rico, pero se comprometió a producir toda su energía de fuentes renovables para el 2045.

“En la medida en que uno hace ese esfuerzo y logra esa transición, tiene más ‘standing’ para hacer los reclamos que tiene que hacer”, dijo Díaz.

Mientras tanto, la manera en que Puerto Rico puede protegerse de este fenómeno es, por el momento, tomando acciones sobre las construcciones en las costas, que continúan a pesar de la devastación que María produjo en esta zona y “adaptándose” a la nueva realidad de marejadas más altas y mares más bravíos, como sería, por ejemplo, construir sobre pilotes en las áreas cercanas a las playas.

El 61% de la población de la isla vive en los 44 municipios que tienen costas.

Haría falta, además, construir pensando en eventos climatológicos extremos y repensar el uso de terrenos en zonas que, tarde, temprano o, en algunos casos, ya, son vulnerables a los aumentos en los niveles del mar. El IPCC reconoce que las medidas que hay que tomar tienen costos inimaginables, pero fija el costo de no hacer nada en $54 trillones.

“Lo primero que yo haría sería pedir una moratoria en todo lo que se está haciendo en la costa, que la gran mayoría el gobierno no sabe qué se está haciendo. El gobierno ha perdido el control de lo que se está haciendo en las costas”, dijo Aurelio Mercado, un oceanógrafo del Recinto Universitario de Mayagüez de la UPR, que es una de las principales autoridades en Puerto Rico en el tema de las costas.


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