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Algunas playas en Humacao se identificaron como focos de animales realengos, ya sea porque se les hace más fácil conseguir comida o son puntos de liberación. (GFR Media)

El primer censo de animales realengos en Puerto Rico, realizado en Humacao, confirmó que este es un grave problema social y de salud pública para el que no existe un protocolo uniforme de manejo y que requiere, además, soluciones contundentes.

En términos numéricos, los datos generados sugieren que la cantidad de animales sin hogar en la isla –mayormente perros y gatos– pudiera ser más baja de lo que generalmente se cree, aunque no menos alarmante.

El censo, que usó las carreteras como rutas de muestreo, estuvo liderado por el ecólogo y catedrático asociado del Departamento de Biología de la Universidad de Puerto Rico en Humacao, Neftalí Ríos, quien reclutó a varios de sus estudiantes del bachillerato en Manejo de Vida Silvestre.

Entre marzo y abril del año pasado, los investigadores recorrieron 304.8 kilómetros de carreteras en Humacao, en los que avistaron 322 animales realengos.

Como se esperaba, los perros y gatos lideraron los avistamientos, con 141 y 127 casos, respectivamente. En tercer lugar se ubicaron los caballos, con 41.

A menor escala, el equipo contabilizó siete ovejas, tres cabros, dos cerdos y un becerro.

“Conseguimos un animal realengo por cada kilómetro de carretera que se puede transitar en Humacao. Eso es un resultado impresionante”, dijo Ríos, al explicar que los investigadores recorrieron las zonas urbanas, rurales y costeras de dicho pueblo.

Indicó que, si esa proporción se extrapola a nivel isla, donde en total hay 25,862 kilómetros de carreteras, habría entre 12,000 y 13,000 perros realengos y una cantidad similar de gatos, para un estimado final de 25,000.

El resto de los animales, como caballos y cerdos, reportarían cifras mucho menores.

Por años –y sin que se sepa a ciencia cierta el origen de las estadísticas–, se ha dicho que en Puerto Rico hay 300,000 perros y un millón de gatos sin hogar.

“Eso contrasta con los números que obtuvimos en el censo. Pero este trabajo no es una crítica a quienes trabajan a base de la cifra de 1.3 millones. El ‘issue’ es que sí hay muchos (animales realengos), y que sí es un problema social y de salud pública. Hay muchos animales en la calle que no deben estar”, expuso Ríos.

Ante esta realidad, los investigadores recomendaron que los sectores interesados o afectados por esta problemática mejoren su comunicación, a fin de generar una metodología estandarizada para validar las cifras. Pusieron la metodología del censo a disposición de dichos sectores, y los instaron a replicar el ejercicio en otros puntos del país.

Nuevo enfoque

Ríos y la investigadora Jennyfer Machado coincidieron en que los animales sin hogar son un problema “tan complejo”, que se requiere un acercamiento transdisciplinario para solucionarlo.

“Lo primero que uno se pregunta es, ¿a qué agencia uno va? ¿Quién es responsable? No existe un protocolo. Es un hoyo negro ahora mismo”, dijo Ríos.

La Ley para el Bienestar y Protección de los Animales (Ley 154-2008) dispone, entre otras cosas, que la Oficina Estatal de Control de Animales tiene la jurisdicción sobre los animales realengos, en unión al Departamento de Salud y el municipio donde se encuentren.

Pero, en opinión de Ríos y Machado, el estatuto es deficiente, y ha quedado evidenciado con la controversia en torno al manejo de los cerdos vietnamitas que han proliferado en varias comunidades de San Juan.

Ambos instaron a la Legislatura a retomar la discusión del Proyecto de la Cámara 2950, radicado en 2016, que establece la esterilización obligatoria de mascotas, así como un período de cinco años en que se prohibiría la reproducción y compraventa de perros y gatos. La medida es promovida por la organización The Humane Society of the United States.

Otra pieza que está pendiente de aprobación es el Proyecto del Senado 578, radicado en 2017, que crea el programa “Dona tu cambio para salvar a un animal realengo”, con el propósito de allegar mayores recursos a las entidades que atienden este problema.

“Hay iniciativas para establecer política pública, pero hay un problema de ‘enforcement’ (ejecución). Hay un problema social y de salud pública, que requiere voluntad para que se trabaje. Solo entonces nos empezaremos a mover. Aplicar la ley es esencial, y en el momento que se vive hoy es casi un reto extraordinario”, declaró Ríos, en referencia a la crisis económica y de recursos humanos en el gobierno.

Otras recomendaciones

En Humacao, los investigadores no avistaron animales realengos recién nacidos, lo que, según Machado, significaría que provienen de áreas aledañas o que sus dueños los están liberando.

Para atender este último punto, el equipo sugirió la creación de un registro de mascotas, que se nutra a medida que alguien compre o adopte un animal.

Dicho registro se complementaría con la otorgación de una licencia o permiso a los dueños de los animales, que enfrentarían consecuencias legales si se comprueba que los abandonaron.

“No todo el mundo está capacitado para tener un animal. Esa costumbre de tenerlos por tradición hay que revisarla de forma cruda y objetiva. La sociedad ha cambiado y tenemos que regular quién puede o no tener un animal. Se requiere un trabajo profundo de educación”, dijo Ríos.

“Los albergues están llenos y ese es otro problema”, añadió Machado, quien aplaudió la campaña “Spayathon for Puerto Rico”, dirigida a que residentes de comunidades de bajos recursos esterilicen gratis a sus mascotas.

Resaltó, sin embargo, que esfuerzos similares de esterilización masiva deben realizarse para animales realengos.

Tras admitir que se trata de un tema sensitivo y hasta polémico, los investigadores indicaron que la eutanasia también tiene que ser una alternativa sobre la mesa. “Si no hay quién los adopte o los trabaje, ¿qué vas a hacer? Hay que estar dispuestos a considerar la eutanasia para erradicar el problema”, expuso Ríos.

Dijo que la Asociación Americana de Médicos Veterinarios preparó unas guías para que la eutanasia de animales realengos “se haga de forma humana”.

El equipo recomendó, por último, realizar más estudios para identificar los indicadores y variables que inciden en los patrones de distribución y abundancia de los animales realengos.


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