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El profesor Álvarez presenta el proyecto del ojo virtual parlante en el Recinto de Ciencias Médicas de la UPR. (Ramón “Tonito” Zayas)

Pebble Morales llegó al podio guiándose con su bastón. Se colocó frente al micrófono y de momento dijo: “No estoy nerviosa porque no los veo”. Así rompió el hielo. La audiencia respondió con risas y quedó cautivada.

Cuando Pebble tenía 16 años, su oftalmólogo le confirmó que padecía de degeneración macular. Había visto toda su vida. La noticia la aturdió. No sabía nada de lo que le diagnosticaron.

Estaba en plena adolescencia y eso, sin duda, es fuerte.

Ya han pasado cuatro años. Hoy está ciega. Tiene 21 años. Es una joven inteligente, con un gran dominio de la palabra y carisma. Estudia Educación Especial en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR) y en su camino hacia una vida independiente, decidió aprender todo sobre la condición que le causó su ceguera.

Lo que hizo Pebble, apostar por absorber todo sobre su enfermedad para tomar control de su nueva realidad, no muchos lo hacen.

De hecho, los estudiantes de Educación Especial, bajo el liderato del profesor José Manuel Álvarez, se toparon en las escuelas con el mayor enemigo de empoderar a los estudiantes ciegos: el desconocimiento.

De ahí surgió la iniciativa de hacer un proyecto para que los no videntes conocieran las partes del ojo a través de un software parlante, que ofrece la opción de buscar información en Braille.

Crearon, además, un ojo en 3D para que tengan la opción de palpar sus partes y ampliar ese conocimiento que se vuelve vital para el desarrollo de un estilo de vida independiente e inclusivo.

A los que vemos, nos ayudará a entenderlos e integrarlos.

Se llama el “Ojo Interactivo”.

“Este proyecto es importante para las personas que tienen problemas visuales, como yo, porque deben conocer lo que tienen... Eso me va a ayudar a tener un estilo de vida independiente”, dijo Pebble a El Nuevo Día junto a sus compañeras de clase, Valerie González y Mei-Lyng Morales, ambas sin problemas de visión.

¿Y qué significa el proyecto para los que vemos?

—Es importante que las personas videntes también conozcan de esto, porque se trata de visibilizar y educar a la gente. Tal vez una persona no tiene un problema visual, pero tiene ojos, así que de todas maneras entiendo que es fundamental. Es un principio uno conocer lo que tiene. Eso nos ayudaría a trabajar, adquirir destrezas, conocimientos que nos ayuden a tener un mejor estilo de vida y una mejor interacción interpersonal e intrapersonal también.

El proyecto se hizo realidad con la colaboración entre la Facultad de Educación de la UPR y la Escuela de Oftalmología, del Recinto de Ciencias Médicas.

No hubo inversión monetaria. Sí hubo entusiasmo, aportación de todos y mucho brío de Álvarez y Daniel Encarnación, asesor del rector de Ciencias Médicas, Segundo Rodríguez Quilichini.

Rodríguez Quilichini dijo estar muy entusiasmado con la oportunidad de apoyar el “Ojo Interactivo”, porque abre la puerta al desarrollo de más proyectossimilares dirigidos a segmentos especiales entre la población de estudiantes en Puerto Rico.

“Con el proyecto ‘Ojo Interactivo’ estamos impactando a estudiantes ciegos, llevándoles nuevas herramientas didácticas para que logren conocer más a fondo su condición”, recalcó el rector del Recinto de Ciencias Médicas.

La presentación del software y el Ojo en 3D estuvo a cargo de Álvarez, sus estudiantes y como invitado especial, Silverio Pérez, quien quedó fascinado con la fuerza de las jóvenes y la perspectiva e innovación del proyecto.

Se congregaron decanos de la UPR y del Recinto de Ciencias Médicas para apoyar el concepto.

“La programación de un ojo virtual parlante provee una herramienta a los niños ciegos para que aprendan las partes del ojo y las puedan navegar y explorar... Fue una propuesta basada en una necesidad”, dijo Álvarez.

¿Qué necesidad se identificó?

—Que los estudiantes ciegos desconocen su condición visual y las partes del ojo y eso es porque es una información muy visual. Una persona reconoce un ojo cuando lo ve en una foto. En el caso de un estudiante ciego, pensamos que esa información es importante para apoderarlos, que digan: “Tengo esta condición, el ojo se compone de estas partes y eso es importante porque es la condición con la que viviré toda mi vida”.

¿Cómo identificaron la necesidad?

—En la Facultad de Educación, el último año tienen que hacer unas horas en una escuela con estudiantes ciegos y, constantemente, todos los estudiantes de práctica docente traían esa inquietud. Decían: “Yo me quedé ciego por tener retinitis pigmentosa”. El maestro les preguntaba: “¿Saben lo que es?” La respuesta era “no”. Le explicaban que era una condición de la retina y les preguntaban: “¿Sabes lo que es la retina?” La respuesta era “no”. Tienen que conocer todo sobre su condición, no solo para cuando vaya con el oftalmólogo lo pueda hablar, sino para que busquen información sobre cómo prevenir y las alternativas que tengan.

La Escuela de Oftalmología del Recinto de Ciencias Médicas tiene una clínica en el Centro Médico, donde se atienden 100,000 casos anuales, tanto de adultos como de niños, y una cantidad similar en la Escuela de Medicina en el Reparto Metropolitano.

Son de todas partes de la isla y se atienden condiciones desde miopía, estrabismo y ojo vago, que son las más comunes, hasta patologías que incapacitan, como problemas en la retina, glaucoma o daño al nervio óptico, que son las que más ceguera de por sí van a producir.

El director de estudiantes residentes de la Escuela de Oftalmología, Luis Serrano, ve en este proyecto una herramienta muy útil, porque cuando saben y entienden lo que les pasó, entre el médico y el paciente se pueden buscar formas de cómo ayudarlos a rehabilitarse, ser funcionales y más independientes.

“Parte de nuestra función, en términos del programa de residencia, es educar a los futuros oftalmólogos del país que aprendan las cosas que hay disponibles para rehabilitar aquellas personas que tienen visión subnormal. Muchas veces tratamos de rehabilitarlos con medicamentos o cirugía. Hay veces que lo logramos y hay veces que el resultado no es el mejor y tenemos que ver cómo los podemos echar hacia adelante y ver si los podemos rehabilitar. Eso se da en adultos y en niños”, explicó.

Serrano resaltó que Álvarez les ofreció una conferencia que impactó a todos los residentes, de todos los niveles, que asistieron. Y justo de ahí surgió la idea de colaborar en un proyecto así.

Cuando Serrano preguntó quién estaría disponible a servir de voluntario, el doctor Jan Carlos Ortiz, que está en su segundo año de residencia en oftalmología, no lo dudó y se integró con los estudiantes de Educación Especial para crear el “Ojo Interactivo”.

“Me parece que es una iniciativa muy buena”, resaltó Ortiz.

¿Por qué fue voluntario?

—Porque esta herramienta es bien importante para estos pacientes. Con medicamentos y cirugías, muchas veces llega el punto donde no se le puede devolver más visión al paciente, pero sí hay muchas cosas que se pueden hacer para hacerles la vida más fácil. Una cosa es saber que no ve y otra entender por qué no está viendo. Saber y entender le da cierto grado de conformidad al paciente y un poco de aceptación hacia su condición.

Los estudiantes ya tienen más planes y el próximo es crear un rompecabezas con las partes del ojo para que sirva como otra herramienta de enseñanza.

Con tecnología y creatividad, la palabra límite desaparece.


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