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Ana Cristina Quiñones recorre las calles de Santurce y Trujillo Alto identificando los desechos orgánicos con los que elabora su línea de muebles y vasijas.

Detrás de las cáscaras de plátano, así encuentro a Ana Cristina Quiñones recorriendo un tramo de la calle Condado, en Santurce.

“Aprovecho, pasado el almuerzo, para hacer el recogido antes de que las tiren al zafacón”, comentó la joven diseñadora industrial, quien anda con una bolsa de basura de 30 galones colgando de su hombro derecho.

Las cáscaras de plátano son el material predominante en Materia Madura, que también incorpora la borra del café. (Tony Zayas)

La sigo. Verla con ese cargamento en brazos recuerda al jíbaro de Ramón Frade. Se lo comento.

“¿El Pan Nuestro? No lo había pensado. Esa es buena”, dijo Ana Cristina. De hecho, su tarjeta de presentación tiene como logo un racimo de plátano, similar al del campesino en la obra de Frade, que se ha convertido en icono del arte puertorriqueño.

Ana Cristina aclaró que está por resolver lo de la bolsa plástica en su recogido rutinario, que inicia en el restaurante de comida criolla “El Bosquecito Familiar” en Trujillo Alto, donde reside.

El segundo turno de la ruta lo realiza en Santurce, donde trabaja su línea de muebles y vasijas designada Materia Madura, que es creada con un material innovador compuesto de cáscara de plátano y café e inspirada en la cultura taína de Puerto Rico.

“Sí, pero ahora vamos al coffee break”, soltó.

Ana Cristina sacó de un estante de madera dos frascos de cristal que equivalen a la medida de dos galones. Salimos hacia un comercio vecino que le dona la borra del café. Regresamos al estudio.

La obra de Ana Cristina está inspirada en la cultura taína. (Tony Zayas)

El origen 

Contó que todo surgió como parte de la investigación realizada en el último año de su bachillerato.

“Me interesó el tema de la sustentabilidad y nuestros problemas con la basura”, explicó.

En aquel momento, en 2012, se cuestionó la posibilidad de identificar un material potencialmente biodegradable aplicable al diseño y fabricación de muebles, añade la joven.

Para mi sorpresa, los restaurantes locales no son los primeros en donar a Quiñones los desechos orgánicos con los que elabora su línea de muebles y vasijas.

“El Cubana Bar-Rest”, en Londres, fue el primero.

“Fui a estudiar en la Central Saint Martins College of Art & Design, donde imparten una maestría en cerámica, muebles y joyerías. Mi especialización es en diseño de muebles”, precisó.

La investigación para llegar a la mezcla de los materiales “maduró” en Londres, donde sus profesores favorecieron la idea.

“Estos son productos alimentarios tradicionales en la isla, tema que les interesó, así como la inspiración de regresar al diseño primitivo”, añadió.

Enfatizó que su material es un desperdicio orgánico ya usado. Es sustentable, pero funcional. “En Puerto Rico, el 90% de este tipo de producto es importado. A eso, agrégale su fabricación con materiales tóxicos, no reciclables. Van a parar a los vertederos”, dijo.

Variedad de usos 

Quiñones describió sus diseños como ambiguos, ya que cada objeto tiene un propósito principal, pero el usuario determina su uso. Un mismo objeto tiene muchas posibilidades.

Los asientos son bajos. Todo al ras del suelo, ya que así eran los muebles taínos, siempre cercanos a la naturaleza.

Pese a lo anterior, la diseñadora creó la forma para que el usuario pueda modificar su altura, bien sea con cojines u otras piezas.

La colección incluye desde mesas para el café y vasijas hasta asientos y tiestos.

En una mesa de trabajo, Ana Cristina mostró el resultado de la unión entre las cáscaras de plátano y la borra del café.

Me exhortó a meter las manos en la masa. Al hundir los dedos en la mezcla, me transporté a la cocina de mi abuela.

Le comento que la sentí más densa que la de los pasteles navideños. Además, el color es más oscuro.

“Tiene un disecante natural, pero no pienso decirte más”, dijo.

Afirmo que los lectores son más curiosos que yo.

Ana Cristina aseguró que lo va a resolver, a medias. Va hacia un tablillero y regresa con unos embelecos. Uno parecía una momia triangular, pequeñita o especie de parapeto.

De ahí, pasó a develar algo del secreto. Abrió aquel invento desarmable, de donde salió un molde muy curioso semejante a una muela.

“Primero diseño y creo un prototipo en barro. Luego, hago el molde. Este es un ejemplo. Vierto el material procesado. Lo pongo a secar. Las piezas pequeñas secan en medio día y las grandes, en cuatro”, detalló.

Luego, Quiñones presenta sus piezas a tiendas especializadas en diseño y arte, como “Luca” y “Souvenir”, del Viejo San Juan. Más allá de los mares, se exhiben en tres galerías de Londres. Este año, Materia Madura se presentó en Trouping Colour durante la semana del diseño de Clerkenwel, Londres.

La colección incluye desde mesas para el café y vasijas hasta asientos y tiestos. Todas las piezas tienen múltiples usos. (Tony Zayas)

En casa 

Le pregunto a Quiñones por su regreso a Puerto Rico, ya que le fue bien en Londres y hasta compartió taller de trabajo con otra colega francesa, Marlène Huissoud, quien crea objetos con la resina de las abejas.

“Londres es una ciudad multicultural. Me sobreestimuló. Lo que sucede es que son bien estrictos con el tema de las visas. No pude extender ni cambiar el visado, así que opté por regresar”, relató.

“Ahora, mirando todo lo ocurrido recientemente –refiriéndose a los atentados terroristas–, prefiero estar en Puerto Rico”, aseveró.

Eso la reta a seguir diseñando y experimentando con otros materiales. Aunque en su área profesional, la oferta y demanda local aún está “verde”, la joven de 27 años demuestra que ella, en sí misma, es Materia Madura.


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