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La doctora Concepción Quiñones de Longo, directora médica de Voces y la abogada Jo-Ann Estades Boyer. (Juan Luis Martínez Pérez)

La abogada Jo-Ann Estades Boyer comenzó a sentir dolor en el cuello el 12 de septiembre del 2003, mientras celebraba sus 39 años de vida.

Un mes después, en un hospital de Nueva York, le amputaban ambas piernas y cinco dedos de sus manos debido a una meningitis meningocócica invasiva, que desconoce cómo entró a su cuerpo.

“La meningitis cambió mi vida y la de mi familia en 24 horas”, afirmó la mujer durante una conferencia prensa para alertar sobre la importancia de la vacunación contra la enfermedad.

“Soy un milagro de vida”, destacó.

Narró que durante la celebración del cumpleaños comenzó a sentirse mal. Al día siguiente, la condición empeoró y su mejor amiga, Lourdes Díaz, la llevó a la sala de emergencias del Hospital Pavía en Santurce.

“Tenía el cuello torcido, fiebre bien alta y luego comenzaron a salirme manchas en el cuerpo”, señaló la portavoz de la campaña educativa de Voces: Coalición de Vacunación de Puerto Rico.

Poco después de llegar al hospital, entró en coma. Relató que despertó siete días después para descubrir que sus piernas y sus dedos estaban negros como el “carbón”. Tenía necrosis.

Durante ese tiempo que estuvo en coma, un pediatra que pasó por el lugar donde permanecía recluida en aislamiento comentó que sus síntomas respondían a la meningitis, según le contaron sus familiares y amigos.

Buscando una segunda opinión para su diagnóstico viajó a Nueva York, donde le amputaron las piernas y los cinco dedos.

“Lo peor fue cuando me paré de frente a un espejo y vi que no tenía mis piernas”, apuntó Estades Boyer, una mujer acostumbrada a correr y que en su juventud había participado en concursos de belleza.

Pese a los retos físicos, retomó su vida. Volvió al deporte. Corre bicicleta, aunque todavía no “joguea” porque para eso necesita unas prótesis especiales. También se convirtió en una portavoz a favor de la vacunación en contra de la enfermedad, que es más común entre los jóvenes.

“Mis dos hijos están vacunados. No quiero que ellos y ningún otro joven viva lo que yo viví”, puntualizó.

Estades Boyer abogó para que los planes médicos cubran la vacuna para la cepa B de la meningitis puesto que pagan por inocular contra las cepas A, C, Y y W. Además, favoreció que se requiera la vacuna para entrar a la universidad, en los casos de personas de alto riesgo.

La vacuna para la cepa B es voluntaria, pero el Estado exige la vacuna contra las cepas A, C, Y y W para entrar a la escuela.

La doctora Concepción Quiñones de Longo, directora médica de Voces, explicó que la meningitis es una infección bacteriana difícil de diagnosticar porque no presenta síntomas iniciales específicos.

Al principio, una persona contagiada con meningitis puede tener dolor de cabeza, vómitos, rigidez en el cuello, fiebre alta, diarrea, mareos y manchas en el cuerpo, precisó.

“La recomendación de la vacuna no se basa en la incidencia sino en la severidad del daño y de la incapacidad permanente que puede causar a las personas”, apuntó Quiñones de Longo al indicar que en la Isla no hay estadísticas confiables sobre el número de personas que han sufrido esta enfermedad.

Subrayó también que solo el 10% de las personas que recibe tratamiento supera la meningitis meningocócica.

Apuntó que existen dos vacunas, disponibles desde el 2014, para combatir la cepa B y que se recomienda administrarlas a jóvenes y adolescentes entre los 16 y 18 años.

“Es una decisión que van a tomar con su médico porque cada caso se debe evaluar individualmente”, apuntó Quiñones de Longo.

Indicó, además, que las personas que se encuentran en alto riesgo de contagiarse con la enfermedad son los adolescentes porque están más propensos a realizar actividades donde hay un intercambio de secreciones orales, pacientes con enfermedades congénitas y con el sistema inmunológico comprometido, entre otras.


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