El espacio original de unidad de Servicios Bibliotecarios para Personas con Impedimentos se tuvo que cerrar y los reubicaron en un espacio que no cumple con las necesidades de la población.

El Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico cuenta con al menos 18 bibliotecas y colecciones, pero solo una de ellas es apta para estudiantes con discapacidades. Esto fue así hasta hace tres años, cuando tuvieron que cerrarla y trasladarla a otro espacio más pequeño y ruidoso, que no cumple en suplir las necesidades de la población a la que debe servir.

Desde entonces, estudiantes como la joven no vidente Sylvia Enid Aponte Rivera, que precisan del servicio que ofrece la unidad de Servicios Bibliotecarios para Personas con Impedimentos (SBPI), han tenido que acostumbrarse a la constante mudanza que el cierre temporero de la sala original ha provocado, con todas las complicaciones que ello implica.

La sala, que ubicaba en el primer piso de la biblioteca José M. Lázaro, cerró inicialmente en marzo del 2015, cuando empleados tuvieron que realizar una mudanza de emergencia debido a la presencia de fibra de vidrio en los ductos del aire acondicionado. Los estudiantes y empleados no tuvieron acceso a la sala hasta principios del 2016, pero la reapertura no duró mucho, pues luego detectaron un particulado en los interiores que podría contener asbesto proveniente del techo.

La SBPI ofrece servicios específicos a estudiantes con diversidad funcional y se encarga de hacer accesible los recursos informativos en formatos especiales, para así respaldar el currículo académico del usuario. A través de recursos tecnológicos, se facilita a miembros de esta comunidad los medios necesarios para estudiar, tales como lectores para ciegos legales, transcripción de documentos y ayuda para repasar el contenido discutido en clase.

Según documentos oficiales suministrados a El Nuevo Día, la SBPI atendió 2,602 estudiantes en el 2018. En el presente, luego de ocupar distintos espacios en el recinto, la unidad ubica en el Centro Universitario del campus riopedrense.

Para Aponte Rivera, quien siempre anda acompañada de Warren, su perro guía, tener que recurrir a espacios con poca accesibilidad para estudiantes con diversidad funcional ha sido un gran reto.

Encuentro que han estado mucho más limitados tanto en espacio como en cantidad de personal. Yo diría que están a flote, apenas, pero no dan abasto para la cantidad de trabajo que se debería estar haciendo”, expresó la alumna doctoral en el Departamento de Inglés de la Facultad de Humanidades.

Entre los obstáculos que la estudiante ha tenido que enfrentar desde la reubicación, están la poca accesibilidad peatonal para personas con discapacidades al Centro Universitario, la alteración de horarios que trabaja la biblioteca, y tener que recorrerun tramo más largo debido a la distancia entre la estación del tren urbano y el área de estudio.

La estudiante sufre de amaurosis congénita de Leber, una enfermedad progresiva que provoca la pérdida de visión, y requiere del SBPI para poder culminar su disertación doctoral. En la sala se le provee un lector-asistente que le ayude acceder a computadoras y documentos. 

La estudiante recordó también que antes “no solo era un lugar en que recibíamos servicios. En esa época (cuando comenzó con la ayuda de SBPI) no había digitalización, todo se hacía con ayuda humana. Había una gran población de personas ciegas y nos reuníamos con lectores. La verdad es que no era solo recibir la ayuda, sino sentirte apoyado”.

Como Aponte Rivera, a muchos otros estudiantes con discapacidad se les dificulta el acceso a la sala, sea por el tramo que tienen recorrer o el espacio físico tan limitado para su movilidad e interacción.

Al ser abordado sobre las complicaciones que enfrentan a diario, Christian Hernández Rosado, bibliotecario auxiliar del SBPI, explicó que “aquí no hay cubículos suficientes. Los cubículos no son aptos en el aspecto de que no están aislados. Por ejemplo, con una persona con silla de ruedas, es un poco difícil el acceso. Hay que estar abriendo la puerta para abrir el espacio y que puedan entrar. Esto (la sala actual) no estuvo pensado para personas con impedimentos. Esto era una oficina regular que se convirtió en un espacio para personas con impedimentos”.

La sala original contaba con aproximadamente 18 cubículos para uso de estudiantes con distintas discapacidades. Ahora, en la unidad actual, solo cuentan con cinco, todos sin el espacio requerido para atender a personas de esta población. Este número limitado, además de reducir la cantidad de estudiantes que puedan solicitar los servicios, también impacta el reclutamiento de empleados aptos para trabajar con esta comunidad, porque no hay dónde acomodarlos.

El personal de por sí es limitado: dos bibliotecarios y alrededor de 10 estudiantes-asistentes que forman parte del Programa de Estudio y Trabajo para atender a toda la comunidad.

Como si fuera poco, el horario es otro factor que se ha visto alterado con estos cambios.

Cuando estaban funcionando en la biblioteca Lázaro, el SBPI cerraba a las 8:00 p.m., pero con el traslado al Centro de Estudiantes han tenido que ajustarse al horario del edificio, resultando en un cierre más temprano.

Nos cerraban la entrada principal ¿cómo vamos a esperar usuarios? El usuario no va a llegar nunca. Si estuviéramos en (la biblioteca) Lázaro, pudiéramos estar hasta las 8:00 p.m., pero aquí, todo esto muere después de las 6:00 de la tarde. Entonces somos la única burbuja operante y no hay más nadie”, abundó Hernández Rosado.

Luego de tres años de espera, aún se desconoce laagenda concreta dirigida a la renovación de la sala en el primer piso de la biblioteca Lázaro.

Según la directora interina del sistema de bibliotecas de la UPR en Río Piedras, Noraida Domínguez, el proyecto de renovación de la sala podría llevarse a cabo en verano, y se espera que culmine durante ese periodo.

“Este proyecto es uno complejo que debe dividirse por fases, algunas de las cuales no se pueden llevar a cabo con personal o usuarios en el edificio”, dijo Domínguez a través de expresiones escritas.


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