"Después de la tormenta, siempre viene la calma", aseguró el padre Adalín Rivera Sáez

Guayanilla - Un llamado a la paz y la tranquilidad, sin dejar a un lado la preparación individual, familiar y comunitaria, resonó esta tarde durante una misa oficiada al lado de las ruinas de la Parroquia Inmaculada Concepción, ícono de este municipio, que colapsó con el terremoto del pasado martes.

La misa se celebró al aire libre. Los católicos guayanillenses se sentaron bajo carpas blancas y escucharon las palabras del sacerdote Adalín Rivera Sáez, vicario de la parroquia.

La casa del Señor está en nuestro corazón y somos cada uno de nosotros. Eso nos llena de esperanza al saber que, aunque tiemble la tierra, Dios está con nosotros”, dijo Rivera Sáez al inicio del servicio religioso.

“Aunque no tengamos el templo material, tenemos el templo espiritual, que es la comunidad. Muchos miembros de esa comunidad están sufriendo ahora. Pero, con la ayuda de la fe y el amor, lo superaremos. Aunque la tierra se mueva debajo de nuestros pies, no se mueve nuestro corazón”, agregó.

Durante el sermón, Rivera Sáez resaltó que las circunstancias en la isla han cambiado, no solo con los temblores recientes, sino desde hace casi dos años y medio cuando azotó el huracán María.

Ante esa realidad, sostuvo, es responsabilidad de todos compartir lo que se tiene con los más necesitados.

“Ahora mismo, no necesitamos tanto las cosas materiales, sino tiempo de que nos escuchen, de que nos den paz… de que, cuando se mueva algo, sintamos la tranquilidad de que Dios está ahí”, dijo.

“Quizás estamos más preparados por nuestras cosas que por las cosas de los demás, y el Señor nos puso a mirar su rostro, que está presente en aquel que sufre. Y no es que yo no sufra, pero hay otros que sufren más”, recalcó.

El cura pidió a los feligreses –en su mayoría, adultos mayores– llevarles palabras de aliento a los más necesitados en estos días, recordándoles que no están solos en lo que están atravesando.

“Cuando vengan las réplicas, porque vendrán, respire hondo y bote el aire suave. Cuando bote el aire, diga: ‘Jesús, en ti confío. Señor, me pongo en tus manos. Sé que soy tu hijo y me amas siempre’. Entre medio del temblequeo, a veces uno se olvida porque sale corriendo. Y sí, hay que prepararse, pero dentro de eso, uno tiene que saber que el Señor está ahí”, esbozó Rivera Sáez.

Indicó que “uno tiene que tener la capacidad” de ver las cosas, discernirlas y transmitirles paz a quienes están angustiados.

“El problema es que tenemos situaciones emocionales. Desde el punto de vista de la fe, tenemos que bregar con esas situaciones, y el Señor nos ha dado a cada uno de nosotros la capacidad de dar testimonio de paz. Podemos salir corriendo en paz, sin angustia, sin caer en pánico”, dijo.

Durante el saludo de la paz, el sacerdote pidió a los feligreses darse un abrazo fuerte.

La misa culminó –mientras caía la noche en este municipio– con una exhortación de Rivera Sáez a no ver los temblores como un castigo de Dios. “Dios no envía las cosas, sino que las permite para que nosotros seamos mejores”, acotó.

Por instrucciones de la diócesis de Ponce, las misas seguirán oficiándose al aire libre y antes de que oscurezca. El sagrario de la Parroquia Inmaculada Concepción fue ubicado temporalmente en la oficina parroquial.

Hoy más temprano –y por segundo día consecutivo–, las Brigadas de Impacto del Municipio de San Juan trabajaron en la limpieza y remoción de escombros en la iglesia.


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