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Vista parcial del cerro de Naranjito. (Xavier J. Araújo Berríos)

Caguas / Naranjito - Livia Cruz Criado pensó que su esposo no había regresado a su casa el lunes en la noche porque se quedó trabajando en un hotel de la capital, doblando turno. Pero, a la mañana siguiente, muchísimos mensajes de texto en su teléfono le advirtieron que su marido había tenido un accidente vehicular y estaba recluido en un hospital.

“Salí para acá corriendo. Gracias a Dios lo pudieron estabilizar rápido. Ahora estamos esperando los resultados de sangre y del CT Scan”, dijo la mujer residente en Villalba mientras acudía a su vehículo a buscar algo.

Cruz Criado era uno de varios familiares y pacientes que entraban y salían el martes del Hospital Menonita en Caguas.

Esta institución hospitalaria, al igual que los otros cuatro hospitales del Sistema de Salud Menonita en Aibonito, Guayama y Cayey, aún no ha logrado ser energizada, por lo cual opera con un generador eléctrico, lo que mantiene preocupado al director ejecutivo del Sistema, licenciado Pedro Meléndez.

Aunque ya conseguir diésel no es tan dificultoso como hace unas semanas, Meléndez resaltó que el dilema ahora es conseguir aceite y filtros para el mantenimiento de las plantas de estos hospitales. Su preocupación mayor, puntualizó, es que uno de estos generadores falle justo cuando más la población está necesitada de servicios de salud.

“Tenemos miedo de que (la planta) colapse”, admitió al comentar que el sistema hospitalario está tratando de conseguir un generador adicional para tener uno de reemplazo si falla alguno.

Personas necesitadas de abastos de oxígeno y de insulina han abarrotado las salas de emergencia de este hospital, indicó Meléndez, quien mencionó que solo en el Hospital Menonita de Cayey había ese día 26 pacientes esperando cama para poder ser admitidos.

El familiar de un paciente del Hospital Menonita de Caguas, que no quiso identificarse, resaltó que en dicha institución los pasillos estaban llenos de pacientes a falta de cuartos para poder ubicarlos.

Mientras, las salas de emergencia también están atestadas tanto de pacientes con urgencias médicas como de otros que necesitan del servicio de energía eléctrica para conectarse a tanques de oxígeno y otros aparatos médicos. El esposo de Cruz Ortega Medina, de Gurabo, es uno de ellos.

“Mi esposo tiene enfisema pulmonar crónica y no tenemos planta (para conectar el suplido de oxígeno que necesita)”, dijo la mujer de 57 años, quien urgió por la ayuda del gobierno para la compra de un boleto a Florida, donde su hija, que reside en EE.UU., pueda hacerse cargo de él mientras las condiciones en Puerto Rico mejoran.

“Hasta ahora (en el hospital) han permitido que se quede aquí, en una camilla en sala de emergencias, donde tiene oxígeno y le dan terapia (respiratoria) cada cuatro horas”, agregó Ortega Medina.

Meléndez urgió a los distribuidores de oxígeno a acudir a los hospitales a suplirles este producto ya que, por lo pronto, empleados del hospital están gestionando por su cuenta los rellenos.

“Tenemos muchos casos sociales, por ejemplo, necesitados de oxígeno. Tenemos que dejarlos en el hospital porque si no, se mueren”, indicó.

El Metro Pavía Clinic, en Caguas, mientras tanto, no ha podido abrir aparentemente por los daños que sufrió la estructura durante el huracán. Árboles caídos, escombros y basura doméstica invaden su exterior, mientras en la puerta del lugar redirigen a los pacientes a otra de sus clínicas.

“Tenía cita en el dermatólogo pero está cerrado. Dicen que llame a la Clínica de Hato Rey, pero hay que adivinar el número (telefónico)”, lamentó Lillian Pérez, de Caguas, mientras volvía a su vehículo para marcharse del lugar.

En la página de Facebook de Metro Pavía Clinic se informa que esta clínica, entre otras, permanecerán cerradas “hasta nuevo aviso”.

En el aledaño Consolidated Mall, donde está ubicada una serie de oficinas médicas, su entrada parece un tablón de edictos con notas de varios de los médicos informando en qué días y horarios estarán recibiendo pacientes de forma limitada para gestionar principalmente recetas.

“Tenemos agua pero no luz”, comentó Alodia Carrión, coordinadora de administración del Consolidated Mall.

Cerca de la 1:00 p.m. del martes, el único lugar que permanecía abierto era Terenia, un centro de servicios de terapia para estudiantes de educación especial.

“Solo estamos trabajando lo administrativo, la facturación y la coordinación de servicios para tan pronto abran las escuelas”, dijo Alberto Llinás, director de la región de Caguas de esta compañía, donde les dan servicios a 6,500 estudiantes.

En los centros de Salud Integral de la Montaña (SIM) también mantienen sus operaciones corriendo con generador eléctrico, lo que también tiene consternada a su directora ejecutiva, Gloria Amador.

“Ya una de nuestras plantas sucumbió el pasado 3 de octubre, la del Centro que tenemos en Orocovis, tras 29 días de estar prendida. FEMA (Administración Federal para el Manejo de Emergencias) fue a hacer la evaluación, pero no han traído el generador suplementario que solicitamos desde el 25 de septiembre”, dijo al comentar que justo ese día intentaban volver a prender el generador que les había fallado.

Para poder atender situaciones de emergencia entre los residentes de Orocovis, Amador informó que se logró que la División de Bioseguridad del Departamento de Salud instalara el sábado pasado un hospital portátil que se había ubicado previamente en el Hospital Regional de Bayamón.

El centro SIM tiene instalaciones de salud en Barranquitas, Comerío, Corozal, Naranjito, Orocovis y Toa Alta.

Para poder mantener sus instalaciones operando, esta compañía invierte unos $10,000 diarios en la compra de diésel, informó Ángel Vega, director de finanzas de SIM, quien estimó el impacto económico del huracán María sobre esta empresa en más de $4 millones, sin considerar los costos ligados a la “interrupción de servicios”.

El miércoles, el centro de Naranjito operaba ciertas áreas, como su sala de emergencias y farmacia.

“Muchos servicios no están funcionando, como los de radiología, los laboratorios están limitados y perdimos la mayoría de las vacunas porque requieren estar en cierta temperatura”, admitió Amador, quien indicó además que la compañía envió a la mitad de sus 520 empleados a agotar días de vacaciones.

No obstante, resaltó que las clínicas ambulatorias en los centros de Orocovis, Barranquitas y Naranjito ya están operando, al igual que su programa de “home care” y hospicio.

“Lo más que nos está llegando es gastritis, conjuntivitis, sarna y enfermedades de la piel, además de muchos traumas de personas que se cortan ayudando en las comunidades”, dijo la doctora Ada Santos, directora médica de SIM, quien resaltó que entre los medicamentos difíciles de conseguir se encuentra la permetrina en crema para el tratamiento de los casos de sarna.

Personas con infartos y dolores de pecho también están solicitando atención médica con frecuencia, indicó Edna Morales Fuentes, supervisora de enfermería, quien señaló que también atendieron a un adulto con varicelas.

“También nos están llegando embarazadas con amenazas de abortos, el jueves pasado nos llegó un caso de unos gemelos y ayer nos llegó un natimuerto”, dijo el doctor José González, otro de los médicos de SIM.

El doctor Nelson Almodóvar Rodríguez, director médico de SIM en Naranjito, advirtió que el personal médico y de enfermería también está pendiente de los casos sospechosos de leptospirosis que les puedan llegar ya que, según dijo, los primeros tres días son vitales en el tratamiento de esta enfermedad.

Según informó Amador, SIM también ha recibido donaciones de varias entidades, como Comprehensive Pharmacy Services, que donó 50 vacunas antitetánicas que repartieron en varios de sus centros.

Hernando Garzón, de International Medical Corps, organización sin fines de lucro que ayuda a países que han sufrido desastres naturales o guerras, visitó el miércoles el SIM de Naranjito para identificar posibles áreas de ayuda.


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