Rafael Durán asegura que la lucha por las peleas de gallo en Puerto Rico no ha terminado, luego de que la gobernadora Wanda Vázquez firmó una ley para mantenerlas vivas.

Edwin Fuentes cargaba en sus brazos a Cenizo, uno de siete gallos que pondría a pelear estar tarde en la gallera Las Palmas, de Bayamón, cuando estalló emocionalmente ante la mera pregunta de qué haría mañana, cuando entre en vigor la prohibición federal de las peleas de gallos.

“Nos vamos a morir de hambre en este país. Lo que he hecho toda la vida es esto”, dijo exaltado el hombre de 64 años, quien ha estado ligado al negocio de los gallos desde los 8 años.

Vecino de Comerío, sacó del bolsillo los tranquilizantes que usa a diario para enfrentar emocionalmente la posibilidad de que las peleas de gallos, su único ingreso, sean cosa del pasado en Puerto Rico dentro de muy poco.

“Volverme loco, será”, dijo al pensar qué hará sin las peleas. “No tengo nada más que hacer… ando con pastillas para los nervios”.

El propio copropietario de la gallera, Carlos Humberto Ortiz, tuvo que buscar ayuda profesional para enfrentar la amenaza de la prohibición.

“Tuve que ir al sicólogo. Después he procesado las cosas y me he acomodado, pero hoy me levanté con esa pregunta: ¿qué voy a hacer después de las 12 de la noche cuando tenga que ponerle un candado a esto? Hay que ver lo que sucede. Tengo veintipico de empleados y somo gente de clase media y baja”, dijo el hombre a El Nuevo Día.

El ambiente hoy en esta histórica gallera de Bayamón es de incertidumbre y confusión. Si bien la gobernadora Wanda Vázquez firmó una ley esta semana que podría extender esta práctica de jugar gallos mientras se dilucida en corte el futuro del negocio, muchos galleros entrevistados por El Nuevo Día dudan del verdadero efecto de la ley.

Otros, como Tomás Rivera Vázquez, lo dejan en manos divinas.

El hombre tiene 69 años y juega gallos desde los 12 años.

“Vamos a ver si Dios y la Virgen nos ayudan”, respondió el hombre, cuando se le preguntó si se sentía orientado sobre lo que pasará mañana. “Vamos a ver si nos ayuda allá arriba el Señor. A ver si resuelve y podemos jugar gallos”.

Ni el propio copropietario tiene totalmente claro el panorama. Independientemente de lo que pase en los próximos días o semanas, Ortiz reconoció que no le “da mucho” tiempo al negocio de los gallos a largo plazo.

“Me critican cuando digo eso”, afirmó Ortiz. “Hay que esperar a ver si con la firma de la gobernadora eso nos ayuda y se da un conflicto entre el gobierno estatal y el federal y que haya buenos frutos de eso, pero estoy ante la incertidumbre porque no hay algo concreto, no se han dado los permisos y uno tiene sus dudas”, dijo.

“Estamos en incertidumbre y puede pasar cualquier cosa”, agregó. “Pero tenemos fe en la gobernadora y que el gobierno de aquí nos apoye”.

Ortiz cerrará mañana y no espera reabrir hasta dentro de 15 días en lo que saca la nueva licencia para la gallera.

Rubén Méndez, supervisor en la división de mantenimiento de un hotel en San Juan, reconoció que no hay certeza sobre prácticamente nada relacionado al juego de los gallos.

“Tengo entendido que las galleras no van a abrir mañana. Según tengo entendido, luego del 15 (de enero) vamos a poder jugar gallos porque se van a hacer unos cambios a la ley”, dijo Méndez.

Méndez administra un rancho donde crían gallos de pelea. Allí hay tres empleados que cobran $350 semanales. También compran en ese rancho $1,500 mensuales en comida a un agrocentro.

“Una cosa mueve la otra y esos empleados son jefes de familia”, dijo, al recordar que otros eslabones en la cadena que son las peleas de gallos también se ven afectados como los encargados de reproducir los animales.

Saúl Velasco, vecino de Toa Alta, trabaja en el estacionamiento de Las Palmas, es dueño de gallos y cría gallos a dos personas más. Está jugando desde los 12 años y, a los 36, dijo que si prohíben las peleas de gallos se irá a trabajar en la construcción.

“Esto ha sido algo malo. Tengo dos trabajos ahora mismo y si me los quitan, yo tengo tres hijas y un varón y sería fuerte. Para la familia es algo malo”, dijo.

Como otros entrevistados, Velasco reconoció desconocer qué va a pasar en el futuro cercano.

“Nadie todavía está actualizado sobre eso, pero vamos a ver si hoy nos enteramos de lo que va a pasar”, dijo.

Javier Estrada llegó a Las Palmas proveniente de San Germán y juega gallos en toda la isla.

“Esto es algo incierto. Hasta que no pongan los puntos claros de parte tanto de la gobernadora, la ley que puso y la misma Asociación (Cultural y Deportiva del Gallo Fino de Pelea), hasta que no tomen una decisión clara hay muchos galleros que tenemos dudas todavía”, dijo el hombre, cargando dos gallos en sus brazos.

El hombre de 33 años no vive de las peleas de gallos, describiéndolas como un pasatiempo.

“Nos ganamos dos o tres pesitos adicionales. Es una pena porque todas las generaciones de mi familia hemos sido galleros”, dijo.


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