Desde la izquierda, Julián Nazario, Jolianys Vázquez, Marcos Santana Andújar, Deborah Soler, Luis Carlos Santiago y Gabriela Valentín. (Juan Luis Martínez Pérez)

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. - Nelson Mandela

En un país donde el 58% de los menores de 18 años vive bajo el nivel de pobreza, la educación parece ser la única puerta hacia un camino de oportunidades que les permita salir de un ciclo que les limita sus sueños y la oportunidad de un futuro distinto.

Ese es el sentir de un grupo de jóvenes que, con motivo de la celebración del Mes de la Niñez y la Prevención del Maltrato a Menores, conversó con El Nuevo Día sobre su propuesta para atender la pobreza infantil.

“Que el 58% de nuestros niños viva en pobreza, que 4,736 niños no tengan un hogar fijo, según publicó el Departamento de Educación federal; y que 316 jóvenes estén embarazadas en el sistema público de enseñanza, según una investigación de la Cámara, son datos que nos hacen movernos y de ahí surge el tema”, detalló Marcos Santana Andújar, portavoz de la Red por los Derechos de la Niñez y la Juventud de Puerto Rico.

Según el Índice de Bienestar de la Niñez y la Juventud, publicado por el Instituto del Desarrollo de la Juventud (IDJ) en marzo de este año y que recoge datos de 2017, el 57.8% de los niños en el país vive bajo el nivel de pobreza.

Puerto Rico -reveló el estudio- tiene el índice más alto de pobreza en comparación al estado en peor condición de los Estados Unidos, que es Luisiana con un 28%.

En el caso de municipios, la cifra puede alcanzar hasta el 84%, como es el caso de Maricao.

A esto se suma que la isla, con un 44.7 %, ocupa la primera posición en Estados Unidos de hogares con niños que reciben beneficios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN).

“Hay un problema estructural. No hay conexión entre las agencias y no se ve el problema de los niños de manera integrada... el problema de los niños no es aislado”, sostuvo Santana Andújar.

Integración en la política

Incorporar los procesos políticos al currículo de enseñanza en las escuelas públicas es un primer paso que permitirá a los estudiantes asumir un rol activo en las decisiones que les impactan.

“Los jóvenes no conocemos los procesos legislativos del país. Vivimos en una burbuja y esa es la realidad”, reconoció Deborah Soler, estudiante de la escuela Doctor Carlos González, de Aguada.

Soler conoció del proceso legislativo luego de trabajar un período de dos semanas en El Capitolio con el representante Manuel Natal. Posteriormente, invitó al legislador José “Che” Pérez a dar una charla en el plantel.

Tras la experiencia, radicaron -a través de la organización escolar “Corónate Princesa”- la Resolución Conjunta de la Cámara 464, que ordena a la Oficina de la Procuradora de las Mujeres a certificar a los miembros de la organización en temas de violencia doméstica y de género para que puedan impactar a sus pares.

“De joven a joven nos entendemos, sabemos cómo podemos llevar el mensaje, cuáles son los temas que necesitamos y queremos escuchar”, expresó Gabriela Valentín, quien también cursa estudios en el mencionado plantel.

Para las estudiantes de cuarto año, urge, además, integrar al currículo cursos que responden a las necesidades sociales y del mercado laboral actual, como pensamiento crítico, cambio climático, política pública y tecnología.

“Los jóvenes tenemos que estar al tanto de todo lo que ocurre en el país para poder aportar al cambio, crear soluciones”, señaló Soler.

Lamentaron que no todas las escuelas cuentan con la oportunidad de desarrollar modelos especializados que le proveen al estudiantado unas capacidades adicionales. El gobierno, agregaron, también limita a los maestros a dar la milla extra debido a la carga excesiva de tareas administrativas.

“Todos los logros que hemos tenido son porque el maestro ha dado un poquito más allá”, dijo Soler.

Valentín y Soler señalaron la necesidad de atender, desde los planteles, el tema de la violencia de género, conducta que puede presentarse desde el noviazgo.

“Que nosotros los jóvenes reconozcamos la necesidad que hay sobre la violencia de género y trabajemos para erradicarla nos hace desarrollar esos líderes que tenemos dentro”, expuso Soler.

Más herramientas

Luis Carlos Santiago tiene 26 años y estuvo bajo la custodia del Departamento de la Familia hasta los 23, cuando completó estudios en Ciencias del Ejercicio y Promoción de la Salud en la Universidad del Sagrado Corazón (USC).

Santiago reconoce las virtudes del sistema, pero también aquellas áreas que deben ser reforzadas para que ese menor -una vez logre su independencia- salga con las destrezas necesarias para asegurar su futuro. “Hay cosas que yo pude haber trabajado dentro del hogar, como aprender a cocinar, a planchar, cosas pequeñas que nos ayudan a prepararnos para una vida independiente”, señaló.

Los reglamentos de la agencia, sin embargo, no permiten que los menores asuman este tipo de tareas, señaló Santiago, quien hoy trabaja en la Casa Manuel Fernández Juncos, institución que lo guió gran parte de su vida.

Hubiera deseado también que le enseñaran a utilizar el transporte público. Santiago participó del programa “Vida Independiente” mientras cursó estudios universitarios.

“Deben permitirles que se puedan mover, porque muchas veces hay actividades que tiene el Departamento de la Familia en Vida Independiente y no tienen recursos de transportación, pero hay unos recursos que da el gobierno, que es el tren y las guaguas públicas”, señaló Santiago.

En esa misma línea, Santana Andújar destacó la urgencia de repensar las escuelas vocacionales de acuerdo a las necesidades del momento. “Si durante el proceso (de estudios) decidieras ir a la universidad, ya tienes algo con que baquearte, tienes un empleo”, añadió Santiago.

Espera que desespera

Joelianys Vázquez Colón, de 15 años, perdió a su papá hace un año y nueve meses. Inmediatamente, su abuela -con quien vive junto a su hermana menor- acudió al Departamento de Educación a solicitar ayuda psicológica para ambas debido a los rezagos que enfrentaban a causa del trauma emocional que atravesaban.

Pasó un año y nueves meses desde aquella evaluación y ahora es que Joelianys y su hermana reciben la ayuda solicitada. “Bajé las notas. Estaba pasando por un proceso difícil”, dijo.

“Los niños tienen problemas, necesitan ayuda y no hay esa facilidad inmediata”, compartió la estudiante de la escuela Tomás “Maso” Rivera de Toa Alta.

“Uno se siente como perdida. No sé cómo volver a empezar, no sé cómo reaccionar. No tengo esa seguridad de que mañana voy a estar bien, así me siento, como devastada”, compartió la jovencita que vive con su abuela desde que tiene cinco años.

Esa inmediatez para atender las necesidades de los menores es uno de los factores esenciales para combatir lo pobreza, sostuvo.

Vázquez Colón mencionó también la necesidad de integrar la tecnología y la innovación a las clases para hacer de estas unas unas más dinámicas. “Todo es escucha y copia... me mandan a hacer un proyecto de investigación, pero estoy escasa de recursos, no tengo computadora. Todos tenemos unas metas, todos queremos llegar a ser grandes, progresar”, mencionó.

“La escuela del pasado”, agregó Santiago.

Con Vázquez Colón coincidió Soler. “Nos preguntamos por qué hay desertores escolares, por qué faltan a la escuela y eso incide en la pobreza también”, dijo.

Responsabilidad de todos

El grupo de jóvenes resaltó que la erradicación de la pobreza infantil debe ser prioridad de todos los sectores, incluyendo a aquellas empresas privadas que reciben beneficios contributivos.

Julián Nazario, estudiante becado del colegio San Ignacio, indicó que como parte de ese exención, el gobierno debe exigir -a través de una “alianza social”- una inversión por parte de esas empresas en las comunidades y escuelas.

Nazario propuso que el estado replique modelos como “Mochila Alegre” del Banco de Alimentos que le provee víveres para el fin de semana a estudiantes que no tienen qué comer.

“Se debe promover una política pública de parte del gobierno y de parte del Departamento de Agricultura para hacer un programa nacional”, sugirió.

El jovencito de 14 años y residente de Carolina abogó, además, porque se desarrollen e implementen las propuestas que surgen de las diversas cumbres que se celebran a nivel legislativo y gubernamental.

“Que no simplemente se quede en un 'ok', vamos a hacer una cumbre de seguridad, vamos a traer ideas, pero esas ideas se quedan en papel”, puntualizó Nazario.

Cómo integrar a los jóvenes a empresas y agencias del gobierno para que lleguen al mercado laboral con una experiencia es otra posibilidad que debe plantearse, así como dejar a agencias como el Departamento de Educación fuera del vaivén político eleccionario de cada cuatro años.

“Que nos permitan desarrollar las capacidades que tengamos cada uno, que nos den las facilidades y no nos limiten”, sostuvo Vázquez.


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