René Delgado es el fundador del Taller Escuela de Diseño y Arte Funcional. (semisquare-x3)
René Delgado es el fundador del Taller Escuela de Diseño y Arte Funcional. (Luis Alcalá del Olmo)

Transformar un pedazo de madera en una mesa o una silla hace tiempo dejó de ser un asunto de medidas, corte, lija y ensamblaje en el taller de René Delgado Rodríguez.

El artista fundó el Taller Escuela de Diseño y Arte Funcional para enseñar a personas con diversos trasfondos personales y profesionales en el arte de trabajar con madera. Pero, poco a poco, el lugar se ha convertido en un centro de socialización, de educación continua tras el retiro, de proyecto intergeneracional en el que comparten de tú a tú jóvenes con adultos mayores y de estímulo multisensorial.

Lo que ocurre allí sigue siendo aprendizaje, pero también sirve de terapia y estimulación de la memoria y la capacidad de nuestro cerebro de seguir formando conocimiento. Quienes asisten a las clases del Taller no tienen que saber nada de madera, diseño o construcción, pero deben estar dispuestos a aprender en grupo, a compartir y hacer nuevas amistades.

René, quien se define como artista, diseñador y artesano, hizo un Grado Asociado en Artes Gráficas, un Bachillerato en Educación Industrial, un certificado profesional en el Art Institute of Boston y, más adelante, una maestría en diseño y construcción de muebles en la School for American Craftsmen en Rochester Institute of Technology. Desde entonces, su trayectoria laboral incluye consultoría para la Compañía de Fomento Comercial, consultoría en la industria de muebles, diseños para la industria publicitaria y museos, entre otros. Después de algunos tropiezos económicos, surgió la idea de abrir el Taller Escuela.

Yo creía que estaba loco”, dice sobre su idea de hace nueve años. “Diseñé un curso básico. No sabía si iba a venir gente. Esto ha sido un proceso de aprendizaje. La gente ha venido a aprender de mí y yo aprendo de ellos”, declara René, quien dedica parte de su tiempo a crear esculturas de madera y quien ha hecho exposiciones individuales y colectivas.

“Lo que ofrecemos es una experiencia creativa de hacer un proyecto de la ‘A’ a la ‘Z’”, explica René sobre las clases con capacidad para hasta 12 estudiantes.

En los cursos se ofrece información sobre las diversas variedades de madera, sus características y formas de escogerlas, cortarlas, darles forma y ensamblar, así como el uso correcto de las máquinas.

“En una misma clase hay gente de diferentes edades a quienes hay que hablarles diferente. Pero es bien interesante porque, no importa la edad, terminan trabajando juntos y ayudándose. Eso no es común en este tipo de clase”, describe. “El reto más grande son los jovencitos. Pero, con el paso de las clases, uno va conociendo las razones por las que llegan todos aquí, especialmente los mayores”, agrega el artista de 59 años.

En ese centro de aprendizaje es común que un estudiante comparta con un maestro retirado, un ingeniero, una arquitecta y una ama de casa, entre otras personas que componen el diverso grupo de aprendices. Es particularmente interesente la cantidad de mujeres de todas las edades que asisten a las clases.

Eso ha sido más frecuente después del paso del huracán María hace ya año y medio, cuando se cayeron miles de árboles, razón por la cual René asegura que “el interés de aprender a hacer cosas con las manos ha aumentado. Ese evento obligó, especialmente a muchas mujeres, a hacer trabajos que antes no hubiesen pensado hacer y se han interesado por este tipo de trabajo”.

Buscan “algo que hacer”

El Taller Escuela también ha servido de fuente de empleo para Rafael Feliciano del Valle, de 62 años, quien laboró como paramédico en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, específicamente en la Oficina de Seguridad, y se jubiló luego de 38 años de trabajo.

“Cuando dejé de trabajar le di mantenimiento a la casa completa y cuando terminé miré para el lado y dije ‘¿qué voy a hacer ahora?’”, recuerda Rafael, quien se describe como hiperactivo y reconoce que con la jubilación también inicia una etapa para las parejas que comienzan a pasar más tiempo juntos y tienen que aprender a manejar la nueva realidad.

“Tenía que seguir haciendo algo y comencé aquí. Me gustó el grupo porque son personas mayores y todos estamos aquí por lo mismo, por aprender a trabajar con madera”, explica Rafael.

Eventualmente, le pidió a René que le permitiera ir más frecuentemente y, eventualmente, fue contratado para asistir en el Taller Escuela. Actualmente, trabaja un día a la semana y, otro día, va para hacer proyectos personales, como la mesa de dominó que está en proceso y la greca de café antigua que planifica hacer luego.

“Me paso ayudando a los muchachos (estudiantes) en otros proyectos que ellos tienen porque se necesitan dos personas. A veces viene alguien con una idea y no tiene el conocimiento completo y todos aportamos. La habilidad de cada uno es diferente”, dice y confiesa que ha dañado pedazos de madera en el proceso.

“Estuve en un curso de Defensa Personal como cuatro años para mantener la condición física. Es un grupo bien ameno. Eso ayuda a uno en la autoestima, uno respira mejor, ve la vida con un punto de vista muy diferente. Me quité porque tengo una lesión en la rodilla”, señala Rafael, quien también es instructor de primeros auxilios y resucitación cardiopulmonar (CPR).


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