Con necesidades especiales y afectados por la crisis sísmica en el sur de Puerto Rico, estos boricuas esperan que La Fortaleza y la Guardia Nacional instalen una carpa con aire acondicionado.

Peñuelas - Más de 250 refugiados amanecieron hoy, domingo, en la Pista Atlética de Peñuelas, donde fue habilitado el refugio del municipio debido a los fuertes terremotos que han azotado la región sur de Puerto Rico.

El ambiente esta mañana era silencioso, mientras las decenas de personas recibían su desayuno, aunque la preocupación entre los refugiados es evidente. Al mismo tiempo, se continuaba repartiendo ayuda de primera necesidad.

Desde un camión, descargaban decenas empaques de botellas de agua, repartían comida y asistían a los afectados por los temblores. Cerca de las 10:00 a.m., una bocina con música comenzó a sonar, a modo de intento de distracción. Mientras, en la cancha de baloncesto un grupo de niños lanzaba algunas canastas y bajo una carpa una trabajadora social mantenía a un grupo de infantes entretenidos con juegos terapéuticos.

“Simplemente es un grupo de colegas que nos reunimos, una hizo el llamado, los demás respondimos. Hay un grupo de compañeros que se está encargando de lo que es terapia con juego hacia los niños y estamos otro grupo que estamos impactando lo que son personas envejecientes y adultos”, explicó Analiz Torres, una de las trabajadoras sociales que llegó desde Gurabo y otros municipios.

Torres había estado asistiendo refugiados durante la mañana. “Ese temor que tienen las familias, la ansiedad, se experimenta realmente mucho daño emocional, ellos están afectados por sus estructuras, pero lo mayor es ese daño emocional que es visible, lloran, se desahogan”, relató.

Para el alcalde Gregory Gonsález, una de las mayores preocupaciones es el estado de los envejecientes, encamados y personas con necesidades médicas bajo las carpas. Aseguró que hace varios días La Fortaleza y la Guardia Nacional prometieron la instalación de una carpa con aire acondicionado, pero “todavía estamos en la espera de que se cumpla”.

“Estamos hace básicamente tres días en la espera de esa promesa que nos hicieron de Fortaleza, de ubicar una carpa con aire acondicionado para pacientes encamados y personas con algún tipo de necesidad médica”, sostuvo.

Bajo una de las carpas, permanecía Delia Echevarría Matos, de 65 años, sin despegarse de su papá, de 93 años.

“Es sobreviviente de cáncer, tiene diabetes, alta presión, está operado del corazón abierto, unas cuantas condiciones”, describió Delia, a quien ya se le prometió que su papá sería ubicado en la carpa con aire acondicionado. La sexagenaria aseguró, a pesar de las circunstancias, ha recibido un buen trato en el refugio.

“Gracias al Señor amanecimos bien, porque nos tratan bien aquí”, afirmó. “Vino un psicólogo ya, un médico”, indicó.

En el registro oficial de refugiados, esta mañana había 255 personas. Eso es más que las pasadas dos noches, con 211 y 168 respectivamente. El alcalde aseguró, sin embargo, que la mayoría de los peñolanos continúa durmiendo en las aceras de sus residencias. “Solo basta con pasar frente a las casas”, apuntó.

Gonsález dijo que el número de residencias afectadas o en estado crítico supera las 60, mientras se prepara para mover toda la operación administrativa municipal a la Pista Atlética, en una especie de alcaldía móvil, luego de que se reportaran grietas en la Casa Alcaldía.

“Contratamos unos vagones para ubicarlos acá y básicamente las operaciones de la alcaldía casi en su totalidad las movemos hasta acá hasta pista atlética, incluyendo mi oficina”, explicó.

Asimismo, expresó que firmará un acuerdo con especialistas del estado de Nueva York que incluyen ingenieros estructurales, que vendrían a la isla a revisar los edificios municipales y las estructuras de gobierno, así como las residencias.

En el refugio permanecían personas cuyas residencias han resistido a los temblores, que iniciaron el 28 de diciembre, pero que temen lo peor.

Yomarie De Jesús, de 35 años, decidió salir de su residencia en el barrio Tallaboa Alta, principalmente por el estado de su hijo menor, de 12 años. “No quiere estar en la casa, se pasa más que llorando y asustado”, explicó. La mujer también teme que su residencia se afecte, si continúan las fuertes réplicas.

“No había tenido nada hasta antier que fui y en la sala, está como cayendo el cemento de la sala”, describió.

En otra de las carpas, un estudiante de barbería refugiado por los temblores pasaba el tiempo practicando las técnicas de barbería con otros refugiados. “Todavía estoy estudiando”, dijo Ricardo Santiago, de 18 años, residente del barrio Encarnación de Peñuelas. “Cada rato temblaba eso allá, y como vivo al frente del mar, por miedo…”, relató al explicar las razones por las que había decidido ir al refugio. Su casa permanecía en pie.


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