La Escuela Basilio Milán Hernandez toma adiestramientos para saber cómo reaccionar ante un nuevo sismo.

Toa Baja - Como Jéssica Negrón, maestra de ciencias de sexto grado en la escuela Basilio Milán Hernández, miles de maestros y maestras en el país tienen la enorme responsabilidad de cuidar a sus estudiantes, no importa las circunstancias. Y no es solamente decirles qué hacer en caso de un tsunami o terremoto, igualmente tienen que socorrerlos, de ser necesario y acompañarlos hasta que estén en manos de sus padres o encargados.

“Yo soy madre, tengo una hija en una escuela elemental y otra en la escuela superior y yo quisiera, si pasa algo, salir corriendo para estar donde están ellas, pero no, tengo que mantenerme en mi posición de maestra. Las vidas que tengo aquí, esos 30 estudiantes que tengo de frente los tengo que salvar y confiar que, según mi escuela preparó el plan de seguridad, aquellas maestras mantendrán su calma y llevarán a mis hijas a un lugar seguro”, dijo Negrón a El Nuevo Día.

Los maestros comenzaron el jueves a regresar a las escuelas, luego de que la emergencia causada por los terremotos reconfigurara el calendario escolar. Según el Departamento de Educación (DE), un total de 224 escuelas están aptas para recibir estudiantes y así ocurrirá a partir del martes de la semana que viene.

Al cierre de esta edición, el DE no había actualizado la lista de escuelas aptas y el portavoz de la agencia, Aniel Bigio, dijo desconocer cuándo se hará.

“De hoy (ayer) al domingo o el lunes”, dijo. “Depende de unas reuniones que se sostengan esta tarde con el equipo de infraestructura”, añadió el portavoz ayer.

Al momento, se han completado las inspecciones de 561 de las 856 escuelas públicas, indicó el secretario.

Sin embargo, las dudas sobre la calidad de las inspecciones realizadas en las escuelas por la Autoridad de Edificios Públicos, la Autoridad para el Financiamiento de la Infraestructura y la Oficina de Mejoramiento de Escuelas Públicas han aflorado. Estas inspecciones, dirigidas a identificar daños a causa de los sismos recientes, ha sido puesta en duda por legisladores y gremios de maestros.

Igualmente, se ha cuestionado la efectividad de los planes de desalojo contra terremotos y tsunamis.

La Basilio Milán Hernández está expuesta, al ubicarse en Levittown, tanto a tsunamis como a terremotos y ayer El Nuevo Día fue testigo de una orientación de seguridad brindada a la facultad. Los recursos fueron tres maestros que tomaron un adiestramiento en la Oficina de Manejo de Emergencias de Toa Baja.

“No se puede pretender que el gobierno les dé toda la información y, como dijo (el geomorfólogo) José Molinelli, hay que tener conciencia sísmica”, dijo a sus compañeros uno de los recursos, el maestro de historia José Acevedo.

En el encuentro, donde no faltaron los chistes y los comentarios en voz baja, se repartió un diagrama de la escuela intermedia de dos niveles y alrededor de 500 estudiantes. Por ejemplo, se instruyó a los maestros a mover, en caso de una emergencia, la matrícula ados áreas abiertas, incluyendo el patio central. En un momento, alguien habló sobre la activación de las sirenas de tsunami ubicadas en Toa Baja y otro de los recursos, el maestro Sammy Laureano, bromeó que en un incidente pasado escuchó una de las sirenas y salió a buscar a su suegra.

Salí a mi buscar a mi suegra para tener a mi esposa contenta”, dijo arrancando carcajadas.

Un maestro preguntó cómo se haría un desalojo durante la hora de almuerzo, cuando los estudiantes no están con los maestros, pero no se discutió el tema nuevamente mientras El Nuevo Día estuvo presente.

Durante la charla, la directora del plantel, Ángela Flores Román, comentó que se comprarían unos radios para facilitar la comunicación y Acevedo insistió en que en la escuela, son los maestros quienes imponen las reglas y así se lo tienen que dejar saber a los padres y a los estudiantes.

En la oficina de administración se colocó una hoja que resume el informe de la inspección realizada al plantel. Se hizo el 12 de enero y fue firmada por el ingeniero José L. Girona Márquez, quien resumió sus hallazgos en cuatro puntos al sostener que la escuela está en “muy buenas condiciones”, que hay una grieta superficial en una junta de expansión de una escalera, que hay que resanar el empañetado en varios salones, entre otras recomendaciones menores.

Juliana Soto, trabajadora social del plantel, denunció que el informe completo del ingeniero no está disponible -reclamo levantado también por la dirección de la Federación de Maestros- y que la escuela tiene “muchas” deficiencias como una pared que pudiera derrumbarse en el segundo piso.

“Se establece que fue ocular, pero para decir si hay grietas o no, no hay que ser experto. Es bastante incompleta”, sostuvo Soto en entrevista con El Nuevo Día al insistir en el doble peligro que enfrenta la escuela en caso de tsunami por estar ubicada en Toa Baja, municipio devastado por las inundaciones provocadas por el huracán María.

“Aquí hay un plan bastante genérico que no establece las realidades específicas de cada escuela”, dijo antes de participar en la reunión y al relatar que el simulacro del pasado 10 de octubre fue un desastre.

El secretario de Educación, Eligio Hernández Pérez, le dijo a El Nuevo Día el jueves que los expedientes completos de las inspecciones estarán disponibles para los maestros y padres, pero no precisó cuándo.

Por su parte, la directora escolar Flores Román dijo que tan pronto comiencen las clases la semana que viene se compartirá el plan de emergencias y de desalojo con los padres y estudiantes y que se ensayará, aunque no especificó cuándo, el plan de desalojo, que incluye mover a toda la matrícula al vecino sector Camasey para finalmente ubicarlos, caminando, en el Coliseo Antonio R. Barceló, donde serían recogidos por los padres.

Flores Román dijo estar “muy satisfecha” con la inspección realizada.

“Fuimos salón por salón a verlos, hasta fueron a la cancha…. Uno a uno en los salones chequearon la estructura, la miraron bien y como dijimos allá adentro (en la reunión de maestros) no se puede garantizar nada, pero sí ocularmente determinaron que la escuela está bien”, dijo.

Flores Román describió la pared a la que aludió Soto como “una grieta porque el agua se metía”.

“Pero los inspectores llegaron y no hicieron ninguna recomendación para eso”, dijo la directora. “No voy a exponer a ningún maestro ni me voy a exponer tampoco… yo también me tengo que proteger. Soy abuela y madre y tengo que llegar a mi casa”.

Mabel Vázquez Montalbán, madre de un estudiante de octavo grado, llegó a la escuela buscando información y salió satisfecha.

“Me comunicaron que las estructuras, el ingeniero verificó y dijo que está todo bien y en orden y que van a orientar a los estudiantes los mismos maestros para coordinar en caso de una emergencia”, dijo la mujer, residente del barrio Ingenio.

Cuando se le preguntó si entendía importante tener acceso al informe completo de inspección, dijo que quiere ver el documento, “pero confío en la palabra de los maestros que me están hablando. Hasta ahora, han sido muy amables y específicos en todo. No hay duda”, afirmó.

Denuncias de la Federación

La Federación de Maestros levantó ayer dudas sobre el resultado de algunas inspecciones realizadas en las escuelas.

Su presidenta Mercedes Martínez comparó la información sobre la inspección hecha en la escuela Delia Dávila, en Toa Baja con los datos del plantel Basilio Milán Hernández y observó que el documento de la primera es mucho más detallado.

“De manera genérica señalan que hay que resanar el empañetado de vigas en varios salones, pero no dice cuáles”, sostuvo. “Ahora, le corresponde a las facultades exigir que se trabaje sobre esas recomendaciones de manera inmediata, tomar fotos y exigir que se detalle específicamente los salones que menciona el informe”.

Martínez mencionó que la escuela Manuel Velilla, de Toa Baja, fue certificada por el ingeniero Luis Abreu Noble, como verde lo que significa que puede abrir, Sin embargo, no incluye un solo comentario en el informe y lo mismo ocurrió con la escuela Agustín Cabrera, de Carolina. La escuela Alejandro Tapia y Rivera, en San Juan, fue certificada verde, aunque el ingeniero Heriberto Candelario Rosas consignó que no tuvo acceso al techo.

La escuela Efraín Sánchez Hidalgo, de Toa Baja, está clasificada verde a pesar de que el ingeniero Girona Márquez detectó grietas en cuatro salones, en un baño, una varilla expuesta en el techo por filtración y que una columna en el segundo piso requiere reparación. También, menciona que hay otras varillas expuestas, recomienda la reparación del plafón y de las juntas en un almacén.

En el caso de la escuela Libre de Música, en San Juan, el ingeniero Miguel Vélez Torres autorizó su uso, aunque anotó que una escalera no pudo ser utilizada durante un plan de desalojo al ser “flotante”, lo que significa que no tiene los soportes necesarios. El ingeniero incluyó los datos de la escalera como un comentario que le hizo la directora y no como un hallazgo.

El titular de Educación defendió la calidad de las inspecciones, pero dijo que examinará las denuncias.

“En los casos que amerite, lo discutiré con la Asociación de Maestros, que es el gremio con el que tengo que negociar”, dijo. Agregó que los señalamientos son “una percepción subjetiva” lo que no implica que las inspecciones no sean de calidad.

Martínez también cuestionó ayer cuándo y cómo el DE reubicará a los maestros de las escuelas en las que se han encontrado daños que imposibilitan su reapertura. El DE ha fijado esa lista de escuelas no aptas para abrir en 40.

Sobre las escuelas que no estén aptas para iniciar para iniciar clases, el secretario del DE indicó que, como primera opción, se auscultará la reubicación del personal y de los estudiantes dentro de otra escuela del municipio para operar en horario alterno.

En cuanto a las escuelas parcialmente aptas para abrir, dijo que se trabajará según los daños identificados y posibles reparaciones inmediatas en los casos que sea viable.

Para la comunidad escolar del sur, se contempla, con fondos de FEMA, alquilar instalaciones y colocar carpas.

Independientemente del escenario, Hernández no pudo brindar un cálculo de cuándo hará pública esa información.


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