Un Guacamayo junto a una de las carpas en el Coliseo Ángel Mercado, en Sabana Grande. (Ramón “Tonito” Zayas)

El peregrinaje de la mayoría de ellos comenzó el pasado 7 de enero cuando un temblor de 6.4 sacudió la isla en horas de la madrugada. Salieron huyendo. Algunos llevaban unas pocas pertenencias. Otros corrieron con lo que tenían puesto.

La primera parada fue la plaza pública de Sabana Grande. Buscaban un sitio seguro, donde no solo la intensidad de los sismos fuera menor a la sentida en Guánica, de donde salieron, sino que también estuviera alejado de la costa por miedo a un tsunami.

Hoy, su hogar temporal es el coliseo Ángel Mercado de Sabana Grande, donde permanecen albergados. ¿Cuál será la próxima parada? No saben. Lo que sí aseguraron muchos es que no desean regresar a Guánica, de donde salieron huyendo, hasta que -al menos- baje la frecuencia de los sismos.

Yo tengo esperanza, pero hasta que no se acomode esa falla, no. Ha tardado demasiado en acomodarse”, compartió Leonel Vega Hernández, quien tiene su residencia en la barriada La Esperanza de Guánica.

“Si dejara de temblar, con eso y todo a uno como que le da miedo porque uno vivió todo eso. Por lo menos yo, que tendría que volver ahí…sería horrible si volviera a temblar”, añadió.

Jaileene Víaz no sabe si regresaría a Guánica. Dos de sus hijos, los más grandes, le dicen que se vayan a los Estados Unidos a vivir. “No creo (que regresaría), más por los nenes. Ellos se quieren ir. Me dicen: ‘mami nosotros no queremos estar allí, esa casa se va a caer’. Ya tienen el miedo”, relató.

La experiencia vivida el 7 de enero, compartió, fue difícil. Al momento de huir, dijo, no tenía cómo abandonar el apartamento -en un tercer piso- con los más pequeños al hombro. “Tenía la bebé en la cuna y los nenes juntos y cuando empezó a temblar, yo le decía a los nenes: ‘tapen al nene’ y yo trataba de coger el nene y empecé a llorar porque no podía coger la nena”, recordó la madre de cuatros.

Doris Centeno tiene fe que podrá regresar a su casa. “Yo espero pronto, por lo menos esta semana salir…aquí hay comida, desayuno, baños, todo lo tenemos a la mano. Pero no es fácil, no es lo mismo a cuando uno tiene lo de uno”, dijo la mujer.

Centeno llegó al refugio junto a su esposa, hija y nietos. Las mascotas también le acompañan. “Lo que hicimos nosotros fue gritar, él y yo, porque cuando empezó a caerse los espejos, los televisores, todo es. Mi casa está llena de cristales. Todo está esbaratao”, mencionó.

El alcalde interino de Sabana Grande, Noel Matías, indicó que en el municipio hay 161 refugiados. De estos, el 90% son de los pueblos adyacentes de Guánica, Guayanilla y Yauco. “La mayoríade los refugiados son de Guánica. Tenemos una familia de Maricao y gente de Las Marías”, señaló Matías.

El Municipio, con la ayuda de entidades y otros pueblos, ha habilitado múltiples carpas. En las primeras dos están ubicadas las personas encamadas, unas seis. Permanecen en camas de posiciones que han sido cubiertas con mosquiteros y un armazón en tubos plásticos que fueron construido por voluntarios del Club de Leones. “La mayor necesidad que hemos tenido desde el día uno es la ayuda emocional…han venido, nos han ayudado, pero todavía hace falta ayuda. Ellos tienen miedo, la gran mayoría son de Guánica…muchos temen llegar a Guánica nuevamente”, explicó José Cuevas, uno de los encargados del refugio.

Igualmente, se han identificados 89 viviendas con daños serios. Ninguna residencia colapsó. La mayoría de las estructuradas afectadas están en el barrio Susúa que colinda con los pueblos de Guánica y Yauco.


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