Varios residentes del municipio buscaron resguardarse ante las fuertes lluvias que se esperaban por el paso de la tormenta tropical por la isla.

Canóvanas - Como las inundaciones a las que tanto temían nunca se produjeron, Héctor Julio Guzmán sentó a su esposa, Mency Serrano Díaz, en una silla de ruedas y emprendió a pie la ruta desde el refugio ubicado en la Escuela Vocacional de San Isidro hasta su hogar en Villa Hill.

Iba “contento” porque la tormenta tropical Karen no había causado estragos en las comunidades inundables de Canóvanas. Sin embargo, se expresó inconforme con su experiencia en el refugio.

“Estoy preguntando que a qué hora que nos van a transportar, porque la mayoría de la gente se fue ayer a las 7:00 p.m. a las 8:00 p.m. No saben a la hora que nos vamos, pues arranqué por donde mismo vine, a pie”, sostuvo Guzmán mientras salía del refugio.

Añadió que “la experiencia no estuvo muy buena. No es fácil estar en un refugio y con una persona como la doña mía, que yo tengo que bregar y no ayudan a don Víctor, (quien es ciego)”.

Serrano Díaz se encuentra encamada, pues a dos días del paso del huracán María por la isla sufrió un infarto que le dejó el lado izquierdo del cuerpo inmóvil. Ante esta situación de salud, su esposo prefiere buscar refugio con anticipación ante la amenaza de un sistema atmosférico, pues reside en un área inundable.

Desde ayer en la tarde Guzmán se había expresado desesperado por irse a su hogar, porque la tormenta Karen no había producido lluvias en el área de Canóvanas.

Hoy, cuando ya se marchaba del refugio, se mostró más conforme porque el ciclón no generó efectos adversos sobre la isla.

“Yo me alegro que no haya pasado nada, porque no queríamos que viniera ningún estrago que nos afectara. Estamos contentísimo de que no pasara nada. Ella era la que estaba bien nerviosa, porque cada vez que veía la televisión de que venían ocho pulgadas de lluvia hasta las uñas se comió. Ahora estamos contentos, feliz, y a descansar para la casita”, sentenció el hombre, quien caminaría unos 20 minutos para llegar a su hogar.

En el refugio ubicado en la Escuela Vocacional San Isidro se llegaron a congregar 92 personas. Pero temprano en la mañana la cifra había disminuido sustancialmente. A eso de las 6:30 a.m. quedaban unas 24 personas. Solo un grupo de niños permanecía durmiendo.

Entre las personas que se encontraba estaba una deambulante, identificada como Elizabeth. Esta fue rescatada por un buen samaritano en una parada de guaguas en Carolina. La persona la llevó a comprar ropa y la dejó en el refugio que se encontraba cercano a su hogar.

Esta mañana personal del Departamento de la Vivienda a cargo del refugio hacía gestiones para buscarle un albergue.

También se encontraba en el refugio Víctor Martínez Ortiz, a quien Guzmán comentó que le ayudaba a la hora de comer o ir al baño.

El envejeciente, quien dijo solo sufre de ceguera, esperaba pacientemente porque del municipio lo transportaran a su hogar en el sector Las Delicias, del barrio San Isidro.

Víctor Martínez Ortiz es uno de algunos de los refugiados que pasaron la noche de la tormenta en la cancha de la escuela vocacional San Isidro.

Martínez Ortiz comentó que decidió refugiarse desde el pasado lunes, pues pasó una experiencia terrible durante el huracán María.

“Es una cosa que no se me olvida nunca. Iba a perder la vida en mi casa. El agua llegaba hasta el techo y tuve que romper una ventana para poder salir. La experiencia fue demasiado grande. Hay que tener uso de razón para saber que uno no puede seguir pasando por eso”, afirmó Martínez Ortiz, quien comentó que la pasó a perfección en el refugio.

Elizabeth Calderón y su esposo, Ángel Osorio, quienes residen en la urbanización Palma Arenas de Loíza, también se marchaban contentos con la experiencia que tuvieron en el refugio.

“Nos sentimos en un hotel cinco estrellas”, precisó Calderón, mientras ubicaba sus pertenencias dentro del auto.

La mujer comentó que pasaron la noche conversando con otros refugiados, y cerca a su hija y nieta. “Todos en familia”, expresó.

Osorio, por su parte, daba gracias a Dios porque las temidas inundaciones que afectan a Canóvanas y Loíza no se produjeron.

“Es una bendición… Estas son cosas atmosféricas, que uno no tiene control”, manifestó.

“Estamos vivos, que es lo importante. Ahora, vamos a lo material”, concluyó Osorio, al explicar que se dirigían a su casa para conocer si había ocurrido alguna incidencia.

Tras un recorrido por la zona de Loíza y Canóvanas, solo se pudo observar que la arena de playa ocupaba algunas zonas de la carretera PR-187, en Piñones. No se reportó en el área ningún incidente ni inundaciones.


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