El personal de la organización sin fines de lucro Jóvenes de Puerto Rico en Riesgo (JPPR) lleva dos décadas implementando un programa de enseñanza entre adultos y jovenes

“Quiero que la persona que me toque entienda que no estará sola, que me tendrá a mí, tendrá a su familia, que tendrá apoyo y podrá superarse a sí misma”.

Son palabras Melaine Iturbides, una niña de 12 años que no puede esperar a que llegue agosto para que arranquen las clases y convertirse en mentora, una guía en la vida de un estudiante menor que ella. Iturbides va para octavo grado en la escuela República del Perú, ubicada en el residencial Luis Llorens Torres, y le tocaría un estudiante de séptimo.

“Mi hermano había participado en un programa así y me contó. Me gustó, es algo nuevo y quiero probar cosas nuevas”, dijo.

Iturbides no estaría sola, sino con el apoyo del personal de la organización sin fines de lucro Jóvenes de Puerto Rico en Riesgo (JPRR). Fundada hace 21 años por la psicóloga clínica y trabajadora social Mercedes Cintrón, la JPPR lleva dos décadas implementando un programa de mentoría entre adultos y jóvenes. Hace cinco años, iniciaron el programa de menores pares en que un banaré (o camarada), ayuda a un sibarí (o flecha) en la transición del sexto al séptimo grado.

Una peculiaridad de la JPRR es el uso de palabras indígenas para identificar diferentes programas.

“Ella (Cintrón) se dio cuenta, mientras trabajaba en la cárcel, que la mayoría de los presos no había llegado al décimo grado. Se quitaron en noveno. Hoy día, un promedio de 96% de los hombres y mujeres presos no pasaron del noveno grado”, dijo Maribel Caro, directora ejecutiva de la JPRR, con sede en la calle Arzuaga, en Río Piedras.

De ahí la necesidad de los dos programa de mentoría, incluyendo el de pares, en el cual Iturbides participará. JPRR también ofrece talleres de prevención de riesgo y talleres de desarrollo personal.

“Mi hermano vino cambiado. Hacía nuevas cosas, entendía más y apoyaba a las personas. Quiero aprender más cosas y apoyar a los demás. Entender lo que está pasando ahora…. ya mismo voy a ser grande y quiero entenderlo todo”, dijo Iturbides, una adolescente muy segura de sí misma que ama el fútbol y quiere ser piloto.

El programa de mentores pares inicia con un referido de un maestro en una de las cinco escuelas donde JPRR tiene presencia. Ese educador recomienda a estudiantes que muestran cualidades de liderato y buen desempeño académico, quienes son adiestrados por los coordinadores de JPRR.

“Luego del taller tienen una reunión ellos solitos, y los sibarí (pupilos) tienen una actividad al mes donde se discuten los cuatro principios básicos: disposición de aprender, persistencia, autocontrol y autoeficacia”, dijo Caro.

Un sibarí es seleccionado siguiendo criterios como: presencia en su entorno de violencia, pobreza, abuso de sustancias, madres jefas de familia y marginalización social. La idea es que ese joven pueda compartir con otro, que ya ha caminado sus pasos, que conoce sus preocupaciones y también las circunstancias particulares de su comunidad.

Si surge información delicada, los mentores pares refieren al coordinador. Igualmente, los coordinadores orientan al mentor si hay problemas de comunicación con su pupilo.

“Los pares traen esa camaradería. Puede que no tengan toda la experiencia, pero se pueden comportar como alguien que les guía, les acompaña y les escucha”, explicó Caro.

Jordy Aponte tiene 13 años y en agosto comienza el octavo grado en la escuela Jesús Santos Quiñones, en Canóvanas. Según contó, varios familiares y amigos se han beneficiado del programa de mentores y él quiere pasar por lo mismo.

“Lo que quiero es ser como ellos, ayudar a otros. Quiero estar en esto porque así puedo ayudar a los demás, como mis amigos me ayudaron a mí”, dijo.


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