En la zona quedan varias residencias con toldos azules, habitadas por personas que quedaron en el olvido gubernamental.

Los vecinos del sector San Pedro de Macorís del barrio Playa de Guayanilla se encontraban en los preparativos finales para asegurar sus residencias, mientras alistaban sus cosas para refugiarse en otros hogares.

Esto porque el lugar está pegado al mar, el que se mete en sus casas y pone en peligro la seguridad de su gente.

Para Herminio Rodríguez, los preparativos ante la proximidad de la tormenta tropical Dorian son parte de la rutina que viven año tras año.

“Es como todos los años, empezar los preparativos de resguardar la propiedad, digo, lo poco que a uno le queda, por si acaso. Pero sé que me tengo que preparar porque toda tormenta que pasa por el sur, lo que nos preocupa mayormente es la marejada ciclónica”, admitió Rodríguez, propietario del restaurante La Rinconada.

“Esta área es bajita, aquí se va a meter el mar”, lamentó.

El comerciante reveló que el daño causado por el huracán María no fue directo como ocurrió en el área urbana de Guayanilla, a donde el rio hizo estragos.

“María, por la posición del huracán el viento sopló del noroeste, la mar se retiró hacia afuera, o sea que no entró a la Playa de Guayanilla. En este caso, como la tormenta viene por el sur pues la marejada ciclónica se va a sentir”, reveló.

“Los vecinos están preocupados porque por la experiencia de María se sienten amenazados, ya en este sector lo que vive es gente mayor y han tomado sus precauciones y ya están por desalojar el área cuando se lo vengan a pedir”, resaltó el guayanillense.

En la zona quedan varias residencias con toldos azules, habitadas por personas que quedaron en el olvido gubernamental.

Es el caso de la enfermera María Isabel Rodríguez, que estaba en espera de unos trabajadores que asegurarían su hogar.

“Estoy llegando de trabajar para prepararme, porque trabajo en Yauco y allá ya está lloviendo, y como el año pasado se me dañó todo, con el huracán María la madera se me dañó y me voló el zinc de la parte de atrás, pues ahora me estoy preparando y voy a poner una tormentera.

Esto se inunda todo, se sale el agua del mar y se sale el rio algunas veces”, manifestó María Isabel quien reside con sus dos hijas.

“Mi mayor preocupación es el agua, no tanto los vientos, porque como esto es zona inundable y prácticamente todos los años se me dañan las cosas y los gobiernos no ayudan y yo tengo que comprar todo con mi dinero”, señaló.

Mientras que Rosa Esther Cedeño de 82 años, lamentó que su casa todavía tenga un toldo azul que, para colmo, está roto, al igual que el piso de su residencia el cual teme que se vaya a quebrar.

“El toldo está esbaratao’ porque aquí se metió una ventolera, no me han dicho nada, y no ha venido nadie desde que lo pusieron. FEMA me dio $800 pesos, pero los empleé en una estufa porque se dañó con el huracán y ¿para qué sirve eso?”, confesó la anciana que perdió a su esposo hace casi cuatro meses.

“Esto se inunda todo, todo, y el mar llega hasta ahí, fíjate que ayer ese mar estaba vivo, yo dije ‘que no vaya a haber un maremoto’. Me voy con mi hermana porque no me puedo quedar aquí sola, yo no tengo a nadie, los vecinos cogen su punto y yo aquí sola como las ánimas, sola, bueno, con el señor Jesucristo que es el que me defiende”, relató la señora cuyo semblante delataba su preocupación.

En el sector había funcionarios de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA), que estaban casa por casa auscultando los problemas emocionales de la comunidad, antes de abandonar el hogar.


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