Los ponceños siguen preocupados por el posible paso de la tormenta tropical al continuar bajo toldos azules a casi dos años de María.

Residentes del sector Puerto Viejo en la Playa de Ponce se mostraron preocupados ante la proximidad de la tormenta Dorian, pues todavía en sus calles está la huella dejada por el huracán María.

Allí caminan entre montañas de escombros, toldos azules y casas inhabitables, situación que ha acelerado el éxodo de decenas de familias que se cansaron de luchar contra la burocracia gubernamental.

Sobre todo, la incertidumbre que les causa la lluvia que el sistema pueda dejar ya que la zona se inunda hasta con aguas usadas y algunos quedan confinados en sus hogares.

De acuerdo con la líder comunitaria Miriam Robles, “esto es una preocupación porque de verdad que nosotros, este barrio pues no está en buenas condiciones, todavía tengo familias que están viviendo con toldos azules y de verdad que no es fácil, uno se pone ansioso”.

“Esta es una comunidad que se inunda, porque nosotros tenemos un sistema de bombeo para sacar las aguas, pero si el mar tiene mucha agua pues el sistema de bombeo lo que hace es que vira el agua y nos inundamos. Cada vez que llegan estos tiempos nos ponemos ansiosos porque no es fácil, aquí se cayeron muchas casas con María, todavía tenemos el recuerdo de María”, lamentó la líder de Puerto Viejo.

Todavía tenemos escombros que, si pasa algo, Dios quiera que no, eso aumentaría la situación de la comunidad, que no es fácil”, acotó Robles.

Es el caso de Luis Fernando Díaz quien se rindió en su batalla para que la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) le otorgara el dinero necesario para arreglar su casa que aún lleva un toldo roto.

“Ellos me tomaron la información, pero después de eso no regresaron y yo por ahora no pienso arreglar más nada, porque yo he perdido visión del ojo izquierdo y ahora del derecho. No sé, no creo que pueda hacer más nada aquí, el techo se fue, pero vinieron unos muchachos y le pusieron el zinc”, expresó Díaz de 66 años.

El hombre aseguró que está en depresión por la agobiante situación en la que vive; no tiene servicio de electricidad ni las cosas básicas para su residencia y “están a punto de cortarme el agua”.

Sin embargo, dice que de allí no se mueve, aunque pase otro sistema atmosférico.

“Lo estoy escuchando por la radio, hasta ahora no sé, puede que me quede aquí, no me salgo para ningún lado porque ahora mismo yo estoy en depresión severa también”, admitió el vecino del sector Puerto Viejo en Ponce.

Varias casas más adelante estaba María Torres de 59 años, que, aunque reside en Nueva York, lleva unas dos semanas en Ponce con el objetivo de cuidar la casa de su fenecida madre.

“Si viene la tormenta no me puedo quedar ahí porque la casa tiene toldo, no está en condiciones para pasar una tormenta que venga con agresividad. Eso adentro está to’ esbarata’o y estoy remendada en esa casa”, lamentó Torres que viaja por temporadas para ver de qué manera habilita la casa donde se crio.

Por su parte, Milka Martínez confesó que no puede hacer nada para protegerse del paso de la tormenta ya que se quedó sin casa el 20 de septiembre de 2017.

La estructura que compró 11 días antes del paso de María fue destrozada al caerle un árbol encima.

“Aquí no ayudan, no hay na’, aquí el pobre está pasando las mil y una noche. Yo me harté, me cansé de llorar, llorar, llorar, porque necesito mi casa, porque esta casa no es mía, es de mi hermana”, manifestó Martínez que desde entonces vive en un cuartito contiguo a la residencia de su hermana.

“No es culpa mía que haya llegado María, lo que le faltaba a la casa era restaurarla para irme a vivir porque la casa estaba de pie, pero le cayó un palo encima, vino gente de Estados Unidos y no hicieron nada conmigo porque dijeron que estaba peligroso”, acotó.

Mientras que en Callejón del Río del barrio Salistral de la Playa de Ponce, también están alertas ante la cercanía de Dorian, especialmente con la preocupación de inundaciones y las interrupciones del servicio de energía eléctrica.

“Lo más que me preocupa con esta tormenta son las personas encamadas que tengo, la mayoría de ellas tienen que estar con máquina, hay un señor que lo alimentan por máquina y la otra señora que tengo tienen que estar con aire todo el tiempo porque tienen muchas condiciones de salud”, explicó la líder comunitaria Myrna Vélez Pérez.

“Aquí en el Callejón del Río llega como hasta la quinta o sexta casa, el agua, como la alcantarilla de la esquina se llena, se tapa, se sale el río de allí del muro. Yo soy una que no puedo salir de aquí si eso se llena, estuve una vez una semana que no pude salir de aquí hasta que bajara esa agua, tuve que llamar a Manejo de Emergencias para que buscara a un señor para que se diera terapia”, resaltó Vélez.

Otros vecinos aseguraron que están preparados al abastecerse con alimentos enlatados y agua embotellada, que ya escaseaba en gran parte de los comercios de Ponce y la zona sur.

Escasea el agua

En un recorrido realizado por algunos establecimientos se percibía un ambiente casi normal, excepto en Sam’s Club que estuvo atestado desde que anunciaron el sistema atmosférico.

“Llevo cuatro horas aquí esperando y aquí había gente mayor que llevaban más horas y se cansaron, le dolían las piernas y se fueron sin el agua. Sigo esperando porque no hay agua en ningún lado, vengo de Villalba”, expuso Nelson Luis Reyes que estaba al frente de la fila a donde había decenas de personas esperando desde temprano.

En tanto, José Luis Martínez Alvarado corrió con mejor suerte pues venía desde Coamo con su esposa Isidora Torres.

“Vine a buscar agua aquí porque en Coamo no había, y nos hicimos de la idea que habíamos llegado al sitio ideal para comprar el agua, nos llevamos siete cajas y un galón porque fuimos a muchísimos supermercados por todo eso y nada. Hasta que llegamos aquí y por el momento no la limitaron”, celebró Martínez Alvarado al salir de Pueblo frente al Ponce By Pass.


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