Dramático relato de un puertorriqueño que perdió su casa por el terremoto y ahora subsiste como puede.

Tal y como ocurrió en los días posteriores al huracán María los puertorriqueños en el área sur han comenzado a ingeniársela para suplir su necesidad de agua ante la carencia del servicio desde la madrugada del martes cuando la isla despertó con un terremoto de 6.4 de magnitud.

“No tenemos agua ni luz. Esta agua baja de allá arriba, del manantial”, dijo Luis A. Torres Morales mientras golpeaba los envases plásticos donde cargaba el líquido.

“Si no hay agua hay que buscarla”, añadió Ismael Negrón, quien se daba un improvisado baño en el agua que transcurre por el riachuelo que atraviesa el sector Ciénegas del barrio Barinas de Yauco.

Al ver la escena era inevitable pensar en el huracán María cuando las personas utilizaron el líquido de los cuerpos de agua a través del país para bañarse, lavar ropa y suplir las necesidades básicas de los hogares.

“La casa mía no sirve. La casa mía se fue para atrás porque era en columnas y en un barranco. Tuve que salir con el nene corriendo porque pudo haber sido peor…”, dijo Torres Morales sin poder contener las lágrimas.

Dijo que al sentir el temblor a las 4:24 a.m., agarró al niño, salió corriendo a la calle y se lanzó al suelo, al lado de un vehículo para protegerse. “Eso fue horrible y a las 7:29 de la mañana el otro, que fue más fuerte, pero estaba en casa de mi tía”, relató.

“No se puede vivir. Se despegó de la pared… y todas las casas que se han caído por ahí”, relató Torres Morales, residente de las Parcelas Nuevas. “No está fácil”, añadió.

Sostuvo que vivía en el lugar hace diez años. “Es fuerte todo lo que estamos viviendo. Vamos a ver cómo nos pueden ayudar”, señaló torres Morales.


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