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La residencia de Luz María Morales y Jaime Oscar Vargas, residentes en la urbanización Alturas del Cafetal, en Yauco, quedó inhabitable en cuestión de segundos a consecuencia de los terremotos que sacudieron la zona sur hace tres años.
La residencia de Luz María Morales y Jaime Oscar Vargas, residentes en la urbanización Alturas del Cafetal, en Yauco, quedó inhabitable en cuestión de segundos a consecuencia de los terremotos que sacudieron la zona sur hace tres años. (Vanessa Serra Díaz)

Guánica - Casi al final de la calle Luis Quiñones de la barriada La Esperanza, en este municipio, estaba sentado en el balcón de su hogar, una casa en cemento pintada color verde claro, don Silvestre Alicea Orta.

Estuve 40 años en Estados Unidos. Aquí, quiero estar los últimos años que me quedan de vida, quiero disfrutarlos aquí, tranquilito”, dijo mientras la bandera de Puerto Rico ondeaba en el extremo derecho del balcón de la vivienda que, aunque en construcción, ya empieza a disfrutar.

Alicea Orta fue una de cientos de personas que perdieron sus hogares a causa de los terremotos que impactaron la zona sur del país a principios del 2020. Han pasado tres años de aquellas fatídicas madrugadas del 6 y 7 de enero, cuando se registraron los sismos más intensos, pero aún muchas familias siguen a la espera de un techo seguro.

Para Alicea Orta, esa posibilidad está cada vez más cerca. Sin embargo, esa realidad es resultado de su esfuerzo y perseverancia, afirmó. “Ese día, no lo voy a olvidar nunca porque es el cumpleaños de la esposa mía. La casa se fue de lado porque, como yo tenía la escalera por dentro, no cayó de cantazo”, recordó sobre la mañana del 6 de enero de 2020.

Contrario a múltiples promesas de administraciones municipales y estatales de turno, la única asistencia que recibió Alicea Orta fue una asignación de $35,000 de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés). Con ese dinero, dijo, costeó la demolición de su casa y recogido de escombros, un proceso que los gobiernos municipales se habían comprometido a completar a través de fondos asignados por el Estado.

“A cada rato, me llamaban (del municipio) que iban a tumbar la casa y, cada vez que yo venía para acá, la gente estaba retratándose, y, pues, decidí mandarla a tumbar con los chavos que me dio FEMA y empezar a construir”, compartió.

Tras asumir esos costos, añadió, se quedó solo con $25,000 para la construcción del nuevo hogar. “Tuve que hacer un préstamo en el banco de $40,000. Ya tiene luz y agua, pero me falta la loza”, mencionó. “No puedo ajorarme mucho porque tengo que guardar algo (de dinero) por alguna emergencia”, relató el hombre, que actualmente está viviendo con una tía.

Ante la falta y alza en el costo de los materiales, Alicea Orta ha invertido más de $100,000 en la construcción de la vivienda de dos habitaciones y dos baños. Además de completar el piso, aún falta parte del empañetado del exterior de la estructura. Las puertas y ventanas las recuperó de su antigua casa, así como algunos muebles.

Hace seis meses, dijo, acudió al Municipio de Guánica para solicitar ayuda económica para completar el empañetado exterior de la vivienda. Aún no ha obtenido una respuesta. “Me cansé de esperar. Ya no voy a ir más a pedir nada al municipio”, comentó el hombre, que tampoco contó con ayuda del Departamento de la Vivienda. “Eso es mucho papeleo y no quiero bregar con eso”, indicó en referencia a los programas de la agencia estatal.

Al extremo izquierdo de la vivienda de Alicea Orta, hay otras dos residencias que tienen que ser demolidas, pero tres años después allí permanecen deshabitadas, con la maleza creciendo y los escombros acumulándose. “No se puede esperar por el gobierno. Tú vas a pedir una ayudita y te dicen: ‘Hay que llenar unos papeles, lleva esto para acá’, y cuando vuelves otra vez es lo mismo... no vale la pena... yo me cansé de eso ya”, expresó.

Don Silvestre Alicea Orta, quien  ha ido reconstruyendo su vivienda en la barriada La Esperanza, en Guánica, denunció la falta de ayuda municipal.
Don Silvestre Alicea Orta, quien ha ido reconstruyendo su vivienda en la barriada La Esperanza, en Guánica, denunció la falta de ayuda municipal. (Vanessa Serra Díaz)

En algunas áreas del casco urbano de Guánica, parece que se detuvo el tiempo. Lo mismo ocurre en zonas de la comunidad La Luna, donde residencias e iglesias están clausuradas o siguen sostenidas por barrotes de hierro que advierten su evidente inestabilidad.

La escuela Agripina Seda es ahora un plantel compuesto por módulos de acero galvanizado. Mientras, ya fue demolido el antiguo centro de gobierno y esta semana se realizaba el recogido de escombros.

En Guánica, hay 184 viviendas para demoler, pero, hasta ahora, se ha completado el proceso en 65, indicó en entrevista su alcalde, Ismael “Titi” Rodríguez.

“Hubiera querido que el proceso fuera más rápido, pero, cuando llegamos, los fondos para la reconstrucción de viviendas no habían sido asignados... ahora, luego de tres años, es que se están viendo avances en el programa de reconstrucción”, indicó Rodríguez.

Reconoció que muchas personas -como en el caso de Alicea Orta- tuvieron que utilizar el dinero otorgado por FEMA para demoler las estructuras y, como resultado, ahora no tienen los fondos necesarios para completar la reconstrucción de su vivienda. Dijo que compartió esta preocupación con el gobierno estatal para que se tome en consideración la posibilidad de una ayuda adicional.

El Nuevo Día intentó obtener una entrevista con el secretario del Departamento de la Vivienda, William Rodríguez, pero no fue posible.

Tiempos duros

La historia de Alicea Orta es muy similar a la vivida por Luz María Morales y Jaime Oscar Vargas, vecinos de la urbanización Alturas del Cafetal, en Yauco, que también vieron derrumbados sus sueños en solo segundos.

La residencia de Luz María Morales y Jaime Oscar Vargas, residentes en la urbanización Alturas del Cafetal, en Yauco, quedó inhabitable en cuestión de segundos a consecuencia de los terremotos que sacudieron la zona sur hace tres años.
La residencia de Luz María Morales y Jaime Oscar Vargas, residentes en la urbanización Alturas del Cafetal, en Yauco, quedó inhabitable en cuestión de segundos a consecuencia de los terremotos que sacudieron la zona sur hace tres años. (Vanessa Serra Díaz)

Fue el pasado mes de mayo que el matrimonio -que perdió su residencia y tres vehículos- finalmente pudo estrenar su nuevo hogar. “Tuvimos que hacer préstamos, y los materiales y el equipo lo cogimos con una tarjeta de crédito que nos aprobaron. Lo perdimos todo”, expresó.

El matrimonio contó que la única asistencia que recibió de FEMA fueron $7,500 por la pérdida de uno de los tres vehículos que quedaron aplastados. El seguro privado inicialmente también les denegó la ayuda por la pérdida de la casa, por lo que tuvieron que entablar un pleito legal. Aunque al final la determinación fue favorable, el monto no fue suficiente para construir la vivienda.

“Apelamos dos veces a FEMA y nos rechazaron la ayuda... pasamos demasiado y no vino nadie”, mencionó Morales, al reconocer, sin embargo, el desprendimiento de la ciudadanía que, para aquellas fechas, bajó en caravana para asistir a los damnificados. “Los que ayudaron fue la gente del pueblo, vinieron de todas partes, nos traían cosas, pero el gobierno, no”, añadió.

Aquella madrugada, recordaron, estaban durmiendo cuando la casa cedió. Fue gracias a unos vecinos que lograron salir de la estructura. “La cama subió, cayó y se rompió. Ahí, se fue la luz, todo rompiéndose y cayéndose, y no podíamos salir”, recordó Morales.

Tampoco, contó Vargas, le ayudaron para el pago de una vivienda alquilada o para reubicarlos en un hotel durante aquellas primeras semanas, que las pasaron en un campamento que levantaron los vecinos en el parque de la urbanización. El Municipio de Yauco costeó el proceso de demolición y les otorgó $5,000 para la compra de materiales de construcción.

“Malísimo. No bregaron nada”, dijo Vargas sobre cómo ha sido la respuesta del gobierno central a la emergencia.

“Yo hablo y me da sentimiento”, añadió Morales sin poder contener las lágrimas.

Ernesto Ramos Martínez, residente en la comunidad La Luna, en Guánica, contó que no cuenta con los recursos para reconstruir su vivienda tras los terremotos de 2020.
Ernesto Ramos Martínez, residente en la comunidad La Luna, en Guánica, contó que no cuenta con los recursos para reconstruir su vivienda tras los terremotos de 2020. (Vanessa Serra Díaz)

En Yauco, el proceso de demolición de viviendas debe estar completado para finales de enero con el derribo de las últimas siete viviendas de un total de 89, explicó su alcalde, Ángel Luis Torres. “Aunque estamos próximos a culminar, sí hubo residentes que demolieron y utilizaron los fondos que les dio FEMA o su seguro privado para esos trabajos, y eso los dejó desprovistos de poder construir un hogar completo y ahora tienen esa incertidumbre”, dijo.

Para lograr agilizar los procesos, los alcaldes de los pueblos más impactados -Yauco, Guánica, Lajas, Guayanilla, Ponce y Peñuelas- se unieron para la creación del Consorcio del Sur o Consur, entidad que estará a cargo de administrar los fondos de reconstrucción, reparación y reubicación.

Inicialmente, el gobierno estatal aprobó el uso de $184 millones en fondos del programa de subvención comunitaria para la recuperación de desastres (CDBG-DR, en inglés), lo que mantiene esperanzados a los alcaldes. Una primera partida de $42 millones debe estar disponible para marzo, lo que daría inició a un proceso de divulgación para que las familias necesitadas puedan solicitar asistencia.

“Estuvimos casi dos años en un proceso de espera, uno de ellos fue el año perdido por el COVID-19... Nos hubiese encantado que todo estuviese encaminado, pero entendemos que Consur debe ser un paso de avanzada para reconstruir más casas y a un menor costo, y así ayudar a más gente”, expresó Torres.

En Yauco, también hay 30 familias residentes del sector Ciénaga del barrio Barinas que siguen viviendo en módulos a la espera de un techo. Al respecto, Torres indicó que confía que las viviendas por las que tanto han esperado estas familias estén terminadas este año, luego que el gobierno estatal reasignara una partida de $2.5 millones para completar el proyecto que es una iniciativa municipal.

Nancy Castro Torres muestra una foto de cómo era su residencia, en la calle Ochoa de Guánica, antes de los terremotos.
Nancy Castro Torres muestra una foto de cómo era su residencia, en la calle Ochoa de Guánica, antes de los terremotos. (Vanessa Serra Díaz)

Un nuevo comienzo

Nancy Castro Torres ha vivido por más de tres décadas en la calle Ochoa de Guánica y allí quería permanecer. Mientras muchos se reubicaron en otros pueblos huyendo de los temblores que aún no han cesado, la mujer reconstruyó su hogar.

“A la vez que uno tiene un techo, no importa cómo sea...”, dijo.

Castro Torres pasó el terremoto de aquella madrugada del 7 de enero en la casa de una hermana que vive más alejada de la costa. “La casa mía quedó parada... pero el techo se derrumbó en muchas áreas”, relató Castro Torres sobre lo que vio al regresar a la vivienda. “Cuando vimos eso, no podíamos entrar porque uno se traumatiza. Yo no venía aquí a nada”, contó.

Castro Torres logró reconstruir la vivienda con los fondos que le otorgó FEMA. La estructura la levantó en madera y de un solo nivel. “Se hicieron dos apartamentos, pero lo que pasa es que no se ha terminado; uno, porque hubo que pagar la demolición; después, los materiales estaban caros, después, escasearon”, contó.

La conversación surgió en la sala de su hogar, que cuenta con una habitación y un baño. Todavía le falta completar la cocina e instalar la loza. “Lo básico es que tú tengas dónde cocinar, dónde comer y dónde dormir para no molestar a nadie”, dijo.

Para Castro Torres, el proceso de reconstrucción ha sido lento, pero sostuvo que las ayudas federales, así como de la ciudadanía, llegaron a tiempo. “Te dan, pero nunca te van a dar lo que te costó, nunca te van a dar el sacrificio... más el tiempo que vas a tardar en hacer lo que vas a hacer”, mencionó.

“La gente de otros pueblos vino y nos ayudaron. Nunca nos faltó la comida, nunca nos faltó nada”, añadió.

Con fondos de FEMA, Nancy Castro Torres logró levantar su vivienda, de un solo nivel,  en madera.
Con fondos de FEMA, Nancy Castro Torres logró levantar su vivienda, de un solo nivel, en madera. (Vanessa Serra Díaz)

Recordar lo vivido aún es difícil para Castro Torres. Dijo que quedó tan “traumatizada” que compró una caseta de campaña, un catre y artículos de primeros auxilios por “si tengo que salir huyendo”. “Aquella vez, no tenía nada. No tenía dónde cocinar, no tenía ni agua y tú sabes que los primeros días tú estás con lo que te da el vecino”, compartió.

En la espera

A unos pasos del casco urbano, está la comunidad La Luna, una de las más impactadas por los sismos. Allí, reside Ernesto Ramos Martínez, cuya vivienda resultó con daños severos. Aun así, dijo, sigue viviendo allí.

A Ramos, FEMA le aprobó una ayuda ascendente a $19,000. Esta suma, sin embargo, no incluyó los daños que sufrió el techo de la residencia, específicamente en el área de la marquesina, señaló. “Este techo se ha ido agrietando más, pero eso no me lo pagaron. Este era el cuarto mío, todo eso se bajó, este piso se bajó”, dijo mientras explicaba los daños.

Indicó que estos tres años “han sido un poquito lentos”. Sostuvo que no cuenta con los recursos necesarios para reconstruir la residencia. “No hay empleados, habría que pagar unos ingenieros que cobrarían mucho más que lo que me dieron, y, por eso, sigo esperando”, dijo.

“Tendría que tumbar, por lo menos, la mitad del techo”, mencionó, al destacar, además, el alza en los materiales. “Esto es algo cuesta arriba. Cada vez se hace más difícil... si viene un ingeniero, quizás me pediría $30,000, $35,000″, afirmó.

Ramos Martínez, quien se dedica a la reparación de vehículos, sostuvo que le gustaría reconstruir la vivienda.

Tanto Ramos como Saúl Santana Ortiz, también vecino de Guánica y quien se dedica a la construcción, coincidieron en que el proceso de recuperación no ha sido como esperaban. “Ha sido muy lento, muchas promesas y nada”, expuso Santana Ortiz. “Si dieron dinero para demoler, por qué no lo hicieron rápido”, agregó.

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