Las pruebas de COVID-19 deben realizarse cuando las personas tienen síntomas del virus o si han estado expuestas a un caso positivo.
Las pruebas de COVID-19 deben realizarse cuando las personas tienen síntomas del virus o si han estado expuestas a un caso positivo. (Agencia EFE)

Un menor de 15 años es una de las víctimas fatales más recientes del COVID-19 en Puerto Rico, según el registro de fatalidades de este tipo que diariamente reporta el Departamento de Salud.

Aunque no se ofrecieron detalles de este caso, el doctor Gerardo Tosca, presidente de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría, advirtió que los casos pediátricos siguen subiendo. Resaltó, sin embargo, que no muchos requieren tratamiento hospitalario. De hecho, comentó que no ha tenido que enviar a ninguno de los pacientes que ha diagnosticado con el virus al hospital.

“Han subido (los casos pediátricos) más de lo usual. Algunos tienen congestión nasal, otros dolor de garganta o síntomas gastrointestinales, pero también hay un virus de vómitos y diarreas, rotavirus y dengue. No toda fiebre es COVID. Todo se está mezclando. Hay que tener mucho juicio clínico”, sostuvo.

La doctora Ángeles Rodríguez, exepidemióloga del estado, describió la situación como “alarmante”.

“Hay un repunte serio. Esta nueva subvariante de la subvariante es más contagiosa que la BA.2″, dijo al referirse a los casos de BA.2.12, otra subvariante del ómicron.

Según la infectóloga, hay familias enteras contagiándose con COVID-19 y propagándolo a otros contactos cercanos.

“La situación es más alarmante de lo que se ha dicho. Hay un subreporte (de los casos) por las pruebas caseras. Los números no reflejan la seriedad de lo que está pasando. Probablemente sea el doble”, dijo sobre las pruebas de COVID que se adquieren a nivel de farmacia y cuyos resultados no entran a las estadísticas oficiales de Salud.

Como ejemplo, mencionó que conoce de al menos diez casos que se realizaron la prueba casera y salieron positivo al virus.

Por otra parte, Rodríguez advirtió que esta subvariante tarda en reflejarse en las pruebas rápidas o de antígeno.

“Cuando salen positivo ya han expuesto a mucha gente”, dijo.

Explicó que usualmente una persona tarda unos cinco días en arrojar positivo al virus. A las 48 horas de haberse infectado la persona puede presentar síntomas leves del virus, pero no arroja positivo a la prueba. Cuando se la repite varios días después es que se refleja su positividad, dijo.

“Se están afectando muchos niños y jóvenes. Se deshidratan, pueden desarrollar pericarditis (inflamación del pericardio o doble membrana que rodea al corazón) e infectarse más severamente. Los más vulnerables son los que se van a complicar. Quisiera equivocarme, pero creo que van a subir las muertes”, dijo Rodríguez.

Por su parte, el doctor Marcos López Casillas, gerente de investigación del Fideicomiso de Salud Pública, opinó que el repunte de COVID-19 responde a que muchas personas han bajado la guardia en cuanto a protección del virus, lo que ha propiciado los contagios.

“Estamos diagnosticando montones de casos diariamente, pero la gente está viviendo como si esto (el COVID-19) no existiera”, dijo.

El también catedrático de la Universidad de Puerto Rico, en Humacao, anticipó que el repunte, aunque lento, continuará subiendo. Ayer la tasa de positividad estaba en 26.65%, advirtió.

Sobre las pruebas del virus explicó que si una persona arroja negativo a la de antígeno, pero continúa presentando síntomas, debe realizarse la prueba diagnóstica molecular.

Anticipó que las hospitalizaciones por COVID-19 seguirán subiendo y resaltó que hay muchos casos de reinfecciones.

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