María Ester Cancel realizó su compra en el  supermercado Agranel.
María Ester Cancel realizó su compra en el supermercado Agranel. (Ramón "Tonito" Zayas)

El manejo de la crisis de COVID-19 en refugios es una preocupación latente entre la ciudadanía, en momentos en que se acerca el potencial ciclón número nueve a Puerto Rico al tiempo que se sigue evidenciando un alza en los contagios del virus en la isla.

Para María Magdalena Crispín Meléndez, quien se encontraba realizando sus últimas compras de suministros previo al paso del fenómeno atmosférico, lo más preocupante son las personas sin un techo seguro y cómo se les protegería para evitar contagios de COVID-19 dentro de un refugio.

“Más ahora con el COVID, entiendo que la gobernadora (Wanda Vázquez) debería ser más enérgica con eso, más fuerte, es lo que a mí me preocupa, porque son vidas y alguna gente perdieron sus hogares y estos vientos… todavía hay gente de (huracán) María que no tiene techo y eso me preocupa”, manifestó la mujer de 52 años, quien se encontraba en el supermercado Agranel Díaz en el barrio Hato Nuevo en Guaynabo. Hasta el momento, el Departamento de la Vivienda no ha anunciado la apertura de refugios ante el paso de la posible tormenta.

En la misma dirección se expresó María Esther Cancel, de 67 años, mientras se preguntaba qué se haría para mantener, por ejemplo, el distanciamiento social dentro de un refugio. “Tienen que mantener distancia, no sé como será, es preocupante”, manifestó. A lo anterior se suman otras preocupaciones atadas al recuerdo vivo del impacto del huracán María.

Según el boletín de las 11:00 a.m. del Centro Nacional de Huracanes (NHC, en inglés), el fenómeno atmosférico que se acerca a Puerto Rico tiene vientos máximos sostenidos de cerca de 45 millas por hora (mph) con ráfagas más fuertes y se convertiría esta tarde o noche en tormenta tropical.

“Me preocupa que, como yo vivo en una loma, que sea tan fuerte, así como María, aunque dicen que no. Sufrimos mucho, estuvimos cinco meses sin luz, se sufrió muchísimo”, expresó María Esther al recordar el impacto del huracán en septiembre de 2017.

La devastación que se vivió luego de ese huracán también ha generado una preparación anticipada por parte de ciudadanos, que ante avisos de fenómenos atmosféricos solo tienen que afinar últimos detalles.

“Busqué más agua, estoy llevando algunas cositas sencillas. En mi casa estamos bien preparados, no solamente yo, mis vecinos todos estamos preparados, pendiente a lo que va a pasar. Lo de María de verdad que nos impactó demasiado fuerte y ya estábamos alerta, pendiente a los noticiarios”, relató María Magdalena, por su parte.

Esa cultura de preparación anticipada ha sido notable en el tráfico del supermercado Agranel, explicó su gerente Rafael Díaz, aunque también fue notable la preocupación entre los clientes.

“Según iba pasando la tarde (de ayer), sin necesidad de tener información sobre el evento (atmosférico), se iba notando la angustia de la gente y la preocupación por venir a prepararse con el evento. En lo que son los colmados de la comunidad, que son típicamente más pequeños, sí la gente llegó antes”, aseguró.

Díaz explicó que durante ayer y hoy se mantuvo tal cual el protocolo de desinfección y prevención ante el COVID-19. En la entrada del establecimiento una empleada tomaba la temperatura de cada uno de los visitantes y echaba desinfectante de manos, al tiempo que se desinfectaban las superficies. Tanto empleados como clientes llevaban mascarillas.

“En una situación atmosférica se controlaba la entrada para garantizar la seguridad en términos generales y manejar adecuadamente el flujo de personas. Ahora que es una cuestión de salud, es mucho más estricto”, sostuvo el gerente, añadiendo que los clientes han cooperado y observado las medidas preventivas.