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Sor M. Alba Bonilla muestra un cristal que se rompió en la plazoleta del convento.
Sor M. Alba Bonilla muestra un cristal que se rompió en la plazoleta del convento.

El temblor de la mañana del Día de Reyes fue una alarma para las monjas del Convento Hermanas Dominicas de Fátima.

A causa del fuerte movimiento telúrico, las hermanas que dormían en el segundo piso de la Casa Madre, la antigua casona de la Hacienda Santa Rita en Guánica, decidió no dormir la siguiente noche allí. 

“Fue como un aviso a lo que iba a acontecer el próximo día”, relató Sor M. Alba Bonilla. “Estábamos ya en la primera planta”. Sor Alba estaba despierta cuando a las 4:24 de la madrugada del 7 de enero la tierra se estremeció con un terremoto de magnitud 6.4, intensidad VIII. “Yo iba por el pasillo y cuando comienza eso (el temblor), se fue la luz, yo no veía nada”, recordó. 

Las 28 hermanas lograron salir sin daños físicos, tanto de la casa principal como de la Casa Generalicia. A las encamadas las cargaron con sábanas, entre ellas mismas, y las colocaron en matres en el piso, en el exterior de las residencias. Esa mañana instalaron un toldo bajo el cual se resguardaron del sol y la lluvia, y así pernoctaron las siguientes dos noches, algunas en sillas.

El total de los daños que provocó el terremoto en el Convento aún no se han cuantificado. En el 1994 la Casa Madre fue restaurada a un costo de $1,000,000. Sor Alba no tiene duda de que restaurarla nuevamente, luego de los temblores, superará esa cifra. 

En el exterior de la casona son evidentes los desprendimientos en algunas partes. En el interior, las huellas del potente temblor también se manifiestan a través de grietas y desprendimientos. El desorden al cruzar cada una de las habitaciones retrata la intensa sacudida que lo lanzó todo al suelo. Pese al daño, la estructura construida en 1800 –clasificada como un Edificio Histórico–,  no colapsó. 

“Una joven que me ayuda mucho en el Santuario, me había dicho el día antes: ‘Sor Alba, echen agua bendita en todo el Convento’. Yo la noche antes, a media noche, estaba por toda la parte de arriba roseando en las puertas, en las entradas, los pasillos, por toda la casa, agua bendita, y yo creo que el Señor y la Virgen nos protegieron de alguna manera y nos dieron el don de mantener un poco de calma, un poco de paz, en medio de la situación”, manifestó la hermana dominica.

De las cuatro residencias del Convento, tres están clausuradas debido a los temblores, incluyendo – además de la Casa Madre– la Casa Generalicia y la Casa Sor Victoria Olavarrieta, por los daños provocados por los temblores.

El tercer día, explicó Sor Alba, la Guardia Nacional de Puerto Rico les instaló casetas de campaña en las que continúan pernoctando 12 hermanas. El resto, incluyendo encamadas y con padecimientos de salud, se ubicaron de manera temporera en una casa de retiro en Ponce. 

“Uno se afecta, porque somos seres humanos como cualquier otro, tenemos nuestra fe firme, las bases sólidas, pero no dejamos de sentir como el pueblo, y hay hermanas que están un poquito más afectadas que otras”, expresó Sor Alba. 

En el Convento las monjas no han parado. Tras el temblor del 7 de enero el lugar se convirtió en un gran centro de acopio desde el cual se ha distribuido ayuda a las parroquias que ubican en los municipios afectados por los terremotos, que han tenido la misión de entregar esos suministros a damnificados. 

“Venían trayendo montones de cosas, el corazón generoso del puertorriqueño, porque esas fueron las ayudas iniciales, no es otra cosa, sino eso”, relató. Sor Alba urgió a llegar con ayudas a los campos, donde aseguró se necesita más ayuda. “Hay que salir a los campos porque la gente del campo no puede llegar a al pueblo. Es la queja del pueblo que sufre, los más olvidados”, sostuvo. 

Asimismo, la monja hizo un llamado a brindar ayuda a las personas que perdieron su hogar por el impacto de los terremotos registrados en la región sur. 

“Necesitamos mucha oración, y ser solidarios”, enfatizó. “Nuestra gente es muy abierta, el puertorriqueño siempre está abierto a compartir y brindar la mano”.