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El Programa de Alfabetización de Adultos se creó hace 10 años. En la foto, Cristina Vélez, una de las voluntarias.
El Programa de Alfabetización de Adultos se creó hace 10 años. En la foto, Cristina Vélez, una de las voluntarias. ([email protected])

El Programa de Alfabetización de Adultos del Caño Martín Peña le da conocimiento, poder y acceso a las personas adultas, a las que enseña a leer y escribir en clases ofrecidas por voluntarios, que también reciben un beneficio de dicha interacción.

El proyecto comunitario lleva 10 años conectando y ayudando a dos grupos: residentes de las comunidades aledañas al Caño Martín Peña, y profesionales activos o retirados que se sienten útiles y hacen una aportación a otras personas a través del trabajo voluntario.

Con una mayoría de personas de entre 30 y 70 años, las clases de alfabetización comenzaron por la necesidad de aumentar la participación de los vecinos en los proyectos comunitarios, especialmente de personas nacidas en República Dominicana que, por diversas razones, no pudieron asistir o terminar la escuela.

“En el 2009, la organización se dio cuenta que muchas personas de República Dominicana no participaban de las reuniones e hicieron un censo de las necesidades principales de esta población. Encontraron que había una necesidad de alfabetizar a estas personas. Si no sabes leer ni escribir, no puedes interpretar la información que se te da y no puedes tener un juicio de lo que se te da. Empezó con la ayuda del Consulado (de República Dominicana) y de voluntarios”, explica Imirse Orrusti Ramos, trabajadora social comunitaria y quien es la Coordinadora de Participación Ciudadana y Desarrollo Social de la organización.

“Ha venido gente que lo único que quiere es aprender a escribir su nombre porque está harta de firmar con una X. Vino un muchacho, de 25 años, que llegó porque estaba cansado de inventarse las historias para su hija a través de las imágenes de los cuentos porque no podía leer y él se los quería leer”, señala Imirse sobre las diversas necesidades de los participantes.

“Hemos tenido gente que ha pasado a proyectos donde le dan grados, gente que ha podido coger el examen de la ciudadanía, incluso gente que se ha preparado para coger el examen de equivalencia de cuarto año”, agrega.

“Este proyecto se basa en que la persona es protagonista de su proceso y es una metodología individual. Se dan clases grupales una vez al mes, pero lo demás es el voluntario trabajando con el participante y las metas del participante. Tenemos filosofía de puertas abiertas porque la educación es un derecho de todos”, explica la trabajadora social comunitaria, en un aparte durante el taller de capacitación que tomó un grupo de voluntarios.

El nuevo curso inició la pasada semana, pero cualquier persona que desee tomar las clases aún puede integrarse. Los cursos son por semestre, pero los participantes pueden estar todo el tiempo que deseen.

Cuenta Imirse que, cuando llegó al programa en 2010, hizo una evaluación y entre los asuntos que salieron a relucir fue que los voluntarios querían capacitación, que los participantes querían más horas de clases y contar con el mismo maestro voluntario durante todo el semestre, y residentes del área sur de las comunidades querían que el proyecto llegara a sus sectores.

De igual forma, se creó un Comité de Currículo que desarrolló un programa educativo integrado por lingüistas, profesores de la Facultad de Educación de la Universidad de Puerto Rico (UPR), profesoras retiradas, abogados e ingenieros, entre otros profesionales.

Una de esas voluntarias que ofrece de su tiempo para educar a los participantes del proyecto es Haydée Alvarado Santos, una profesora de Inglés retirada de la UPR “hace más años de los que te quiero decir”, revela a medias para luego reírse. Hace un tiempo, también trabaja a tiempo parcial como maestra en el Conservatorio de Música.

Haydée vive en una de las comunidades del G-8 y pertenece a la Junta Comunitaria, en una de cuyas reuniones le pidieron que se integrara al Comité de Coordinación del Proyecto de Alfabetización.

“Dije que sí porque me encanta enseñar y trabajar con gente que aprenda. Es una satisfacción enorme”, afirma la profesora quien, posteriormente, se integró también al Comité de Currículo. “Dije que, de una vez, quería participar de las clases”, y empezó en 2015.

“Me enamoré del programa. Encontré participantes de las comunidades y de afuera de las comunidades y de distintas ocupaciones, pero todos con mucho entusiasmo de mejorar sus destrezas de lectura y escritura. Me encontré con algunos que no sabían nada y otros ya sabían leer y escribir algo. Al primer participante le interesaba la Historia y leíamos de un libro de Historia y discutíamos los eventos históricos. Él sabía mucho de Historia. También me encontré con otra participante a quien lo que le interesaba era leer la Biblia. Asimismo, conocí a un participante a quien le gustaba la Geografía y empecé a trabajar con mapas, con las latitudes y longitudes ilustradas”, detalla.

“Lo más importante es que afloran todos los talentos que tienen escondidos porque tienen mucho conocimiento. El hecho de que no hayan ido a la escuela no significa que están faltos de conocimiento. No saben leer ni escribir, pero pueden leer el mundo y a las personas. Lo importante es que con estas destrezas adicionales se sientan más capacitados y sientan que pueden participar y que se les va a respetar lo que tienen que decir”, concluye Haydée.