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Aida Marín está preocupada por las personas que no se han podido preparar para esta temporada de huracanes.
Aida Marín está preocupada por las personas que no se han podido preparar para esta temporada de huracanes. (Ingrid Torres)

El inicio de la nueva temporada de huracanes este fin de semana trae consigo temores e inseguridades ante la eventualidad del paso de un fenómeno atmosférico por la isla. Sin duda alguna, revive en cada ciudadano uno de los períodos más tristes de la historia moderna del país.

Este sentir lo comparten alcaldes que denunciaron haber quedado atrapados en la burocracia gubernamental, por lo que reciben la temporada ciclónica con estructuras municipales dañadas sin ser evaluadas por la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), carreteras operando de forma parcial y constituyentes viviendo en residencias con toldos azules.

“En estos momentos habría que evacuar a todo el mundo porque no estamos listos para enfrentar otro huracán”, admitió la alcaldesa de Canóvanas, Lornna Soto, en referencia a las comunidades que quedan cercanas a los cuerpos de agua.

Históricamente, Canóvanas ha experimentado serios problemas de inundación debido a varios cuerpos de agua que atraviesan el municipio. A pesar de que han realizado labores de limpieza en los mismos para remover material vegetativo y basura acumulada, están a la espera de la ejecución de planes de mitigación que sobrepasan los $75 millones en inversión.

“La ejecución de la mitigación es algo bien costoso y dependemos mayormente del Cuerpo de Ingenieros. Ellos tienen que trabajar a base de los estudios que hagan”, señaló la alcaldesa.

Explicó que el ente federal desembolsó el dinero para la realización de un estudio de viabilidad de un proyecto de mitigación en el río Canóvanas, que cuando sale de su cauce afecta el casco urbano y la urbanización Quintas de Canóvanas.

Mientras, a pesar de que el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) aprobó la limpieza de los puentes de las comunidades Cubuy, Las Yayas, Campo Rico y el barrio Palma Sola –que colapsaron durante el paso de María–, están a la espera de que la agencia les notifique los nombres de los contratistas.

“La inversión de la mitigación puede ser tres o cuatro veces la del presupuesto del Municipio. Estamos hablando de que es un dineral”, señaló Soto.

Reconoció que estos procesos se han retrasado, en parte, por la escasez de empresas dedicadas a estos trabajos especializados frente a la cantidad de proyectos en turno y la falta de personal en FEMA versus la magnitud de la obra requerida. “Nosotros estamos preparados, pero nos hace falta que FEMA haga lo que le corresponde y desembolse el dinero”, puntualizó.

“Es preocupación porque, quizás, muchas personas no se pueden preparar al momento. María fue bien fuerte para muchas personas que todavía en este momento no se han podido recuperar… todavía está esa tristeza ahí”, reconoció Aida Marín, del barrio Lomas de Canóvanas.

Según información publicada por la Oficina Central de Recuperación, Reconstrucción y Resiliencia (COR3), solo los municipios de Adjuntas, Loíza, Hormigueros, Naranjito y Ciales –a un año y ocho meses del paso de los huracanes Irma y María– habían recibido entre el 90% al 100% del reembolso de fondos en las llamadas categorías A (escombros) y B (emergencias).

Entre el gobierno, los municipios y las entidades sin fines de lucro, se han propuesto más de 90,000 obras y mejoras permanentes (sites), de las cuales solo 45 están por ser aprobadas, reconoció hace unos días el director del COR3, Omar Marrero, quien ha denunciado la lentitud del proceso por parte de FEMA.

“A pesar de las medidas preventivas que estamos llevando a cabo, tengo una gran preocupación porque no estamos preparados para un embate de la naturaleza de María”, dijo la alcaldesa de Salinas, Karilyn Bonilla Colón.

“Estamos más vulnerables que antes del huracán, porque a esta fecha no hemos podido comenzar las reparaciones de lo que se afectó y muchas medidas de mitigación no se han comenzado”, añadió la alcaldesa popular.

Entre los aspectos que le preocupan, está qué medidas –si alguna– ha tomado la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) para mantener operando el sistema de bombeo en el municipio, que los refugios sigan sin ser habilitados para recibir personas encamadas o con necesidades especiales, y que el DRNA no haya iniciado la limpieza del río Nigua, que a largo plazo reduciría considerablemente el número de residencias ubicadas en zonas inundables.

Según los mapas de zonas susceptibles a inundaciones –actualizados tras el paso de los huracanes Irma y María– Puerto Rico cuenta con 78,574 nuevas estructuras que pudieran quedar bajo agua ante eventos similares de lluvia o marejada.

La Junta de Planificación y FEMA, que tuvieron a cargo la revisión y actualización de los mapas, concluyeron que, en total, en la isla ahora hay 252,813 estructuras en zonas inundables.

Bonilla indicó que sometieron 234 proyectos ante FEMA, los cuales finalmente se inspeccionaron en su totalidad la semana pasada. “Ha sido sumamente burocrático por parte FEMA”, expresó.

Además de la limpieza de los cuerpos de agua, los alcaldes abordados por El Nuevo Día cuentan con un plan aprobado por el Negociado para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres, han otorgado adiestramientos y simulacros, y la limpieza de los cuerpos de agua, aceras y los sistemas de alcantarillados.

“Preparado, preparado uno nunca está porque hay eventos que uno espera a veces que sean de una manera, pero la magnitud es otra, como el huracán María. Dentro dela situación, me he preparado con lo que siempre uno se prepara: con los comestibles, tengo una estufa nueva de gas y tengo una planta”, señaló Damaris Pizarro Calderón, vecina de la urbanización Quintas de Canóvanas.

Igualmente se preparó William Polanco con la compra de alimentos no perecederos y tormenteras en sus ventanas. “Hay muchas casas que tienen los toldos de María, que eso va a ser un impacto terrible si viene otra catástrofe como aquella”, lamentó Polanco.

Vigilantes

Toa Baja es el municipio con más nuevas estructuras en zonas inundables, con un total de 11,630 tras la revisión de los mapas.

La información no resultó sorpresiva para el alcalde Bernardo “Betito” Márquez. “Había áreas que ya sabíamos que eran zonas inundables, pero con el huracán María botó la bola”, dijo.

Entre esas zonas que no estaban declaradas como inundables está Levittown, donde muchas casas quedaron bajo agua. “Ya hemos limpiado el 50% del canal de Levittown, despejando el material vegetativo que había dentro y que contenía mucha sedimentación”, señaló.

Estos trabajos, junto a una segunda fase, podrían contener en el canal un potencial volumen de agua, aseguró. “Sé que esa limpieza va a ser un elemento de mitigación extraordinario”, dijo.

Márquez indicó que solicitaron la adición de cuatro refugios a Manejo de Emergencias estatal. Para el evento de María, tuvieron que habilitar seis adicionales a los que cinco que ya tenían operando.

Igualmente, indicó, han establecido acuerdos con ocho iglesias para que sirvan de centros de acopio y refugio inicial en una situación de emergencias.

“Dentro de los recursos que tenemos y hemos ido logrando obtener, conforme a nuestras necesidades, estamos lo mejor preparados posible, pero nunca se está preparado para un evento como María. Tenemos unos cambios climatológicos severos y eso nos ubica en una incertidumbre de lo que le estamos provocando a la naturaleza”, señaló.

Una de las mayores preocupaciones para el alcalde en funciones de Loíza, Rafael Ortiz Escobar, son –junto a las inundaciones que afectan al municipio en eventos atmosféricos– las 52 familias cuyas residencias están cubiertas por un toldo azul.

Como parte de esta preocupación, el Municipio solicitó la transferencia de la escuela Carlos Escobar López, cerrada por el Departamento de Educación, para convertirla en un gran refugio.

Ortiz Escobar agregó que tienen un plan de emergencia aprobado, que incluye el mantenimiento de los cuerpos de agua para reducir los efectos de las inundaciones.

El alcalde de Cataño, Félix Delgado Montalvo, también se ha dado a la tarea de limpiar los caños y quebradas que transcurren por el pueblo. Dijo que adquirieron una excavadora, conocida como “la anfibia”, para realizar estas labores.

“Hemos limpiado todos los caños, que son 12, y logramos que prácticamente se secaran, porque al destapar las desembocaduras, prácticamente lo que ves es la tierra”, detalló.

El ejecutivo municipal explicó que el Cuerpo de Ingenieros y el DRNA le asignaron 12 bombas para drenar agua para las comunidades El Coquí y La Malaria que utilizan diésel para tenerlas en caso de fallar el sistema eléctrico.

En el caso de Cataño aún hay 112 familias residiendo con techos de lona, para las cuales se separó una partida de $300,000 en el nuevo presupuesto que entra en vigor en julio para reparar las viviendas.

“Nos hace falta el dinero de FEMA, que no lo estamos viendo. Aquí lo que falta es la agilidad de las agencias correspondientes”, insistió, al indicar que los alcaldes han tenido que utilizar fondos destinados para otorgar servicios esenciales.