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La enfermera Verónica Jograj, quien es paciente de cáncer, no ha parado de trabajar desde que se desató la emergencia por el COVID-19 en Puerto Rico. (Suministrada)
La enfermera Verónica Jograj, quien es paciente de cáncer, no ha parado de trabajar desde que se desató la emergencia por el COVID-19 en Puerto Rico. (Suministrada)

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El teléfono de Verónica Jograj no para de sonar. Los días de trabajo de la enfermera comienzan a las 7:30 de la mañana, pero a veces recibe llamadas aún más temprano. Atiende constantes preguntas sobre los turnos en la clínica donde se administran pruebas del coronavirus en el Hospital de Veteranos. Jograj está a cargo de elaborar los horarios diarios para que nunca falte personal.

“A veces, dan las 7:00 de la noche y sigo trabajando con los ‘schedules’ (horarios)”, expresó Jograj, enfermera desde 2011.

Cuando apenas comenzaron a reportarse casos del novel coronavirus en la isla, Jograj trabajaba en una entrada del hospital haciendo una serie de preguntas para detectar pacientes con posibles síntomas del COVID-19, la enfermedad causada por el novel virus. La enfermera, sin embargo, fue removida cuando comenzaron a acercarse a menos de seis pies de distancia de las personas para tomar sus temperaturas.

“Yo soy sobreviviente de cáncer”, explicó Jograj. “No querían que estuviese cerca de todo esto porque no he terminado el tratamiento. Todavía yo estoy en tratamiento por boca”.

Desde hace dos semanas, trabaja desde su hogar en Toa Alta coordinando los esfuerzos de la clínica y los controles en las entradas del hospital en San Juan. Jograj admitió que quisiera estar en el hospital trabajando directamente con pacientes, pero esto no la detiene de realizar su nueva labor.

“Yo quisiera estar ahí y ejercer mi vocación ‘full’ (de lleno) de enfermera como debe de ser”, confesó Jograj, quien trabaja en el Hospital de Veteranos desde hace seis años. “Pero estoy haciendo otras cosas dentro de lo que puedo y, viendo que estoy trabajando hasta sábados y domingos, veo que es algo necesario”.

Jograj, de 35 años, explicó que, luego que se reportó el primer caso de COVID-19 en la isla, el Hospital deVeteranos estableció una clínica en carpas en el exteriorde las instalaciones médicas para evaluar a personas que presentan posibles síntomas de la enfermedad. Asimismo, la institución hospitalaria ha establecido controles en las entradas para hacer evaluaciones tipo servicarro, que consisten en hacer una serie de preguntas y tomar la temperatura.

Los pacientes, dijo Jograj, entran al hospital con un solo acompañante, que también es evaluado en la entrada. Luego de la evaluación, el personal les da un sello con el número uno o dos. El uno identifica a aquellos pacientes que tengan citas para procedimientos urgentes que no se pueden cancelar. Mientras, el dos les corresponde a personas que van a tomar la prueba del coronavirus.

Diariamente, hacemos entre 30 a 40 pruebas de COVID-19 a veteranos”, señaló Jograj. “Por eso, es que, quizás, en las noticias, se escucha mucho que están saliendo muchos veteranos positivos, pero es que le estamos haciendo la prueba a todo el que viene con síntomas y después de una evaluación”.

Los veteranos que presenten síntomas severos, indicó, son admitidos y tratados en el hospital.

El Departamento de Salud ha confirmado 1,043 casos de COVID-19 y 56 muertes hasta el jueves. El Hospital de Veteranos reportó ayer dos casos positivos nuevos.

La clínica y los controles en la entrada, señaló, cuentan con unos 65 empleados diariamente. El personal rota cada día, por lo que a Jograj le toca contactar a los profesionales de la salud en el hospital para asignarles el turno de trabajo. La enfermera añadió que los empleados también son evaluados antes de entrar a trabajar.

En Puerto Rico, dos enfermeras han fallecido a causa del COVID-19 y, al menos, 53 profesionales de la enfermería se han contagiado con el virus. La mayoría de los profesionales de la salud infectados con COVID-19 trató a pacientes con la enfermedad en hospitales.

Aunque Jograj ahora está en su casa, su mayor preocupación es contagiar a sus padres, por lo que se mantiene lejos de ellos y no los visita a pesar de que están cerca. A veces, contó, su mamá, que vive a cinco minutos de ella en carro, le prepara comida y ella la recoge desde afuera, como en un servicarro. “Me hace falta ese calor humano, ese abrazo”, dijo.

El primer día que comenzó a trabajar desde su hogar, Jograj lloró por primera vez desde que empezó la crisis del coronavirus en la isla. Lloró porque no podía creer lo que estaba pasando, lloró porque estaba abrumada, lloró porque se sentía perdida.

“Lloré lo que no había llorado desde que empezó”, expresó Jograj. “Después de que lloré y tuve mi pequeño ‘tantrum’, me dije a mí misma: ‘Mira, Vero, hay que meter mano. Cálmate, tranquilízate y vamos a trabajar’. Y me puse a trabajar”.


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