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Arriba, a la izquierda, Tania Rosario, directora ejecutiva de Taller Salud, y la líder comunitaria de Loíza Modesta Irizarry.
Arriba, a la izquierda, Tania Rosario, directora ejecutiva de Taller Salud, y la líder comunitaria de Loíza Modesta Irizarry. (Andre Kang)

Con el reciente asesinato en la plaza pública de Loíza del copastor y líder recreacional Michael Fuentes Millán, se sacudió el espíritu de un pueblo.

“Uno siente como un retroceso. Pero el avance incluye retrocesos a veces”, lamentó la directora ejecutiva de la organización Taller Salud, Tania Rosario.

Radicado en Loíza, Taller Salud lleva trabajando durante seis años con la iniciativa Acuerdo de Paz, con la cual busca reducir la tasa de criminalidad, fomentando el respeto por la vida propia y ajena en ese pueblo costero.

Una de sus iniciativas florece vestida de colores, áreas de juego e instrumentos musicales. Con el objetivo primordial de recuperar los espacios públicos y crear bolsillos de paz que desalienten la actividad criminal, la organización ha declarado “zonas de paz” frente a cuatro escuelas elementales de Loíza.

“Va a ayudar mucho a los niños a apoderarse de sus espacios, y eso es bien importante, que los nenes puedan salir con toda la tranquilidad y alegría para compartir con otros compañeros, y que los padres se acerquen más a las escuelas”, aplaude la líder comunitaria Modesta Irizarry.

Contra la violencia

En entrevista con El Nuevo Día, Rosario relató que el proyecto comenzó en el 2011, en el marco de un violento año en que se reportaron 43 asesinatos en esas 19.4 millas cuadradas al noreste de la isla. Tratando el tema de la violencia como un asunto de salud pública por los determinantes sociales que impactan su incidencia, la organización ha empleado tres tipos de estrategias para afrontar la problemática social, explicó Rosario.

En primer lugar, con iniciativas de alcance comunitario, Taller Salud busca cambiar la conversación sobre la violencia a la vez que transforma la mentalidad. “Buscamos que no se normalice la violencia, que la gente lo hable, que crezca la indignación y que se pidan cambios”, sostuvo Rosario.

En segundo lugar, mediante mecanismos de interrupción de violencia, un cuerpo de profesionales identifica situaciones de alta tensión que puedan desembocar en violencia, y trabajan directamente con ellas para prevenirlas.

En tercer lugar, bajo el lema de “Vivir en paz en Loíza es posible”, diversas campañas comunitarias han servido de catalizador para desarrollar la conciencia del pueblo en contra de la violencia.

El impacto ha sido “indiscutible”, asegura Rosario. En los primeros 12 meses del programa, los asesinatos y los tiroteos se redujeron en más de un 50%. Al mismo tiempo que comunidades enemistadas se declararon una tregua temporera, desde diversas iniciativas comunitarias se recalcaba la necesidad de perdonar y detener la venganza.

Taller Salud nació en 1979, cuando un grupo de mujeres se juntaron en un colectivo para denunciar y reclamar sus derechos, sobre todo en el área de salud. Una década después, formalizaron la organización sin fines de lucro.

Fue en 1989 que llegaron a Loíza, respondiendo al llamado de auxilio que provocó el huracán Hugo. Entonces, asumiendo como parte de su agenda de trabajo las prioridades de las mujeres loiceñas, la violencia comunitaria se convirtió en una problemática a erradicar como parte de la misión de Taller Salud.

“Convertimos en una prioridad feminista las prioridades de las mujeres en Loíza. Aparte de mujeres y niñas, incluimos a los varones... En el cruce de balas, se va todo el mundo”, concluyó Rosario.