Milagros Galeano hace tapabocas en el Teatro Colón en Buenos Aires, Argentina, el miércoles 22 de abril de 2020. (AP Foto / Victor R. Caivano)

Buenos Aires, Argentina - Tres tutús blancos colgados de una percha son los únicos sobrevivientes del vestuario de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, en uno de los talleres del Teatro Colón de Buenos Aires.

El resto del vestuario de la obra fue guardado antes de su estreno, cuando la pandemia de coronavirus obligó a bajar el telón y apagar las luces por tiempo indeterminado de una de las salas líricas más importantes del mundo.

Sin embargo, en las entrañas del emblemático teatro porteño los talleres siguen funcionando. Ya no confeccionan trajes de época o zapatos de ballet, sino tapabocas que serán donados a los voluntarios que asisten a la población durante la cuarentena obligatoria que rige en Argentina desde el 20 de marzo.

“Esta oportunidad, esta crisis mundial que atravesamos, es como si estuviéramos por estrenar una ópera o un concierto o un ballet. Al máximo nivel de exigencia”, explicó la directora general del Teatro Colón, María Victoria Alcaraz, en entrevista con The Associated Press durante un recorrido por uno de los mencionados talleres.

Hoy la exigencia no está en la nota o en el paso, sino en ponerse el alcohol en gel, no tocar, cuidarse, cuidar al otro. Tal vez sea nuestra mejor obra, nuestro compromiso para salvar vidas”, apuntó.

Entre martes y viernes, 25 voluntarios de las áreas de sastrería, pintura, escenografía, efectos especiales, utilería y maquinaria escénica lavan y cortan telas de friselina gruesa con la que se confeccionan los cubrebocas con costura recta en máquinas de coser. Luego se embolsan y desinfectan para entregarlos a la alcaldía de Buenos Aires.

El Teatro Colón es uno de los pocos de su categoría que produce todo el material que se ve arriba del escenario, desde vestuario, zapatería, tocados y pelucas hasta decorados, lo cual le vale a sus talleres tanta fama mundial como la acústica de su sala.

Ahora, los sastres le ponen el mismo esfuerzo a la costura de los tapabocas.

“Me da pena la cantidad de gente que no puede tener uno”, confesó Stella Maris López, jefa del área de sastrería mientras acomoda en una pila los tapabocas reutilizables que llevan estampados el logo del teatro. “Los vamos a tener que usar hasta diciembre, cuando brindemos”, comentó entre irónica y resignada.

El uso de cubrebocas es obligatorio en la capital argentina, el segundo distrito con mayores contagios después de la provincia de Buenos Aires. El país sudamericano reporta hasta el momento 2,992 casos y 152 fallecidos.

En contraste con el movimiento de los talleres, impacta la quietud y silencio en la sala principal del Colón. El tenor italiano Luciano Pavarotti solía decir que tenía un gran defecto: “su acústica es perfecta... si uno hace algo mal, se nota enseguida”.

Nadie sabe con certeza cuándo la música pondrá fin al silencio.

“Aquel Teatro Colón, aquella ciudad de Buenos Aires, aquella Argentina y aquel mundo que dejamos atrás el día que cerramos el teatro cuando lo abramos no va a ser el mismo. En el medio nos habrán pasado cosas que ni siquiera hoy podemos imaginar... ahora el desafío es el mientras tanto”, reflexionó Alcaraz.


💬Ver 0 comentarios