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Se espera que Miguel Díaz Canel, actual vicepresidente, pasé a la silla de la presidencia

(Nota del editor: El Nuevo Día recorrió Cuba para recoger las opiniones de los cubanos sobre el proceso de cambio presidencial en el país. Se visitó Arroyos de Mantua, en la punta occidental; Hershey, en las afueras de La Habana; Placetas, en el centro de la isla; Segundo Frente; pueblo fundado por Raúl Castro Ruz en Oriente; y Punta de Maisí, en el extremo oriental de la isla. Esta es la primera entrega.)

Arroyos de Matua - El presidente cubano Raúl Castro Ruz dejará su puesto el próximo jueves, lo que constituirá el disparo de salida a un cambio generacional en el gobierno que mantiene expectante al pueblo cubano, el cual pone altas esperanzas en la transformación que traiga el nuevo mandatario, pero advierte sobre la necesidad de garantizar la integridad de los logros alcanzados por la Revolución que en 1959 derrocó al gobierno de Fulgencio Batista.

Castro Ruz dejará el poder tras 12 años en la silla máxima, pues cumplió dos términos de manera oficial y sustituyó por enfermedad a su hermano Fidel por dos años, antes de que este entregara formalmente la presidencia en el 2008.

Por primera vez desde que Cuba instauró su modelo socialista tras el triunfo armado de los “Barbudos”, un Castro Ruz no estará en la presidencia y tampoco lo hará un miembro de la llamada generación histórica que combatió en la Sierra Maestra, lo que supondrá un cambio sustancial en el manejo del país, donde la mayor parte del pueblo, a pesar de sus desencuentros y malestares, tiene esencialmente un alto nivel de respeto hacia quienes pelearon en las montañas y en la guerrilla urbana.

La transición generacional, dictada por el paso natural de los años y por disposiciones recientes del Partido Comunista de Cuba (PCC) que ponen como tope los 70 años para ocupar altos cargos de dirección, encuentra a los cubanos nadando entre dos aguas: por una lado, esperanzados en que el cambio traiga evolución en el país y, por el otro, recelo de que los logros alcanzados hasta ahora por el modelo socialista se vengan abajo y la población acabe metida en una encrucijada.

Ese sentimiento dual se respira en el país de punta a punta, comenzando por el pueblo de Arroyos de Mantua, un asentamiento pesquero de 3,500 habitantes en la provincia de Pinar del Río que está considerado como el sitio poblado más occidental de Cuba, donde El Nuevo Día inició un extenso viaje que acaba en el otro extremo de la isla, en Punta de Maisí, a más de 1,000 kilómetros al este.

Aquí, a 315 kilómetros de La Habana y dando cara al Golfo de México, la población, en medio de sus calles polvorientas y una vida carente de lujos o excesos, está alerta sobre el proceso que viene y lo encara con pragmatismo.

“El próximo 19 de abril va a haber un movimiento que, como dijo el compañero Raúl Castro Ruz, dará la posibilidad de que asuman los principales cargos las nuevas generaciones. Casi siempre los cambios generan desarrollo. Hay figuras con el pensamiento y lasideas que nos legó el comandante en jefe, Fidel Castro. Los jóvenes están conscientes de la tarea que tienen y la única forma de seguir subsistiendo es defender la Revolución y apoyando a sus líderes”, dijo a El Nuevo Día el presidente del consejo popular de Arroyos de Mantua, Leonardo Castro Miranda, algo así como el alcalde del pueblo.

Con su tez morena y la gorra verde del equipo de béisbol de Pinar del Río fija en su cabeza, Castro Miranda es de los que piensan que los cambios son positivos, pero su éxito dependerá de la propia gente.

“Este pueblo se caracteriza por ser revolucionario y combatiente, y tiene muchas raíces históricas. En este momento está enfrascado en un proceso de transformaciones, siempre con la participación popular… En ese contexto, a una comunidad como esta lo que le hace falta primeramente es un cambio de mentalidad de las personas. Que las personas entiendan que la única forma de echar para adelante es trabajando”, afirmó.

Quienes recuerdan los años previos a la llegada de la Revolución, aseguran que esta zona tenía visos de arrabal, donde se vivía de la pesca, pero no había dispensario médico, escuela, carreteras o servicios básicos. Los residentes aseguran que, a pesar del aspecto modesto del pueblo, los avances han sido notables, aunque carezcan de fanfarria o estética, pues los residentes han podido educarse y formar carreras en medicina o el deporte.

“Esto era un puerto pesquero de poca monta, que lo administraban cuatro o cinco magnates que eran los que decidían la vida de los trabajadores. La vida de los trabajadores era precaria, mala, lo que pescaban no tenía valor, lo hacían en embarcaciones de velas de malas condiciones, con mala atención médica, pues había un solo doctor, y si no tenías dinero te morías”, explicó el exadministrador del puerto pesquero del pueblo, Graciliano García Escandel, quien está jubilado a sus 76 años.

“Recordar aquello es terrible, porque no había carretera, solo un camino real. Hoy esto parece una ciudad al lado de aquello, hay casas de porte, elegantes, los pescadores tienen otra vida, salen a pescar en otras condiciones que hasta parecen turistas… La juventud de hoy no conoce, porque no lo vivió”, agregó el hombre.

Esa añoranza por no perder lo conseguido es la única preocupación que persiste entre los ciudadanos, pues uno de los distintivos del sistema socialista cubano ha sido llevar a la población en las regiones más remotas del país servicios básicos de salud, educación, deporte, seguridad, alimentación e infraestructura, desde vial hasta eléctrica.

La pobreza es latente para los parámetros occidentales, sobre todo en pueblos alejados de los centros urbanos, como Arroyos de Mantua, donde algunos de los niños juegan fútbol descalzos y las calles carecen de pavimento en muchas zonas.

En lugares como estos, a pesar de los recursos limitados del Estado absoluto, no faltan una escuela, un dispensario, alimentación gratuita y entrenadores preparados para enseñar a los niños a jugar béisbol, baloncesto, voleibol o fútbol a la altura de los mejores en la región.

El deporte, por ejemplo, es la principal fuente de orgullo de Arroyos de Mantua. De aquí han salido integrantes de los equipos nacionales de fútbol y tenis de mesa, así como miembros de los combinados provinciales de béisbol.

“Para seguir desarrollándonos en esta esfera a esta comunidad le haría mucha falta seguir mejorando las instalaciones deportivas, tener acceso a más cantidad de implementos deportivos, y preparar el personal docente para que sea más efectivo el trabajo”, explicó la directora de deportes municipal, María Elena Riveiro Otero, nacida en Arroyos de Mantua.

“La muerte de Fidel fue un golpe duro para los cubanos, pero tenemos que seguir su legado y seguir adelante, avanzando, porque todas esas ideas que nos transmitió las tenemos que reflejar en resultados para la sociedad. A él le gustaba mucho el deporte y por eso en todas las actividades que realizamos está presente su pensamiento. Aunque pronto tampoco estará Raúl, él seguirá con nosotros y vamos a seguir igual, cada día mejorando. Las ideas ya las tenemos interiorizadas, ya sabemos lo que vamos a hacer y seremos mejores”, añadió la fogosa mujer, quien encabeza un sistema deportivo municipal que forma campeones con muy pocos recursos.

Esa idea de vivir sus días sin uno de los hermanos Castro Ruz en el poder suena extraña a muchos cubanos, ya que la costumbre provoca una adaptación, voluntaria o no, que se convierte en rutina.

El mero hecho de la ausencia física de Fidel y la salida de la presidencia de Raúl, aunque prevalezca como secretario general del PCC, representan un cambio mayúsculo en el panorama social cubano, para lo cual se preparan los ciudadanos de todo el país, incluidos los del rincón más occidental de la isla.

“Estoy convencido de que las cosas aquí van a cambiar, no sé si para bien o para mal, pero será un cambio de 180 grados. Vienen propuestas de trabajo, un mundo diferente, y hay que prepararse porque es una oportunidad”, expresó el pescador Oriván Zambrana Fiallo, de 37 años, quien hace hincapié en que el escenario de transformación no cambiará la esencia de pueblos como Arroyos de Mantua, donde la humildad vale más que la ostensión.

“Los mantuanos son personas humildes, esa es la palabra para describirnos. Cuando digo humildes es porque es la palabra que lo abarca todo, porque puedes llegar a la casa de cualquier mantuano y te van a recibir con los brazos abiertos, ya tengan lo mejor o lo peor, pero te lo ofrecen con el corazón en la mano”, indicó el joven hombre de mar.

Y es en ese caldo de cultivo, donde el principal ingrediente es la humildad popular, que Raúl Castro Ruz entregará el poder el próximo 19 de abril, una cita que marca un hito y a la que los cubanos esperan con una certeza única, la del cambio generacional.


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