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Konrad Krajewski se fotografió con algunos de los ocupantes del edificio. (AP)

Hasta hace pocos días, en el imaginario colectivo romano un cardenal era un "príncipe de la Iglesia", alejado del mundanal ruido y recluido un elegante y alejado "palazzo" (palacio) de la ciudad. Pero eso ya es historia, gracias al cardenal polaco Konrad Krajewski, limosnero del papa -es decir, el encargado de repartir entre los más necesitados las donaciones que desde todo el mundo recibe el santo padre-, que el sábado pasado fue protagonista de una acción clamorosa, de la que aún se habla.


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