Foto del 12 de febrero del 2020 que muestra (de der. a izq.) a Fatiha Naji, Fatima Mekhnas y Saida Fetouh en el inicio de una jornada de pesca en Belyounech, al norte de Marruecos. (AP Photo/Mosa'ab Elshamy)

Belyounech, Marruecos (AP) — Las botas de Fatima Mekhnas se entierran en la arena mientras recorre una playa en el extremo norte de Marruecos. Irradia optimismo después de luchar por años para ganarse el derecho a trabajar en un barco de pesca en el Mediterráneo.

Le siguen otras integrantes de la primera cooperativa de pesca artesanal integrada exclusivamente por mujeres de esta nación del norte de África, quienes arrastran una pequeña embarcación hacia el mar, en el inicio de una jornada de pesca.

Cuando el bote empieza a flotar en el agua, las mujeres se trepan y parten en el primer viaje de pesca de féminas aprobado por el gobierno. Se entrenaron durante dos años y finalmente lograron derribar una barrera de género en una actividad reservada tradicionalmente para los hombres en esta nación.

“Vivimos en el mar. Si nos sacan de aquí, moriremos, como los peces”, dice Mekhnas, presidenta de la cooperativa Belyounech. “El mar es mi vida, la de mis hijos y la de todos aquí”.

Belyounech se encuentra al pie del monte Musa, aislada del mundo excepto por esta zona costera cerca del enclave español de Ceuta, que se encuentra siete kilómetros (cuatro millas) al este. El cierre de la frontera con Ceuta a comienzos de los años 2,000 fue desastroso para la economía del pueblo.

Aquí puedes ver dónde queda Belyounech:

Los residentes de esta región que trabajaban en Ceuta se vieron obligados a retomar la actividad de sus abuelos: la pesca de pulpos, escorpiones, calamares y atún rojo para alimentar a sus familias y venderlos en los pueblos vecinos.

Las mujeres volvieron a la cocina.

“Limpiaba casas y hacía de niñera en Ceuta. Trabajaba por $20 al día y podía vivir decentemente. Pero cuando cerraron la frontera, me quedé en casa por años y años, viendo el mar por la ventana”, dijo Khedouk Ghazil, de 60 años.

Ella y otras mujeres empezaron a reparar redes y limpiar botas, sin cobrar.

La falta de entrenamiento impedía que las mujeres entraran a la pesca, pero eso cambió. (AP)
El sector genera 170,000 empleos y le da de comer a 5.2 millones de marroquíes, según Thami Mechti, del Centro Nacional de la Popularización Marítima de Laarche.

Pero eso está cambiando.

“Desde hace dos años venimos dándoles a las mujeres el entrenamiento necesario para que puedan salir de pesca sin correr peligros”, dijo Mechti.

De las 19 mujeres de la cooperativa de Belyounech, solo cuatro habían generado ingresos con la pesca.

“A los hombres no les gustaba la idea de que las mujeres saliesen al mar”, dijo Fatiha Naji, quien se vio obligada a dedicarse a la pesca y soportó muchos insultos cuando su marido perdió su trabajo como vendedor callejero al cerrar la frontera.

“Siempre pensé que otras mujeres podían acompañarme”, dijo Naji.

La cooperativa fue lanzada en marzo del 2018 para ayudar a las mujeres a incorporarse al sector. Al principio reparaban redes, esta vez cobrando.

Al poco tiempo las mujeres empezaron a jugar con la idea de salir de pesca.

“El trabajo en el mar no es fácil, pero es lo que mis hermanas y yo queremos hacer. Y finalmente esto se hizo realidad”, dijo Mekhnas.


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