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Madrid - Acaso no haya llegado aún el fin para el régimen de Bachar el Asad, y su Ejército y sus milicias sean capaces de expulsar a los rebeldes armados que el domingo se apoderaron parcialmente de media docena de barrios de Damasco. Pero las batallas sin precedentes que desde hace 36 horas se libran, por primera vez, en plena capital demuestran que no pueden ganar esa guerra como tampoco lograron acabar con la rebelión pacífica antes de que, en 2011, los alzados optasen por la lucha armada.

La guerra alcanzó con fuerza Damasco ayer por la tarde, y el estruendo que lleva aparejado, con el estallido de los proyectiles de morteros y el tableteo de las metralletas, debía de ser perfectamente audible desde el palacio presidencial y demás centros de poder. “¿Dormirán Bachar y Asma (esposa del presidente) con bolas de cera en los oídos?”, bromeaban algunos damasquinos en las redes sociales pese a las penalidades que sufrían.

Desde que hace 16 meses estalló en Deraa -al sur del país, junto a la frontera jordana- la rebelión contra el régimen de El Asad, cuya represión se ha cobrado 17,000 muertos mayoritariamente civiles, se habían producido algunas escaramuzas nocturnas en la capital, pero nunca unos enfrentamientos tan violentos, prolongados y a plena luz del día como los que empezaron el domingo. La Cruz Roja Internacional aseguró ya de manera oficial que Siria vivía una guerra civil en toda regla.

Si los dignatarios del régimen guardaban silencio, algunos de los medios de comunicación que le son afines reconocían a su manera la trascendencia de la batalla en curso. “¡Damasco nunca será vuestro!”, titulaba en portada el rotativo Al Watan. “Es un vuelco”, recalcaba Abdel Rahman, quien desde Londres dirige el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Los opositores sirios en el exilio se turnan eufóricos desde el domingo ante las cámaras de las televisiones árabes vía satélite para comentar el asalto a la capital.

Helicópteros del Ejército sirio sobrevuelan las calles de Damasco, en un vídeo grabado por los rebeldes.

Esfuerzo

El Ejército del presidente Bachar el Asad se esforzó ayer en recuperar los barrios del sur de la ciudad en los que la guerrilla del Ejército Sirio Libre (ESL) se atrincheró el domingo a mediodía. Son algunos de los barrios más pobres de la ciudad y, aunque Damasco es una ciudad mayoritariamente suní, en estos distritos la población que profesa esta rama del islam forma una mayoría aplastante.

Al caer la noche de ayer, seguía resistiendo los embates pese a su inferioridad armamentística. En Al Tadamon y Naher Aisha, donde los choques eran más intensos, se combatía calle por calle: los rebeldes desde sus barricadas improvisadas.

Tras varias horas de bombardeo Maher el Asad, el hermano pequeño del presidente que manda la mejor equipada de las divisiones del Ejército regular, envió a la zona a decenas de carros de combate, que los vecinos de Damasco pudieron observar circulando en fila por algunas avenidas de la ciudad, y helicópteros artillados.

Frente a esta unidad, la IV División, el ESL solo posee fusiles, metralletas, granadas y armas antitanque. Entre sus miembros, muchos son desertores del Ejército regular a los que se añaden voluntarios sin experiencia militar.

En la capital han contado con la valiosa ayuda de jóvenes damasquinos que cortaron avenidas para bloquear la contraofensiva.

Convencido de que esta puede ser la ofensiva final, el ESL ha pedido a todos sus hombres que se sumen al frente sur de la capital y, si no pueden acercarse a Damasco, que armen bulla allí donde están instalados para entretener en otros frentes a las tropas leales a El Asad.

Mientras las fuerzas gubernamentales intentaban reconquistar el sur, tuvieron también que hacer frente a incursiones enemigas en otros barrios más céntricos como Zahera y, sobre todo, Midan, hasta ahora inmunes a la guerra. En Midan varios agentes del régimen cayeron en una emboscada. Tras expulsar a los insurrectos, decenas de vehículos blindados se desplegaron en el área para impedir su regreso.

El centro histórico de Damasco permaneció ayer tranquilo aunque con muy poca actividad. La circulación era escasa y la mayoría de los comercios permanecieron cerrados. Buena parte de la población se encerró en sus casas sin, en muchas ocasiones, luz eléctrica porque los cortes eran frecuentes, según señalaban algunos vecinos de la capital a través de las redes sociales.