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Lejos de estar triste por su retiro como congresista, Luis Gutiérrez está entusiasmado con el trabajo realizado y sus planes. (GFR Media)

Washington - Luis Gutiérrez está entusiasmado con la próxima etapa de su vida pública.

No le da nostalgia dejar el Congreso, donde ha trabajado por 26 años.

Por todo un cuarto de siglo ha sido parte de un trío constante de congresistas puertorriqueños, junto a Nydia Velázquez y José Serrano.

En sus últimos días en el Congreso, Gutiérrez, elegido por Chicago (Illinois), afirmó que, ciertamente extrañará los muchos amigos que hizo en el Capitolio, pero no la pomposidad del puesto. Tampoco extrañará las muchas noches en el sofá de su antigua oficina del edificio Rayburn de la Cámara baja federal.

Como muchos miembros del Congreso, incluido el saliente speaker Paul Ryan, durante los días de sesión de la Cámara de Representantes, Gutiérrez durmió durante años en su despacho.

Antes de entrar por última vez al hemiciclo como miembro del Congreso, Gutiérrez fue entrevistado por El Nuevo Día.

En sus últimas semanas en el Congreso, la propia institución le recordaba que estaba de salida.

Como casi el centenar de congresistas que no regresa en enero, estuvo en una oficina común en el sótano del edificio Rayburn durante las últimas cuatro semanas de sesión. Sonrió, sin embargo, al indicar que, por lo menos, le dieron dos cubículos. Los demás solo tenían uno.

“Ahora entiendo lo que es un ‘lame duck’ (un funcionario electo que no regresa a su posición). Casi no existes. No votas por el próximo speaker, no estás en la organización de los nuevos comités, y en este sitio todo se trata de cómo puedes usar el voto para persuadir a unos o ayudar a otros a avanzar sus carreras”, dijo Gutiérrez.

Después de 26 años como representante del distrito 4 de Chicago, con importantes bases electorales de orígenes mexicano y puertorriqueño, Gutiérrez se prepara para un nuevo rol.

Como adelantó hace unos meses, a partir del 3 de enero va a ser asesor senior de Política Pública de la Alianza Nacional de Nuevos Americanos (NPNA, en inglés), una organización dedicada a defender los derechos de los inmigrantes.

A partir de mayo, después de la elección en la que su hija Jessica aspira a ser concejal municipal de Chicago, prevé tener su residencia permanente en Puerto Rico, donde podrá ejercer el derecho al voto en 2020.

Gutiérrez, de 65 años, tiene previsto, de todos modos, recorrer Estados Unidos con mayor libertad para hablar de los temas que más le apasionan y que han estado al frente de su agenda en el Congreso: el futuro de Puerto Rico y una reforma abarcadora de las leyes de inmigración.

“Ahora puedo hablar más sobre Puerto Rico en Utah, Nevada, Las Vegas”, dijo.

¿Qué siente al cerrarla oficina del Congreso?

—Después dela elección, es como que la institución quiere que te vayas. (Cerca de 100 congresistas no regresan a sus puestos en enero). Empiezan a enseñarte cierto desprecio, aunque seas un miembro con mucha antigüedad. En mi caso estuve entre los primeros 50 de mayor antigüedad.Yo también me quiero mover hacia delante con mi nueva vida, pero como que te lo dejan saber con claridad.

¿No se ha arrepentido?

—En nada.

Usted –en los días de sesión– estaba en este edificio las 24 horas del día.

—No es la primera vez que me programé para retirarme. Cuando anuncié, en 2006, que me retiraba, la gente me dijo: “Estás loco, ¿cómo te vas a ir? No te puedes ir”. Ha habido un sentido de responsabilidad (de estar aquí), pero desde hace un tiempo estaba buscando el momento para irme.

¿Qué va a extrañar del Congreso?

—Tengo muchos amigos y amigas. No voy a extrañar lo ceremonial que es estar en el Congreso, las presentaciones, la búsqueda de tus opiniones. Para poner en perspectiva lo alejado que estaba de la pomposidad, muchos siempre han querido estar cerca de los mensajes de estado de la unión. (Hay congresistas que casi acampan en el pasillo para saludar al presidente). En mi caso, la mitad de los mensajes los vi en mi oficina por televisión.

¿Su mayor logro en el Congreso?

—Cuando comencé (como congresista), el tema de inmigración estaba en el nivel inferior de los asuntos ante el Congreso. Ahora está en el nivel más alto. En 2010, Nancy Pelosi decía que no iba a haber un voto por el ‘Dream Act’. Cuando presentamos el proyecto de ley para hacer ley los beneficios de DACA (las normas administrativas para normalizarles la vida a los jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos –EE.UU.– de la mano de sus padres), en 2017, todos los demócratas lo coauspiciaron.

¿Y en términos de legislación?

—Cuando llegué aquí, lo primero que dije es que debemos congelar el salario de todos los miembros del Congreso. Seis meses después, los salarios fueron congelados. Propuse lo que fue la legislación NACARA (para proteger a inmigrantes centroamericanos), aunque el autor (en papel) en la legislación fue Lincoln Díaz Balart. Dirán que DACA no es una legislación, pero eso es una iniciativa nuestra.

¿Su mayor frustración?

—La continuación del status colonial de Puerto Rico y no lograr una reforma abarcadora de las leyes de inmigración.

¿Qué tarea deja pendiente?

—Las mismas (la descolonización y la reforma de las leyes de inmigración). Regreso a vivir a mi patria porque las cosas sobre Puerto Rico no se han completado.

Hace poco, el republicano Rob Bishop le devolvió el debate de status al gobierno de Puerto Rico para que vuelva a legislar un referéndum.

—Pienso que el Junte de Mujeres, en el que vinieron aquí unidas, un grupo de mujeres puertorriqueñistas, es un buen ejemplo de lo que se puede hacer en torno al status. Ambientalistas, líderes sindicales, de la comunidad LGBTT, y otros, pueden hacer lo mismo.

¿Tendrá eco un referéndum local estadidad sí o no legislado en San Juan en consulta con el Departamento de Justicia federal?

—Los estadistas creo que se han quedado estáticos en poco más del 40%. El pueblo puertorriqueño no tiene un derecho inalienable a la estadidad. El único derecho inalienable e inalterable es el derecho a la independencia, y eso va hasta el infinito. No importa lo que pase, ese derecho va a existir para el pueblo de Puerto Rico.

Usted va a seguir teniendo acceso al hemiciclo y podrá tratar de influenciar a sus amigos.

—Quiero ser un procurador de la gente. Quiero hablar con Casa Pueblo, los demás ambientalistas, ver cómo desarrollamos un plan para tener a corto plazo una red energética en la que el 50% no sea de fuentes fósiles. Quiero hablar con los agricultores. Quiero ayudar a aglutinar a los puertorriqueñistas. Creo que nuestro futuro está entre ellos.

(Gutiérrez hizo entonces una pausa para hablar de la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, quien ha sido parte del Junte de Mujeres)

—No digo que Carmen Yulín no sería una buena gobernadora, pero ella haría un trabajo maravilloso aquí. No he visto ningún puertorriqueño de la isla que haya tenido más acogida en EE.UU.

La alcaldesa es, quizás, desde Luis Muñoz Marín, la personalidad política residente de Puerto Rico más conocida en EE.UU. Pero, la boricua que más se conoce en EE.UU. debe ser Alexandria Ocasio Cortez.

—Creo que (Ocasio Cortez) tiene un gran futuro en el Congreso. Sé que va a hacerlo con mucha destreza, pero en algún momento tiene que hacer una transición –como me sucedió a m– para, al mismo tiempo, mantener sus principios y lograr hacer cosas.

¿Qué aprendió aquí?

—Nada pasa en este lugar sin presión desde afuera. Cierto que el poder está aquí en los votos de los miembros del Congreso. Pero, el poder se puede usar bien si hay agentes externos.

¿Quién ha sido el mejor presidente de EE.UU. durante sus años en el Congreso? En la Casa Blanca han estado Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump.

—Barack Obama. Vi en él el mayor crecimiento como presidente de EE.UU.

¿Cuál ha sido el que mejor ha tratado a Puerto Rico?

—Ninguno nos ha tratado bien.

¿De qué se arrepiente?

—Los errores son muchos. Pero, mi arrepentimiento no tiene que ver con mi trabajo en el Congreso. Tiene que ver con el impacto del trabajo en el Congreso sobre mi vida personal. Nunca logré un buen balance de las cosas. Me monté esta mañana (del día de la entrevista) en un avión. Había estas dos niñas, una de tres o cuatro y otra de nueve, tomándose fotos, muy contentas con sus papás. (Gutiérrez tiene dos hijas). Vi eso y me pregunté, “¿cuántas de esas oportunidades me perdí?”


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