El juez Besosa acogió las sentencias recomendadas por la fiscalía federal, según el acuerdo al que llegaron con los dos acusados. (semisquare-x3)
El juez Besosa acogió las sentencias recomendadas por la fiscalía federal, según el acuerdo al que llegaron con los dos acusados. (GFR Media)

“Por qué lo mataron, por qué… no había necesidad… Nadie me va a devolver a mi Robertito”.

Así se expresaba hoy Griselle Mariani, madre del policía asesinado Roberto Medina Mariani, en una emotiva exposición durante la vista de sentencia contra dos de los coacusados federales en relación al crimen que acabó con la vida de su hijo en un local comercial en Ponce.

“Ese fatídico 11 de septiembre de 2017, los tres tiros que recibió mi hijo, dos de ellos fatales, mis hijos y yo los recibimos”, expresó Mariani. “Fueron tres tiros que a mí me despertaron”.

“Su hija lo sufre, lo llora… Me dice: ‘no soy feliz’. Su otro hijo, un bebé que él amaba y deseaba, no lo logrará conocer nunca”, agregó, en relación a la descendencia del policía fallecido, cuya hija tiene actualmente 10 años y el niño 2 años.

El juez federal Francisco Besosa sentenció a Jonathan Valentín Santiago a 34 años de prisión por los cargos el asalto en un local comercial y el uso de un arma de fuego que culminó con el asesinato del oficial en septiembre de 2017.

Mientras, Besosa sentenció al coacusado Rubén Miró Cruz a 24 años y medio de prisión por interferir con el comercio mediante robo y el uso y posesión de un arma de fuego.

Ambos se habían declarado culpables en un acuerdo con la fiscalía federal.

Un tercer coacusado, Cristian Serrano Delgado fue encontrado culpable por un jurado, tras siete días de juicio, en diciembre pasado. Su sentencia está pautada para el 18 de marzo.

Valentín Santiago aceptó haber disparado contra Medina Mariani cuando robaba en el local comercial en Ponce.

“Pueden haber mil años de encerramiento en cuatro paredes, pero su vida va a seguir igual de cómoda sin trabajar, recibiendo tres comidas, servicios médicos, todo gratuito”, manifestó con voz entrecortada la madre del oficial.

Recordó que su “hijo desde joven trabajaba, pagaba sus impuestos… todo lo que se proponía, lo lograba. Nunca tuve problemas en la escuela ni en el vecindario todos los años de su vida”.

“No es fácil tener que llegar a un cementerio a buscar respuestas porque no las tengo”, continuó. “No hay noche que no siento esos tres tiros o que vea su rostro cuando forense se lo llevaba”.

Confesó que le es difícil volver a su trabajo como enfermera en el Departamento de Corrección y Rehabilitación, donde ha laborado por 25 años.

“He dado servicio de respeto a confinados, lo dice mi expediente profesional. Trato ahora de retomar esa vida y no puedo porque ahora sé que los que intervinieron con mi hijo y me lo mataron, eran reincidentes, personas que saben a lo que se atienen”, sostuvo. “¿Cómo puedo seguir pasando por el mismo lugar por donde me lo mató… cerca de donde nació, creció y vivía?”.

“Quiero dejar claro que no puedo aceptar perdón, no puedo aceptar disculpas porque no es fácil estar de pie en esta posición… Cuando sus hijos estén grandes, ¿qué puedo decirles? Tengo que conformarme con decirles que ‘mataron a papi’”.

El padre del oficial, Roberto Medina, recordó ante el juez que su hijo entró a la Policía para seguirle sus pasos, pues es un retirado de la Uniformada.

“Era un buen hijo, buen padre, buen hermano… le pedimos de todo corazón que la sentencia sea la máxima”, dijo Medina.

El juez Besosa acogió las sentencias recomendadas por la fiscalía federal, según el acuerdo al que llegaron con los dos acusados.

“Los crímenes violentos están ocurriendo a cualquier hora y en lugares público… la corte debe considerar la tasa de crímenes violentos”, manifestó el juez Besosa. “El impacto es mucho más serio que cuando se redactaron las guías de sentencia… La corte tiene que prevenir crímenes violentos”.

“Es desafortunado que tiene que haber una iniciativa de armas, incluyendo una de la fiscalía federal, para atender lo que está pasando”, añadió.

En la sala, otros familiares de Medina Mariana lloraban mientras escuchaban las exposiciones de la madre y padre del oficial, así como las declaraciones de Valentín Santiago y Miró Cruz.

Desde uno de los bancos, también lloraba sin consuelo la madre de Valentín Santiago, cuya defensa legal solicitó al juez la mínima sentencia posible debido a que “el sistema le falló” mientras crecía, alegando haber sufrido de abusos de parte de su padrastro y abuela, con quienes vivió en diferentes momentos, antes de convertirse en adicto a las drogas a los 17 años.

“A mi familia, quiero pedirle perdón a mi madre, que está aquí en sala, por ponerla en esta situación, en un momento tan difícil”, declaró Valentín Santiago. “Gracias por su comprensión y su cariño… aunque le fallé como hijo y hombre, está aquí apoyándome”.

Al dirigirse a la familia de Medina Marina, dijo: “Les pido perdón por lo más profundo de mi corazón, a su padre, madre e hijos… pero más a sus hijos por la situación que los puse y ahora crecerán sin un padre, y sé lo que es crecer sin un padre”.

“No estoy justificando, solo aceptando como hombre que cometí un grave error. Andaba por el camino de las drogas, por malos pasos… quiero dejarle saber (al juez) que el hombre que cometía ese robo, buscando obtener dinero con la conducta menos adecuada, por la fuerza, no es el hombre que está presente aquí en esta sala”, afirmó.


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