Mayra Montero
💬

“Garage sale” en La Fortaleza

Antes de entrar en asunto: ¿no podría la gobernadora montar un “garage sale” de mascarillas? Alguna le tiene que sobrar. No repite. Las tiene de encaje, de seda, bordadas a mano, con logo, sin logo, de florecitas, de moaré, y estoy segura que alguna adornada con swarovskis para los más serenos tête à tête de nocturnidad.

Son una distracción para la audiencia. Uno se olvida del mensaje y se concentra en la delicadeza del nasobuco, también llamado cubrebocas, pero nasobuco es más correcto por lo de la nariz.

Si hace un “garage sale” a beneficio, por ejemplo, del zoológico, yo voy a llegar la noche antes como en Viernes Negro. Le tengo echado el ojo a dos o tres de las decenas de mascarillas que le he visto.

Luego de esta nota sinceramente frívola —una tiene sus momentos—, voy a lo que nos “trujo”, como decía Rojas Zorrilla, que era muy gracioso y escribió aquello de “Las áspides de Cleopatra”.

Aquí, gobernadora, está corriendo un presupuesto diseñado e impuesto por la Junta de Control Fiscal. Ese solo detalle tiene una importancia crucial, aunque todos los candidatos disimulen, miren para otro lado y hablen de otra cosa. Ese solo detalle de igual modo evidencia la autoridad y trascendencia que tiene ese organismo creado por la facultad de una ley aprobada por el Congreso de los Estados Unidos.

Este mismo mes tendremos noticias de la jueza federal que está poniendo orden en el gran desmadre de la deuda pública.

Cuando yo oigo hablar de auditoría, no puedo dejar de preguntarme: ¿pero de verdad todavía hay alguien que dude de que ese dinero se cogió prestado y se usó a lo loco, teniendo en cuenta el tren de vida que llevábamos? Hubo de todo, se pagaron salarios, bonos de Navidad, bonos de productividad, licencias por casi cualquier cosa, viajes de legisladores, viajes de estudiantes, obras faraónicas, y encima de eso y para colmo, se financiaron incontables chanchullos. Suponiendo que sacaran mal las cuentas, y no hubiéramos debido los $70,000 millones que se dijo al principio —y que ahora, entre pitos y flautas asciende a $90,000 millones—, lo cierto es que debíamos demasiado, no menos de $50,000 millones. Y aunque hubieran sido $30,000, siempre habríamos tenido que acogernos a la quiebra. La bola de nieve rodaba desde hace varios cuatrienios, todos cuadraron caja y prometían villas y castillas con lo que cogían prestado, y lo cierto es que, con los acuerdos diligenciados por la Junta, se va a pagar mucho menos de lo que se debe.

Menciono todo esto simplemente para explicar mi sorpresa ante el hecho de que la gobernadora, después de que se produjeran las renuncias de Carrión y García, el primero nada menos que presidente de la Junta de Control Fiscal, no convocara de inmediato una conferencia de prensa para darle al país su interpretación del asunto, o lo que espera ella que va a ocurrir en el futuro inmediato.

Nada. Silencio sepulcral. Como si la audiencia efectuada por la Junta y las renuncias que se conocieron a continuación, fueran asuntos vacuos, secundarios, que no inciden en las primarias, en las elecciones (que parece ser lo único que le interesa), en la manera en que va a estar manejándose el país a partir del último trimestre del año.

Por supuesto, si la Ejecutiva no se dirige a sus conciudadanos, no tiene “pensamientos” al respecto, y ni siquiera alerta de algún modo a la población y la mantiene informada, pues la gente, en general, se recuesta a esa nueva normalidad de las mascarillas (las de andar por casa, las de todos los días), al susto de los temblores y a la nube de polvo del Sahara. Solo algunos economistas, algún observador con buenos vínculos en Washington, y ciertos periodistas que ven venir el lobo, están pendientes de los acontecimientos. Es verdad que el flujo de fondos federales va a devenir en un colchón importantísimo, pero el golpe psicológico no nos lo quita nadie.

Mención aparte merecen los candidatos de la oposición, los que van a primarias y los que no. Los que no tienen reparos en prometer lo que sea, lo primero que les viene a la mente, sabiendo —y si no lo saben, son un peligro mayor— que no tendrán la más mínima posibilidad de cumplir.

Hay algunos que juran que lo primero que harán será expulsar a la Junta y suprimir la deuda de un plumazo. Aseguran que van a aumentar el salario mínimo; que engordarán las pensiones y que el bono de Navidad caerá como maná del cielo. Hay una que sostiene que si ganan ellos, nunca más se va a racionar el agua y que a todas partes llegará abundante y sin intermitencias. Muy oportuno —oportunista— en estos momentos en que llenamos cubitos.

A veces uno se pregunta: ¿quién va a cuestionarles, con datos, con números y con firmeza, ese falso espejismo con que pretenden embaucar a los electores?

Que hablen del presente. Del auténtico panorama económico. De nuestra posibilidad de insertarnos en mercados globales, y de la sustancia real de esa inserción. Si esa posibilidad es lejana, o hay que luchar por ella y sacrificarse mucho, díganlo también.

Volviendo a las mascarillas de la gobernadora…

Otras columnas de Mayra Montero

miércoles, 5 de agosto de 2020

El PNP y los cocodrilos

No se me ocurriría votar por alguien en quien no creo, ni aun bajo amenaza de escuchar cien veces esa última canción de Arjona que resonaba ayer en los altavoces de un supermercado: ‘No volverá a ser flor tu cocodrilo’, escribe Mayra Montero

martes, 4 de agosto de 2020

De aquí al domingo

Hay otros jefes de agencia que a lo mejor no se sienten amenazados, pero créanme que nadie está a salvo. Y si la gobernadora ganara las primarias el domingo, despídanse: hasta noviembre estarán todos en la cuerda floja, escribe Mayra Montero

lunes, 3 de agosto de 2020

Mentirás a tu prójimo

Mayra Montero señala que los precandidatos a la gobernación por el PNP y PPD carecen de propuestas económicas

domingo, 2 de agosto de 2020

Ventajas de la oscuridad

A estas alturas de la ansiedad, el esfuerzo, las maromas que conlleva trabajar sin electricidad, la verdad es que a los desalumbrados no nos importa mucho si instalan molinos de viento, placas solares, centrales nucleares o maniguetas de Pedro Picapiedra, escribe Mayra Montero