Mayra Montero
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Ventajas de la oscuridad

La frase más desafortunada de la gobernadora Wanda Vázquez, desde que el mundo es mundo y ella está en el servicio público, la pronunció en Mayagüez el pasado viernes:

“Yo también me quedé sin luz”.

Pero es que eso no le importa a nadie. Si la gobernadora tiene luz o no, es secundario. Los que gobiernan deben estar en la primera línea de vicisitud. Lo que pasa es que, como las prioridades están trastocadas, el mensaje de la gobernadora se puede traducir así: yo, que soy la que manda, y que estoy por encima del sistema eléctrico y su jefe, también me quedé a oscuras. ¡Cómo no van a sufrir lo mismo los demás!

Ese es el verdadero sentido de su frase.

Al momento en que escribo estas líneas, viernes en la noche, muchos abonados carecemos de electricidad y disponemos de un hilito de agua. ¿Es que acaso debemos consolarnos con el hecho de que la gobernadora esté bregando con bidones de gasolina, cilindros de gas y cambios de aceite? Ella con sus propias manos.

Muy bien, si quiere nos consolamos. Aunque no le vi el aspecto de las mujeres que deben entenderse con los generadores caseros, y en otros casos con la falta de luz sin paliativos, ni “blower” ni “plancha”, y linternas para aquí y para allá.

Al decir que a ella también se le fue la luz, ¿qué pasa, se supone que carguemos con el peso emocional de esa catástrofe? ¡La gobernadora sin luz! ¿Cómo vamos a aspirar nosotros, pobres mortales, a tener electricidad en la casa?

Antes había tirado de otro argumento bastante incomprensible. Ante la demora en el restablecimiento de la electricidad, y las interrogantes de los afectados, dijo:

“Yo tengo las mismas preguntas que tiene el pueblo”.

Es lamentable tener que insistir en esto, pero ella no puede tener preguntas. No le está permitido. No es algo compatible con su cargo. Ella levanta el teléfono y habla con José Ortiz, director ejecutivo de la AEE, y José Ortiz le tiene que dar respuestas. Buenas o malas. Pero la gobernadora no puede presentarse ante los medios, 48 horas después del apagón, y decir que tiene las mismas preguntas que los demás.

Las preguntas de los demás son legítimas, las de ella son inadmisibles.

Ya cuando el huracán María vimos que otros lugares pobres y subdesarrollados eran capaces de restablecer el servicio eléctrico a los pocos días de haberlo perdido por los vientos y las lluvias. ¿Qué tiene nuestra red eléctrica, aparte del descuido y la falta de mantenimiento —que eso también ocurre en otros países—, que cuando se va la luz por un fenómeno atmosférico, pasan los días y no vuelve? Es como una maldición, un fenómeno paranormal o algo. Aunque también es posible que queriendo modernizar las cosas por retazos, las hayan enredado de tal manera que hay equipos que no combinan unos con otros, y siempre hay que estar mandando a buscar piezas carísimas que, cuando llegan, no se corresponden con las más antiguas.

A estas alturas de la ansiedad, el esfuerzo, las maromas que conlleva trabajar sin electricidad, la verdad es que a los desalumbrados no nos importa mucho si instalan molinos de viento, placas solares, centrales nucleares o maniguetas de Pedro Picapiedra. ¿Ah, que nos puede matar a largo plazo la contaminación? Tal vez, pero es que ahora nos morimos de asco.

Quedan dos meses violentos, agosto y septiembre, de puro susto y reporteras del tiempo que una semana sí y otra también, nos van a estar mostrando los conglomerados de nubes que salen de [Africa, y advirtiéndonos que tenemos que vigilar al animal que avanza. La mente de los ciudadanos no se concentra, como debe ser, en el factor de las ráfagas y los aguaceros. La mente trabaja sin cesar pensando en los días, las semanas o meses que nos quedaremos sin luz.

Si por desgracia nos pasara rozando otro vendaval, la gobernadora aparecerá ante las cámaras como lo hizo el viernes —llevaba nueva mascarilla, de maripositas, ¿para cuándo el “garage sale”?— y nos repetirá que tiene las mismas preguntas que nosotros, qué casualidad que volvamos a coincidir en la miseria, y que también ella, sin luz ni fosforitos, se hunda en la mediocre oscuridad.

Parece que el presidente de la Comisión Estatal de Elecciones tampoco tenía luz la semana pasada, lo que tal vez sea la causa de que no leyera la carta envenenada que recibió de Washington. Ni siquiera tuvo una velita con la que alumbrar las implacables líneas que le escribieron desde el Departamento de Justicia federal.

Líneas que también van con la gobernadora, que fue la que firmó la ley del plebiscito “Estadidad Sí o No”.

Ella ha dicho que su gobierno pondrá los millones que hagan falta para celebrar la consulta. Le ha venido bien que se le fuera la luz para no tener que abundar en los detalles de la financiación de ese ejercicio hueco.

Ya habrán notado que las tinieblas tienen sus ventajas.

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