Mayra Vélez Serrano

Punto de vista

Por Mayra Vélez Serrano
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A 70 años de la revolución comunista china

En una hermosa y magna celebración, el pasado 30 de octubre China celebró el septuagésimo aniversario del triunfo comunista. Luego de un siglo de humillaciones por potencias extranjeras, de sufrir los estragos de la invasión japonesa y una desastrosa guerra civil, la revolución comunista prometió un país de prosperidad e igualdad. ¡Tarea que requeriría un milagro! Mao Zedong tomó un país con una de las poblaciones más grandes del mundo, destruido económica y militarmente, atrasado tecnológicamente, con una economía sin industrializar, atrapado entre las fuerzas del polo comunista ruso y los aliados de Estados Unidos. 

Las siguientes tres décadas se caracterizaron por una mezcla de avances, retrocesos y crisis. Una serie de terribles decisiones económicas llevó a una gran hambruna. En tres años más de 45 millones de personas murieron. Esto fue seguido por la Revolución Cultural, periodo en el que millones de personas fueron perseguidas, asesinadas, o encarceladas con el fin de afianzar el poder de Mao y el partido Comunista. Tal violencia duró hasta la muerte de Mao. Es entonces que comienza uno de los experimentos políticos más importantes de nuestra historia moderna --la creación de un sistema socialista con características chinas

Liderado por Deng Xiaoping, China reformó su economía liberalizando áreas claves para atraer el capital foráneo y promover las “fuerzas productivas” chinas, a la vez que mantenía el control político y económico y aseguraba la hegemonía del Partido Comunista Chino (PCCh). Estas reformas llevaron a China de ser un país subdesarrollado a la segunda potencia mundial. Pudo sostener un crecimiento económico anual de 10% por décadas, levantando a 600 millones de personas de la pobreza extrema. ¡Un verdadero milagro económico!

En el 2017, el presidente Xi Jinping estableció como política pública el alcance del “Sueño chino” de la gran revitalización de la civilización china. Para esto estableció dos metas “centenarias”: convertirse en una sociedad modestamente acomodada antes del centenario de la fundación del Partido Comunista en 2021 y alcanzar la condición de un país desarrollado antes del centenario de la fundación de la República Popular China en 2049. Sus metas parecen modestas, pero el PCCh reconoce la monumental tarea que esto implica.

China enfrenta muchos retos. A pesar de ser el segundo país con la mayor cantidad de billonarios, su ingreso per cápita apenas llega a $9,000. Esto ha socavado sus planes de transformar su economía de una exportadora a una consumidora. Igualmente, con movimientos secesionistas en las regiones de Uygur, Tibet y Taiwán, su integridad territorial pende de un hilo. Las protestas de Hong Kong son un ejemplo de la falta de legitimidad que tiene el régimen del PCCh. Su sostenibilidad depende del control social que ejerce en los ámbitos económicos, académicos y sociales.

En los últimos 70 años China aprendió de sus nefastas decisiones y se levantó como una potencia mundial. Mas la continuidad del proyecto del socialismo con características chinas dependerá de la posibilidad de continuar mejorando la vida de la ciudadanía que compone 20% de la población mundial-- un reto de proporciones inimaginables.   

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