Angie Vázquez

Punto de vista

Por Angie Vázquez
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A rehacer y glorificar a Puerto Rico

Patria es una palabra muy grande. Es inspiradora, sublime y consagrada. En su origen del latín, “patrius”, se refiere a la tierra donde se nace, al “pater” que da vida o al lugar donde vivieron los antepasados. En todas sus definiciones, identifica el origen del individuo vinculándole a una historia colectiva de cultura, costumbres, creencias y valores que influyen o determinan su comportamiento, emociones e ideas. Todo ello contribuye a la construcción y esencia de su identidad personal y colectiva; también al sentido de pertenencia compartiendo un destino común con su grupo. 

A principios del siglo XIX, un luchador por la independencia de Argentina, Manuel Belgrano, dijo: “Me hierve la sangre al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por la patria”. Y es que no es fácil encontrar buenos patriotas cuando las afiliaciones humanas e intereses se corrompen invirtiendo prioridades y objetivos. Lo advirtió, cínicamente, el periodista-caricaturista español Joume Perich al decir: “Hay dos tipos de patriotas: el que ama a su país y el que ama al gobierno de su país. Lógicamente los gobiernos consideran mejor patriotas a los segundos”. Como vemos, el problema de malos o falsos patriotas es universal.

Funestamente, cuando esto ocurre el pueblo queda postergado y traicionado. Cuando el interés de un partido político o el poder individual desde alguna de las estructuras gubernamentales va por encima del servicio público, la calidad de vida del país se deteriora. Es entonces cuando más se necesitan patriotas de línea dura y de base popular para rescatar la patria como el país de todos y todas, no solamente de unos cuantos poderosos o aprovechados. 

Se vuelve cierto aquello de que “ser patriota implica defender al pueblo del gobierno” (Thomas Paine), sobre todo, cuando los burócratas pancistas o megalómanos olvidan, reniegan o traicionan sus responsabilidades de servidores públicos porque no saben ni quieren ser hombres y mujeres de estado. Cuando, además, la patria está subyugada como colonia, la coyuntura de encerrona política nos lleva a cuestionar: “¿Cómo se puede decir a un hombre que tiene una patria cuando no tiene derecho a una pulgada de su suelo? (Henry George, siglo XIX). Tenemos que ir contra viento y marea para solucionar nuestra complicada encrucijada histórica.

Se buscan patriotas. ¿Por qué? Un patriota cultiva lo mejor de sí y los suyos combatiendo tentaciones que corrompen la pulcritud de sus acciones. Requiere integridad moral y respeto por la dignidad humana. Está dispuesto o dispuesta a trabajar mano a mano con los necesitados. Hace patria con actos de buen ciudadano. No vive de la retórica discursiva, no se vende ni se presta para la corrupción. Se educa lo mejor que puede para comprender a profundidad los problemas de su pueblo. Los logros de todos se convierten en sus mejores victorias y no los personales a costa de otros. 

No justifica vicios como forma natural de vida ni escape. Por el contrario, busca elevar la calidad de vida propia y de sus compatriotas. Trabaja por la justicia social promoviendo el progreso, la responsabilidad social, empatía y solidaridad progresista. Cultiva la honestidad y la verdad como estandartes. Es luchador y tiene criterios propios para tomar buenas decisiones.

Ser patriota es un verbo activo, dinámico y complejo. No requiere militancia a un partido político. Tampoco es un lema comercial de camiseta, ni un título comprado. No es un puesto electoral-administrativo ni un epíteto trivial. Trasciende el amor o el arraigo por el lugar de nacimiento, y su gente, hacia el sacrificio del trabajo diario por la unidad de objetivos, metas y futuro de la nación heredada a pesar de las diferencias, grandes o pequeñas, entre compatriotas. 

Si Puerto Rico es un país lleno de corruptos camino a convertirse en un narco estado, como augura el vicepresidente de la Asociación de Policías; si vamos en decadencia social hacia un estado crítico de inseguridad ciudadana y anomia política-partidista, se necesita que los y las patriotas del pueblo asuman su tarea de rescate con mayor urgencia. 

En el huracán María, el pueblo demostró que cuenta con muchos héroes y heroínas anónimos que patrióticamente asumieron la tarea de reconstrucción de un país destrozado. Ahora que se acerca el circo de las elecciones, el otro huracán, se necesitan más y más de esos patriotas anónimos para seguir levantando comunidades, contrarrestar la corrupción y con su voto negar poderes a los que siguen faltando el respeto a su gente. 

Nuestra resolución de pueblo para el año nuevo 2020 debe ser aplaudir y promover los buenos patriotas que puedan rehacer, limpiar y glorificar el país. Si hemos sobrevivido desgracias y tragedias horribles, si seguimos vivos como nación que ríe y que canta, también somos capaces de cambiar nuestra historia política haciendo patria con buenas acciones y sabias decisiones. Loas al año nuevo.

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