José M. García Rivera

Desde la Diáspora

Por José M. García Rivera
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Bhola: El ciclón que transformó a Pakistán

Cuando pensamos en los efectos de los fenómenos naturales, como los ciclones tropicales, rara vez consideramos su relación con el contexto sociopolítico de un país. Mucho menos pensaríamos que estos sean capaces de acelerar e incluso inducir cambios políticos que lleven a la formación de un nuevo país. Esto pasó en el año 1970.

Ese año, la noche del 12 de noviembre, un poderoso fenómeno atmosférico, posteriormente conocido como el ciclón de Bhola, tocó tierra en la entonces Pakistán Oriental. El ciclón se formó en la bahía de Bengala y se movió hacia el norte-noreste mientras se intensificaba a una fuerza estimada de 150 millas por hora, equivalente a un huracán categoría 4 en la escala Saffir-Simpson. Esta es una intensidad similar a la que tuvo el huracán María en Puerto Rico hace ya casi nueve meses.

El ciclón de Bhola es el más mortífero de la historia conocida, con cifras estimadas de 300,000 a 500,000 muertos. Sin embargo, la Organización Meteorológica Mundial valida como oficial la cifra de 300,000. La mayoría de las muertes ocurrieron debido a la marejada ciclónica, de 20 pies, que inundó el delta del río Ganges, donde hay cientos de islas superpobladas por millones de personas. Estas han sido formadas por la sedimentación del río y carecen de colinas o zonas elevadas. Una vez entró la marejada no hubo manera de escapar la muerte.

Cabe mencionar que nueve de los 12 ciclones que han matado a sobre 100,000 personas han ocurrido en esta zona; la costa desde Myanmar hasta la India. Esto no es casualidad. La geografía, alta población, falta de infraestructura y planes de evacuación hacen las costas bordeando a la bahía de Bengala las más vulnerables del planeta en cuanto al azote de ciclones.

Usualmente los desastres naturales son magnificados por contextos sociopolíticos que exceden la capacidad destructiva de los mismos. Por ejemplo, el ciclón de Bhola no era extremadamente intenso, más su localización y la difícil situación que vivía la región fueron la receta perfecta para crear un desastre sin parangón. Años antes, la partición de la India por parte del Imperio Británico en 1947 estableció a India y Pakistán como estados independientes separados. Como resultado, la región que hoy conocemos como Bangladés pasó a ser una provincia de Pakistán, llamada Pakistán Oriental, donde ocurrió la catástrofe.

En 1970, antes del azote ciclónico ya existían fuertes tensiones en Pakistán Oriental, donde se había propuesto la secesión de Pakistán por parte de grupos políticos y armados. Pero, ¿fue el ciclón el responsable de la eventual independización de Bangladés? Es difícil cuantificar su influencia en este cambio político. Lo cierto es que su azote fue un factor en acelerar la transición política, lograda no antes de una sangrienta guerra. El argumento clave de la provincia oriental fue la poca respuesta del gobierno central (controlado por una junta militar y presidido por Yahya Khan) a los damnificados.

Existen menciones del ciclón en numerosas publicaciones que se refieren a la guerra que explotó a partir de la declaración de independencia el 26 de marzo de 1971, a escasos cuatro meses después del azote. Por ejemplo, Henry Kissinger, el entonces asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos bajo Richard Nixon, describió en sus memorias la sorpresa causada dentro del gobierno estadounidense por la magnitud del desastre en Pakistán Oriental, y sobre como este evento y la subsecuente crisis política llevó a EE.UU. a reevaluar su estrategia de política exterior en la región.

Es imposible evitar comparaciones entre lo que pasó en 1970 en Pakistán Oriental y lo que vive este Puerto Rico pos María. Está claro que las circunstancias y el contexto son totalmente distintos. No es posible comparar la situación de pobreza extrema, gobierno de junta militar y magnitud de vidas perdidas en el ciclón de Bhola con la situación local, que es más favorable a pesar de sus complejidades. Pero este ejemplo nos muestra que la naturaleza puede jugar una pasada inesperada en sociedades que viven periodos de crisis o transición. Puerto Rico está viviendo estos tiempos, y María sacudió no solo los cimientos de las estucturas físicas, sino también a nuestro propio entremado institucional.

Seamos conscientes de lo inesperado, y preparemos a nuestra sociedad para la autosustentabilidad que esto demanda. Necesitamos urgentemente a instituciones que nos conduzcan decididamente hacia esta meta.

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