Ángel Rosa

Tribuna Invitada

Por Ángel Rosa
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Carmen Yulín tiene la opción nuclear en el PPD

Recientemente, mientras hacía análisis político en una televisora, le comenté a la periodista que Carmen Yulín Cruz tiene en sus manos la opción nuclear dentro del Partido Popular Democrático.  Lo dije porque creo que el futuro del PPD está irremediablemente ligado al derrotero que escoja Carmen Yulín.  Le guste o no a los sectores más recalcitrantes del liderato del partido, ella ha sido su única voz efectiva este cuatrienio. 

La arriesgada, pero muy calculada postura enfrentando al presidente Donald Trump ante la deficiente respuesta federal a la catástrofe de María, le han convertido en figura de peso en la discusión política estadounidense.  Igualmente, su persistente disidencia ante los desatinos de un PPD que sufre un vacío de liderazgo que no le ha permitido desarrollar una oposición razonable al gobierno de Ricardo Rosselló, le han ganado un capital político respetable. 

A estas alturas es evidente que la alcaldesa ha optado por la opción racional de permanecer dentro de un PPD, cuyas estructuras la detestan, pero la necesitan desesperadamente para ganar.  Sin ella adentro el triunfo será cuesta arriba.

Ella también necesita las estructuras del PPD, por más que le incomode su indefinición ideológica.  La decisión es un mero ejercicio de pragmatismo político. La Pava necesita a Carmen Yulín con sus soberanistas; y Carmen Yulín necesita los 600 mil votos garantizados bajo esa insignia.  La expectativa está en si aspira a la comisaría residente, como apuntan sus insinuaciones públicas de los últimos meses -cosa que tiene a Jenniffer González dándose la vuelta por el Guitarreño; o si la alcaldesa asumirá la aspiración máxima de dirigir el país entrando al ruedo por la gobernación. 

Si opta por lo primero, pronto descubrirá que aún ganando las elecciones habrá cometido un error político irreparable.  Su valía como francotiradora demócrata disminuirá grandemente una vez se dilucide en 2020 el asunto de la reelección de Trump y con ello disminuirá también su influencia y efectividad en el intricado mundo de la política congresional. Además, tendrá que lograr lo que Carlos Romero Barceló logró con esa candidatura en 1992: imponer su agenda en una campaña acostumbrada a que el candidato a comisionado coge pon y ayuda con el GPS, pero no guía.

Mientras, optando por lo segundo tendrá que demostrar que es capaz de ganar dentro de su partido antes de intentar unir al país a través de las alianzas políticas que han sido su carta de triunfo electoral.  Para lograrlo tendrá que enfrentar a los que ya han declarado su intención de ir por la gobernación en el PPD.  Sería una súper primaria de más de cuatro candidatos, en los que ganar no será el efecto del contenido ideológico, sino de la capacidad de entusiasmar y movilizar a unos populares que a dos años de las elecciones lucen desganados para la contienda.  Simplemente, tendrá que demostrar que sabe y puede ganar las elecciones. 

Saber su decisión es cuestión de horas. Para el PPD, implementarla será su cita con el destino.

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