José Cruz López

Desde mi perspectiva

Por José Cruz López
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¿Cómo manejar la frustración de una lesión?

Existen un gran número de pruebas y testimonios en los que se reconoce que practicar con regularidad deportes o tener otras actividades físicas, trae beneficios psicológicos, sociales, emocionales y fisiológicos a la vida de cualquier ser humano. Dichos beneficios se proyectan desde edad temprana en una mayor autoestima, un mejor estado de ánimo, conducta y resultados académicos positivos.

Ningún niño, adolescente o joven se ejercita o practica algún deporte con la mentalidad de que a una edad relativamente temprana podría verse inhabilitado o incapacitado por algún tiempo indefinido —o incluso dar por terminada su participación— debido a una lesión. Pero el incremento de actividades, prácticas y torneos en la mayoría de los deportes ha provocado un mayor número de lesiones con consecuencias no solo para la salud física. Contrario a lo que debe ser la norma, las lesiones deportivas no se producen solo en poblaciones de jóvenes y adultos, sino que también están proliferando en poblaciones de niños y niñas, así como también en adolescentes en periodo de formación de actitud y aptitud deportiva.

Una de las áreas que más ha crecido en los últimos 10 años dentro de la psicología deportiva es el estudio de las lesiones. Una lesión en la práctica del deporte y del entrenamiento físico adquiere mayor relevancia no solo por la influencia directa sobre el rendimiento y la participación en el deporte que le apasiona al atleta, si no por las consecuencias personales, económicas y sociales que las rodean; por ejemplo:

1). Interrupción o limitación de las actividades deportivas habituales.

2). Cambios en la vida personal, estado de ánimo, y sentimiento de impotencia.

3). Variables psicológicas en torno a confianza, frustración, el factor tiempo fuera de actividad física y dudas sobre si podrá regresar a practicar su deporte favorito.

4). El proceso de manejar el aspecto de estar fuera del grupo y juegos, adaptación a la realidad de que por un tiempo determinado el atleta no será parte del grupo al cual ha estado acostumbrado y ha sido parte de su estructura de vida.

Tales consecuencias pueden ser manejadas de manera adecuada por atletas adultos, por su capacidad y madurez, no sin antes batallar con la frustración y la tristeza de ver detenida su carrera en lo que quizás sea su mayor pasión y donde están depositadas sus mayores ilusiones.

En los niños y adolescentes resulta un poco más complicado. Estos no tienen la capacidad de manejar ciertos aspectos y los procesos les parecen eternos, lo cual trae mucha incertidumbre. Personalmente he sido testigo de casos que llegan a la depresión.

Es bien importante en el proceso trabajar de manera integral la figura de papá y mama e incluso la del entrenador y del staff médico. En ese proceso, el niño o adolescente tendrá un grupo de apoyo ideal en donde encontrará confianza en cada etapa de su rehabilitación.

Lamentablemente en muchos casos, el atleta no recibe comunicación de su entrenador y el grupo de apoyo no se materializa, por lo que se crea la percepción de que ya fue sustituido y su espacio lo ocupará otro atleta. Ese evento es el detonante principal de la frustración y en muchos casos depresión. El aumento considerable en lesiones con daño estructural y la seriedad de las mismas debe alertar a los diferentes profesionales del ámbito deportivo, considerar el aspecto psicológico y social como aspectos relevantes de investigación.

Mi objetivo principal con este tema es darle valor a cómo los diversos factores emocionales y sociales son manejados, la evolución de los mismos desde el inicio hasta el periodo final de esa rehabilitación, poder analizar la conexión y el enlace de padres, entrenadores y profesionales de la salud con el proceso del atleta en su día a día fuera del campo de su disciplina deportiva.

(El autor es Fisiólogo del Ejercicio y posee un centro de desarrollo y capacitación. Puede ser contactado al correo electrónico: [email protected])

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