Manuel Martínez Maldonado

Punto de vista

Por Manuel Martínez Maldonado
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Coronavirus: la ciencia al rescate

Hostigado por calentamiento, fuegos, huracanes y terremotos, ahora el globo está amenazado por un nuevo virus (2019-nCoV). Nunca se había visto esta nueva plaga. Hemos sufrido antes a sus primos: el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) y el síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS) son causados por coronavirus que provienen de animales. Es probable que los huéspedes originales de ambos coronavirus fueran murciélagos. En 2002, el SARS se extendió prácticamente sin control a 37 países, causando pánico global, infectando a más de 8,000 personas y matando a más de 750. MERS mató 35% de aproximadamente 2,500 personas que fueron infectadas. 

El problema principal es la pulmonía que, particularmente en personas mayores o enfermas, puede ser letal. Hasta hoy, de los más de 7,000 casos en China, 170 han muerto. La presencia del virus se ha confirmado fuera de China: en Hong Kong, Macao, Japón, Nepal, Singapur, Corea del Sur, Taiwán, Tailandia, Estados Unidos y Vietnam. No sorprende que los países más afectados sean vecinos de la República Popular, pues los viajes de negocios son numerosos entre ellos. Por la misma razón y por la cantidad de emigrantes de algunos de esos países, los viajes entre Estados Unidos y esos países abundan. 

Como es el caso con toda enfermedad viral, los antibióticos no funcionan y automedicarse con ellos puede empeorar la situación clínica de los infectados. Es importante también saber que “toser” no indica que uno tiene la enfermedad. Además, como con toda enfermedad viral los síntomas, aunque uno la tenga, van desde “toser” hasta la pulmonía que ya mencioné. Esa variabilidad no permite que se establezca con exactitud la cantidad de infectados, pero en algunos lugares, el modelaje epidemiológico indica que pueden haber entre miles y cientos de miles de casos. Sí está claro que vacunarse contra la influenza es importante, con la expectativa de evitar que los dos viruses coexistan en el cuerpo. Aún no se sabe la capacidad con la que el virus se propaga de una persona a otra. Eso ocupa a los investigadores al momento. Es importante porque los viruses que se propagan con facilidad son menos peligrosos, y tienden a tener un impacto más moderado.

Los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) han informado los esfuerzos que se activaron, inmediatamente que se supo de la situación en la ciudad de Wuhan. Por ejemplo, están desarrollando pruebas de diagnóstico para detectar rápidamente la infección; se explora el uso de medicamentos antivirales de amplio espectro para tratarla. Los investigadores del NIAID también están adaptando los enfoques utilizados con las vacunas en investigación de SARS y MERS para impulsar el desarrollo de vacunas candidatas para 2019-nCoV. Dice el NIH que los avances en tecnología desde el brote de SARS han comprimido en gran medida la línea de tiempo del desarrollo de la vacuna. Indican que una vacuna candidata para 2019-nCoV podría estar lista para pruebas en humanos en etapas tempranas en tan solo tres meses, en comparación con 20 meses para el desarrollo en etapas tempranas de una vacuna en investigación de SARS. La ciencia al servicio del bien común.

Lea también la columna de la epidemióloga María Calixta Ortiz.


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